EJEMPLO DE SUPERACIÓN

Por los caminos de Bonarge: Enrique Lau Cortés

Eran cerca de las 10:30 a.m., de un sábado de marzo, cuando llegamos a la comunidad de Ipetí Chocó, mejor conocida por los lugareños como Ipetí Emberá. Recorrimos la extensa terracería llena de polvo y, bajo un sol abrazador que ponía a prueba no solo al vehículo en que viajábamos, sino a nuestros riñones, experimentamos una temperatura que marcaba 34 centígrados, algo poco usual, si lo comparamos con años anteriores. Según el profesor Edgardo Gutiérrez, coordinador técnico en Manejo de Cuencas, de la Universidad de Panamá, del programa anexo de Tortí, estas temperaturas son una consecuencia del fenómeno de El Niño.

A esto se suma la acción depredadora del hombre que, por ganarse la vida, va deteriorando el ambiente, sobre todo, por la quema de masa vegetal indiscriminada, con la excusa de que es una forma de preparar la tierra para sembrar, sin tomar en cuenta la degradación de los suelos y la erosión de la capa fértil, con la consecuente afectación a las fuentes de agua, especialmente, al deforestar los llamados bosques de galería.

Esta situación trae como consecuencia que las actividades económicas, debido a la explotación de los suelos, se vean afectadas por la muerte del ganado, por cosechas pobres y demás pérdidas, lo que ocasiona la escasez de recursos económicos a los pobladores, que según comentan no reciben apoyo de ninguna institución vinculada al agro.

Me motivó visitar la región, el deseo de conocer a Bonarge Pachecho, miembro de la etnia emberá quien, precisamente, el pasado 26 de febrero recibió su diploma en el Centro Regional Universitario de Chepo, como técnico en manejo de cuencas y ambiente. Al llegar a su humilde morada, nos recibió su hija, una bella y agradable adolescente, que no ocultaba su orgullo por el éxito alcanzado por su padre, de 51 años. La comunidad entera lo esperaba para que mostrara su diploma. “Si yo pude, ustedes también pueden”, les dijo Bonarge a los jóvenes que acudieron a felicitarlo.

Dueño de una sonrisa fácil, carácter jovial, pero con palabras firmes y claras, este superviviente de un pueblo casi olvidado nos contó que, cuando tenía cerca de nueve años su familia fue desplazada de su tierra original en el poblado de los Diablos, del área de Madungandí. Eso fue en 1970 cuando se inició con el proyecto del lago Bayano para la generación de energía eléctrica que beneficiaría al país.

Después de eso, pocas veces han sentido la mano de los gobiernos, pero gracias a las misiones internacionales, entre las que destacó a la investigadora, Dra. Catherine Potvin de la Universidad de McGill, comenzaron a participar en investigaciones sobre el crecimiento de las plantas guagara, pira y trufa.

Con el apoyo de esta bióloga, comenzó la capacitación de algunas personas en materia de medicina tradicional, curando con plantas. Así tomó conciencia de que debía seguir estudiando, si quería ayudar a su familia y a su comunidad. Después de terminar la secundaria, intentó asistir a la universidad, en Chepo, pero le costaba cerca de 10 dólares diarios solo en transporte, por lo que le fue imposible.

Gracias al apoyo de otra misión de investigadores del Instituto Smithsonian, se inscribió en un programa de reforestación con especies nativas, que empezó con su familia, ya que no recibió apoyo de los líderes tradicionales. Situación que cambió cuando, por intermedio de este instituto, comenzó a recibir 10 dólares de pago por cada tonelada de CO2 “manejada”, entendiendo que con cada hectárea reforestada se pueden generar hasta 200 toneladas de CO2. Esto motivó al resto a incorporarse al programa para cobrar los bonos de carbono.

Para su etnia, la tierra es de uso colectivo y la trabajan para su sustento, por eso, les resulta difícil ver el maltrato que le damos a nuestros recursos naturales, y cómo degradamos y afectamos los recursos que son fundamentales para nuestra vida.

Por eso, al enterarse de que el programa anexo de Tortí abrió el técnico en manejo de cuencas y ambiente, Bonarge no dudó en matricularse y superar todos los obstáculos hasta graduarse.

Lo más bello de esta historia es que, dos meses antes de recibir su diploma, Bonarge fue contratado por el Ministerio de Ambiente. Para él y para todos sus compañeros, la movilización social se expresa con un trabajo digno y bien remunerado, que no sería posible sin el apoyo de la Universidad de Panamá.

Ahora, los 35 egresados esperan que se abra la carrera de ingeniería para seguir progresando y, de esta manera, poder servirle mejor al país.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

20 Sep 2017

Primer premio

7 6 3 4

BAAB

Serie: 14 Folio: 4

2o premio

8739

3er premio

8290

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código