LA LEY DEL MERCADO

El chiste está en la desigualdad: Olmedo Miró

¿Alguna vez, en alguna fiesta, se ha visto en la situación de contar un chiste y que antes de terminarlo tus amigos lo terminen por ti? “¡ya lo escuchamos!” Dicen tus amigos. ¡Frustrante! Quisisteis aportar, pero en realidad tus amigos te dicen a ti; lo que tú pensabas que tenías, ellos ya lo tenían.

Aunque parezca difícil de creer, este incidente, que a muchos nos ha pasado, ilustra uno de los fundamentos de la “acción humana” y su relación con el resto de la sociedad, a través del intercambio o el comercio y, por lo tanto, la economía, la sociedad; eso es que el intercambio se fundamenta en la desigualdad y que esa desigualdad es la que permite la casi paradójica situación en que de un intercambio desigual ambas partes terminen mejor después, que antes de que el intercambio se produzca. Como alguien que saca un chiste nuevo en una fiesta.

En pocas palabras, no tiene sentido intercambiar huevos por huevos.

Nosotros somos consumidores, todos sin excepción. Aun esos snobs que dicen gustar solo de cosas “que llenan el espíritu” son consumidores. “Consumen” permanentemente aquella información, aquel detalle que les ayuda a ser “espíritus más llenos”. ¿Y dónde lo buscan? Pues en el mercado, que no es más que ese lugar donde se intercambia toda esa información, todas esas ideas, todos esos productos. ¿Qué hace uno en el mercado? Mide, compara, calcula la utilidad y, al final, intercambia por algo que puedas ofrecer. Es la oferta nuestra, nuestro aporte a lo que los otros ofertantes necesitan. Doy y recibo, es la ley del mercado, como es la ley de la vida.

En su conjunto, todas estas transacciones crean –que no es lo mismo que adquirir– la enorme complejidad de productos consumibles que son los que forman la riqueza de la civilización humana. Una complejidad que, en su conjunto, supera con creces la comprensión de cualquier ser humano individual, no importa qué tan inteligente sea. Y eso es un milagro, el milagro del intercambio, el milagro del mercado.

Escribía un pensador que el más grande regalo que Dios le dio al ser humano es que, por encima del resto de las criaturas, ningún ser humano es igual a otro. Que las diferencias entre los seres humanos son tan grandes como hay individuos en el planeta. Y eso no solo es bueno, sino maravilloso. Es esta la razón por la cual escribo este artículo con la anécdota del chiste que todos conocían. Imagínense que todos los chistes que escuchamos sean los mismos, pues ya no nos causaría gracia. ¿Cuáles son lo que te causan gracia? Pues los que son diferentes y te sorprenden y crean una nueva perspectiva. ¿Y quién es el que mejor puede lograr ese objetivo? Alguien distinto a ti que pueda tener una experiencia distinta de vida a la tuya. Ese es el que te puede abrir nuevas perspectivas. Y aunque suene a chiste, es así como se crea el resto de los productos del mercado, es el aporte de una cantidad de experiencias y perspectivas.

Todos los intercambios que hacemos en la vida diaria son, valga la redundancia, un dar y recibir. Intercambio de conversaciones, productos y dinero. Y siempre que sean voluntarios, los intercambios se dan en forma desigual, yo te doy algo que necesito menos, por algo que tú necesitas más y viceversa. Y muchos se preguntarán, ¿cómo es que la misma cosa puede tener un valor distinto para distintas personas? Bueno, como decía, así somos los seres humanos, cada uno es diferente con distintas perspectivas y valoraciones. Lo que es ordinario para mí puede ser extraordinario para ti. Todos podemos aportar, lo importante es saber dónde buscar el lugar donde nuestros chistes serán nuevos y causen gracia. Así es que, el mercado es un permanente buscar adonde encajar y ser relevante.

Para serles honesto, la inspiración para este artículo me llegó en una visita reciente a Bocas del Toro, cuando estaba sentado en un restaurante comiendo un sushi, con un toque de coco –a estilo de la comida del Caribe–, junto a un mesero bocatoreño y a un cocinero español, con un capital canadiense. El resultado, algo único diferente, como es la isla de Bocas y polo turístico más importante del país. No hay mucha inversión en términos de recurso materiales, pero sí mucho talento proveniente de todo el mundo. Eso es lo que se llama ¡valor agregado!, que en buen panameño es “buco bille”. Un producto de la libertad, una libertad que se dio, a pesar de nuestras xenofóbicas leyes migratorias.

Somos diferentes y esa es nuestra principal riqueza. Aquel pueblo que no solo acepte sino construya sobre esas diferencias obtendrá riquezas materiales y espirituales sin límites. En Panamá todavía tenemos que aprender a hacerlo con leyes que correspondan a nuestra riqueza étnica. Panamá, crisol de razas, tiene esa riqueza, construyamos sobre ella.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

16 Ago 2017

Primer premio

7 8 9 4

DBDC

Serie: 14 Folio: 7

2o premio

6122

3er premio

5195

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código