PERJUICIOS

El cierre de la universidad: Eduardo Flores Castro

Como es sabido, el pasado 25 de mayo, una protesta estudiantil, frente a los graves problemas nacionales, desencadenó en actos de violencia entre el uso excesivo de fuerza policial y la respuesta de activistas universitarios. La reacción de las máximas autoridades universitarias fue la de suspender las labores académicas bajo el argumento de salvaguardar la integridad personal de la comunidad universitaria. Luego adoptaron la medida disciplinaria de suspender a dos estudiantes por tres años y a otros cuatro por un semestre. Los sancionados y varios grupos estudiantiles se opusieron a la acción y protestaron contra las autoridades internas. En medio de esta situación se produjo la repudiable agresión a un camarógrafo, el 30 de mayo.

Las autoridades han decidido mantener la suspensión de las clases, con el consiguiente perjuicio a miles de estudiantes y docentes, al igual que el deterioro de la imagen institucional, lo que en nada contribuye al proceso de evaluación y acreditación de este centro de educación superior. Nuestra universidad está ausente en el debate, análisis y propuestas en torno a los profundos problemas como: la minería metálica a cielo abierto, la propuesta de modificación al Código Judicial, la desprotección de los manglares debido a un fallo de la Corte Suprema, la venta de las acciones que posee el Estado en la empresa Cable & Wireless y en las empresas de generación eléctrica, la venta de las terrenos de la Zona Libre, las denuncias de sobreprecios en los proyectos multimillonarios, entre otros.

Este incumplimiento de nuestra responsabilidad de ser conciencia crítica y propositiva del país, es una de las causas de los cierres de calles por parte de los grupos estudiantiles. Cada vez que hay una protesta que termina en un enfrentamiento con la Policía, se cierra la universidad por varios días, lo que perjudica a toda la comunidad universitaria. Ante esta crisis, nuestras autoridades deben dar ejemplo de sensatez académica y cultura de paz, agotando las capacidades que ofrecen los modernos métodos de solución de conflictos, de manera que no resulten afectados los universitarios.

El conflicto entre autoridades y grupos estudiantiles debe servir para corregir, la escasa participación de la Universidad en los diversos temas nacionales. El ejercicio de la autonomía hoy tiene dimensiones que van más allá de una simple protesta o foro coyuntural; implica una real conversión en centro de investigación, orientación y de debate, traducido en propuestas de solución a la sobrecargada agenda del país. Contrario a la indiferencia y al aislamiento, debemos lograr una universidad participativa y propositiva. Le solicitamos al rector la inmediata reapertura, acompañada de rectificaciones en el estilo de conducción y el desarrollo de amplia consulta interna acerca del papel que debe desempeñar esa institución en la vida nacional, que sirva de base a programas y proyectos permanentes.

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