DUDAS RAZONABLES

La ciudad hospitaliaria: Álvaro Lasso Lokee

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La ciudad hospitaliaria: Álvaro Lasso Lokee

“Lo que mal empieza, mal termina”, dice un viejo refrán. Esto se observa cuando se hacen las cosas “de todas maneras”, y viene al caso por la “defensa con ofensas” contra los que se oponen al desarrollo de la ciudad hospitalaria, proyecto criticado por la manera como se desarrolló durante el gobierno anterior. Se vendió como la última maravilla, pero ocultaron información que ahora pone en duda los verdaderos intereses de sus impulsores.

Parece que las ofensas dirigidas a los gremios que critican el proyecto forman parte de una estrategia, pero cuando se habla de la inversión de mil 200 millones de dólares de los asegurados, nadie se debe quedar mudo. Unos cuantos no se pueden atribuir el monopolio de la “verdad”, como pretenden hacer.

Es cierto que se requiere renovar las instalaciones del actual complejo hospitalario, pero no necesariamente en la forma como se concibió la ciudad hospitalaria. Además, comparar la obra como el “elefante blanco” de nuestros tiempos, es absurdo. A pesar de que muchos expertos en salud pública expresaron su desacuerdo con el proyecto que ahora nos ocupa, el exdirector de la Caja de Seguro Social (CSS) vetaba a todos sus críticos y perseguía a quienes se oponían a sus ideas. La cacería de brujas en la CSS se incrementó durante su período y fue evidente el dominio que realizó a todos los niveles, gracias a la torcedura de brazos.

Al desarrollar un proyecto de esta magnitud, que requiere entre 8 mil y 10 mil profesionales en un solo lugar, se dejan grandes vacíos de especialistas en el resto del país, esto supone que otras unidades ejecutoras tendrán que cerrar operaciones para que funcione la ciudad hospitalaria. De hecho, en muchas provincias ya hay varias especialidades que son atendidas solo por uno o dos médicos, y en otras no tienen a ninguno. Y qué decir de los equipos que se requieren, tanto para tratamientos como para evaluaciones específicas. Los expertos en administración y cualquier libro que trate este tema no recomiendan que se concentren los servicios de salud pública en un solo lugar.

Por eso, pregunto: ¿Cómo quedarán los servicios que requieren especialistas de la CSS en otros puntos del país, los tratamientos dirigidos a los pacientes ambulatorios y las evaluaciones? ¿Tendrán otra opción para hacerlos en el interior? Como es lógico, a los residentes en el resto de las provincias no les quedará más que trasladarse a la ciudad hospitalaria, y con ello tendrán gastos adicionales (transporte, alimentación, ausencia laboral y educativa, etc.) y muchas otras dificultades.

¿No sería mejor reforzar la atención que se presta en las distintas unidades ejecutoras presentes en diferentes puntos del país, con especialistas y equipos, para descentralizar los servicios de salud? De esta forma se brindaría un mejor servicio, sin la larga espera que sufre todo paciente antes de ser atendido por dichos profesionales.

Otro de los argumentos para atacar a los oponentes de la ciudad hospitalaria es que la lejanía no debe preocupar y que crear rutas de transporte es sencillo. Si fuera así de fácil, entonces, nadie se quejaría del transporte en la ciudad. ¿Cómo harán para trasladar tan fácil a los pacientes? Lo peor es afirmar que las críticas de los gremios médicos se deben a que se les difícultará moverse a sus clínicas privadas.

Hay mil 200 millones de razones para que los asegurados estemos preocupados. Debemos asegurarnos de que el presupuesto se utilice de la mejor manera. Es grave el manejo de ese dinero, porque se hizo sin planificación y sin contar con la opinión de todos los sectores involucrados. En público dijeron que el costo sería de $580 millones y, al final, se habla de $1,200 millones en total. Suficiente para construir dos ciudades hospitalarias.

Esperemos que ahora se hagan públicas las auditorías de los gastos hechos por la pasada administración. Hasta ahora se señala la inversión de más de 100 millones de dólares en tecnología que no ha ayudado mucho a la CSS, sin estudios previos de necesidades, lo que deja en duda la capacidad y también el compromiso del exdirector como funcionario.

También vemos problemas con los materiales que se cambiaron a última hora. Esto genera dudas en la formalidad del proyecto, aparte del jugoso contrato que se pretendía dejar en manos de una empresa particular para que administrara la obra. Por si fuera poco, se mencionaron más de 39 fallas de construcción que ponen en riesgo las instalaciones millonarias. Para muchos expertos este proyecto no es la solución a los problemas del complejo hospitalario, y coincido con ellos en que los problemas se hubiesen resuelto con menos recursos y más infraestructuras en el interior del país.

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