UNIVERSIDAD DE PANAMÁ

Un ciudadano ilustre: Jerónimo Ramírez Villalba

Trabajé en la Universidad de Panamá (UP) durante 38 años como profesor titular, y me retiré al cumplir los 60. En los últimos años me han publicado más de 50 artículos de opinión, pero ninguno sobre el tema de la Universidad de Panamá. Me he desvinculado de esa casa de estudios, aunque le guardo un profundo cariño, en especial al Centro Regional Universitario de Chiriquí (Cruchi), ahora Unachi. En la Universidad de Panamá estudiaron mis padres, mi esposa, mis hijos mayores y yo.

No puedo menos que asombrarme, debido a la decisión de un órgano de gobierno universitario de separar al ilustre profesor Miguel Antonio Bernal, por disentir en tono enérgico –como es su carácter– con algunos funcionarios y procesos que ocurren a lo interno de la institución.

Durante su historia, en la UP han coexistido todas las fuerzas políticas, sociales e ideológicas, y el debate ha caracterizado a nuestra primera casa de estudio como “conciencia crítica de la nación”.

Laborando yo en el Cruchi, a finales de la década de 1970, el gobierno militar le abrió las puertas al derrocado sha de Irán para asilarse en Panamá. Mientras en David, muchos funcionarios públicos le fueron a recibir por instrucciones superiores, y este recorrió lugares y colegios regalando dinero, en la ciudad de Panamá se destacaba la noticia de las manifestaciones en contra del asilo del genocida. Los doberman reprimieron con dureza dichas protestas, y el Dr. Bernal sufrió un porrazo en la cabeza, como apareció en las noticias gráficas.

Durante la lucha civilista, una emisora de radio, ubicada en la vía Argentina, transmitía su programa, Alternativa, y su voz también se dejó escuchar.

Miguel Antonio Bernal es un paladín de la democracia, luchó y lo seguirá haciendo, contra todo autoritarismo, injusticia y medidas que violenten el orden constitucional y legal en Panamá.

Considero que los miembros de los órganos universitarios, que también son electos por los propios universitarios, deben ver muy de cerca la decisión asumida. No en vano, varios docentes que han sido separados, le han ganado a la Universidad sus casos, las autoridades judiciales han ordenado su reintegro y hasta pagos de indemnización por daños morales. Así ocurrió hace poco con el Dr. José Eulogio Torres, otro académico y escritor excelente.

No tengo la menor duda de que el Dr. Bernal ganará la batalla, y es que él no solo es merecedor de una cátedra universitaria, sino que en algún momento se le reconocerá con un cargo digno de su nivel académico y estatura moral, como el de magistrado de la Corte Suprema de Justicia.

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