REMILITARIZACIÓN

La moral y la ética obligan a ser coherentes y cumplir con la ´Constitución´: I. Roberto Eisenmann, Jr.

Días atrás se suscitó una polémica entre José Raúl Mulino, ministro de Seguridad, y este ciudadano... que si fuera por un asunto personal no tendría ninguna importancia. Lo preocupante de la polémica es que se trata de un asunto de política de Estado, de suma importancia para el futuro del país y su ciudadanía.

Yo acuso a José Raúl Mulino de estar remilitarizando al país, violentando la Constitución y el querer de toda la ciudadanía que decidió –por unanimidad– que Panamá sería un país desmilitarizado y neutral. Sin pestañear, Mulino adoptó las políticas militaristas de Daniel Delgado Diamante cuando creó el Senafront y el Senan por decreto, llamándolos engañosamente “entes de policía”. Por ser, tanto Mulino como yo, “civilistas”, cuando hace tres años compartimos un programa de TV con Álvaro Alvarado, antes de que tomara posesión como ministro de Gobierno, le pedí: “José Raúl, no te vayas a poner el casco”; pues bien, se lo puso y toda su actitud, su prepotencia, su arrogancia y su actuar son las de un gorila más.

En ese andar ha sido el responsable directo de usar a los militares de Senafront (que nada tienen de policías) en tres explosiones sociales: en Bocas del Toro, San Félix y Colón. En los tres casos se produjeron muertes y cegueras de hermanos en la nacionalidad, porque el Senafront no tiene idea del protocolo de control de multitudes, y –como es su disciplina– tiraron a matar. En los tres casos el Senafront enardeció a la población y no resolvió nada, forzando tres fracasos y tres reculazos del Presidente.

Los últimos actos de irresponsabilidad del fracasado ministro son el haberle dicho al Senafront que en el desfile del 3 de noviembre se metiera donde quisiera, irrumpiendo el orden decretado del desfile y burlándose de la ministra de Educación. Luego autorizó a Frank Ábrego a que le entregara al Presidente el bastón de mando del Senafront, cuando en todo caso tocaría al Presidente –como jefe de la fuerza pública– entregar el bastón de mando a Ábrego... y, por último, anuncia que todos los comisionados tendrán sueldos de ministros, lo que no puede catalogarse sino como un disparate irresponsable de consecuencias predecibles. El Presidente luego dijo que era para igualarlos a los de los tiempos de la dictadura... (¡brillante!).

Frente a estas serias acusaciones, José Raúl Mulino contestó, enfurecido y desfigurado, durante un programa de TV. Mintió sin vergüenza alguna afirmando que el suscrito salió huyendo de Panamá... hacia el exilio. Fui sacado de Panamá en un avión militar junto a otros 13 panameños, arrestados y maltratados, con una metralleta en la sien... y esto Mulino y el país entero lo conocen. Luego dijo que soy evasor (dale con el cantito ridículo)... que tengo periódico (soy uno de más de mil pequeños accionistas del periódico libre de Panamá, del que me retiré hace 17 años), y termina diciendo “este señor me ha ofendido a mí y ahora tiene que aguantar”. Pregunto yo “¿ahora?”... estoy aguantando desde el inicio de este gobierno, cuando por deber ciudadano ataqué su desenfrenada corrupción. En conclusión: Mulino obvió la polémica seria sobre la militarización, la violación de la Constitución y los grandes errores por él cometidos que han costado múltiples vidas de compatriotas y los actos de total irresponsabilidad en que ha incurrido durante las últimas semanas.

Si tuviera algo de dignidad volvería a renunciar “irrevocablemente” para no seguir metiendo a su Presidente y al Gobierno en cuanto berenjenal se le ocurre en su arrogante caminar gorilero, poniendo en riesgo a la democracia y al país.

El hombre moral y ético tiene la obligación de ser coherente. José Raúl Mulino no se puede ser demócrata ayer y autócrata hoy. No se puede ser antimilitarista ayer y militarista hoy. No se puede luchar contra los criminales de uniforme ayer, y mandar a los uniformados a matar hoy. No se puede celebrar la formación del Diario Libre de Panamá ayer, y celebrar como ministro encargado de la fuerza pública el cierre de este por sus amigos –los Ochy– hoy. No se puede renunciar “irrevocablemente” ayer, y luego de dos amenacitas de palacio agachar la cabeza y, sin vergüenza alguna, quedarse hoy. En fin, no se puede ser civilista ayer, y militarista y gorilero hoy.

La ciudadanía quiere y respeta a los hombres y mujeres de la Policía Civil que a diario arriesgan su vida para proteger nuestras vidas y bienes. Con ellos colaboramos y colaboraremos siempre, si respetan a la ciudadanía. Sin embargo, los de Senafront y del Senan no son policías, sino militares para defender nuestras fronteras, que nada tienen que hacer en nuestras calles citadinas.

Me permito decirle a José Raúl Mulino que los ciudadanos de nuestro país jamás permitiremos la remilitarización que, junto con sus amos militares del Norte, intenta imponernos y que, a pesar de su arrogancia militarista, jamás permitiremos que un gorila más nos vuelva a quitar nuestra libertad.

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