La comezón del quinto año: Roberto Alfaro E.

Hoy vuelve a estar de moda el recuerdo de la sensual artista Marilyn Monroe, quien dio mucho que hablar en sus cortos 37 años de vida. Recuerdo que uno de sus más famosos filmes lo protagonizó en los años 1950, titulado La comezón del séptimo año. En una escena muy sugestiva, el viento de un extractor levanta su frágil falda y expone las bellas piernas de la actriz.

El guión de esa película estaba centrado en la entonces creencia de que los hombres durante el séptimo año de matrimonio sentían, con razón o sin ella, cierta necesidad de reafirmar su machismo y se abocaban a la conquista de otras mujeres y a relaciones extramaritales. Por el contrario hoy, con el libertinaje sexual que existe, dicha teoría no tiene ningún sustento y la quemadera se da antes, durante y después del matrimonio y, peor aun, sin distinción de género.

Mi intención no es polemizar sobre el tema, sino aprovechar el guión de esa famosa película para hacer una analogía sobre una ansiedad similar, actualizada y relacionada al campo de nuestra política criolla. He escuchado al señor Presidente en sus últimas entrevistas comenzar (un tanto prematuro) a mencionar que se siente solo, que le achacan todo lo malo que pasa en el país y no le dan crédito por tantas cosas buenas que el cambio nos ha traído. Resulta cierta dicha aseveración, pero debo recordarle que esta situación no ha sido distinta para los otros mandatarios que lo han precedido.

Resulta que la regla política en este país es que lo malo de su gestión se quedará con él y los éxitos tendrán muchos padrinos. Simplemente durante el último año de cualquier gobierno, y de hecho esta campaña se nos ha adelantado, a medida que las maniobras de los diferentes candidatos al solio presidencial se van calentando, todos esos oportunistas (él los llama manzanillos) se irán cambiando de toldas en la búsqueda de quien o quienes ellos consideran les podrán dar sombra en el próximo quinquenio.

Para mí son casi los mismos que observé rondaban a Guillermo Endara, Ernesto Pérez Balladares, Mireya Moscoso y Martín Torrijos. Así las cosas, el Presidente se irá quedando cada vez más solitario y peor aun es que sus propios copartidarios candidatos pondrán mayor distancia con él, por si acaso la percepción de corrupción pudiese afectar sus aspiraciones electorales. Deseo recordarles las expresiones del nunca bien ponderado presidente Endara, quien durante la campaña de 1994 manifestaba que le picaban los pies por abandonar el Palacio de las Garzas; sin embargo, años después optó por aspirar de nuevo al solio. En los próximos meses, cuando estén ya bien definidos los candidatos oficiales de los tres partidos principales y sus posibles alianzas y las encuestas comenzarán a precisar popularidad, entonces el éxodo político será aun mayor y, por unos meses, las garzas descansarán de tanto tráfico.

Le recomiendo al mandatario, Ricardo Martinelli, que haga un buen programa de viajes al exterior (que tanto le gustan) para que no lo golpee tan fuerte “la comezón del quinto año”, tal como le pasó a mi buen amigo el presidente Endara y, estoy seguro, que también a sus sucesores.

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