INTERROGANTES

La comisión Stiglitz: Francisco Bustamante

Siento el mayor de los respetos por Joseph Stiglitz. Sus aportes para entender los modelos económicos que en aras de la “asepsia de laboratorio” asumen la información igual de todos los agentes económicos, etc., entre otros supuestos, han sido cruciales para entender que los mercados no necesariamente son la única forma de lograr la eficiencia en la asignación de recursos, o en la distribución conocida como “Pareto Eficiente”.

Y su crítica a los modelos neoclásicos en los que generaciones de economistas fuimos educados, no puede ser más validada por su propia historia académica, ya que obtuvo su doctorado en el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), además de múltiples galardones académicos, que no tenemos espacio para detallar.

Stiglitz es un exponente de una sólida formación teórica económica, sin que ello implique una devoción teológica económica, como pareciera señalar al resto de los economistas que creemos en el libre mercado, el verdadero –no el de los monopolios disfrazados– como mejor medio de asignación de recursos y de satisfacción de necesidades.

Dicho lo anterior, y sin pretender entrar a discutir sus visiones, algunas de las que comparto como voluntario estudiante suyo, me asaltan inquietudes acerca de su designación como director de la comisión creada para revisar el marco normativo de la prevención del blanqueo de capitales y que fuera escogida por el Ejecutivo. Son varias las causas de mi inquietud, las que humildemente comparto a continuación.

1. A Panamá se le ha cuestionado por un cumplimiento no satisfactorio de los acuerdos de intercambio de información, principalmente, ya sea en materia de prevención del blanqueo de capitales o fiscal.

2. Como consecuencia de esa realidad y otras deficiencias, Panamá fue incluido en la lista gris del Grupo Acción Financiera, de la que fuimos excluidos previa aprobación de leyes y de la creación de nuevos mecanismos de supervisión.

3. En materia de intercambio de información fiscal se le ha demandado a Panamá que así como firmó el Fatca con Estados Unidos, adopte el Common Reporting Standard de la OCDE, para el intercambio automático de información fiscal. Todo indica que ha sido aceptado por Panamá.

4. No me cabe la menor duda de que las leyes que crean la Comisión Nacional contra el Blanqueo de Capitales, son perfectibles. De hecho, basado en mi experiencia, considero que la Intendencia de Supervisión y Regulación de Sujetos no Financieros nace recargada de obligaciones y de gente a supervisar. Lo mismo que sin la necesaria independencia, como los otros superintendentes.

5. Probablemente se requerirían adecuaciones en la tipificación de delitos precedentes, como son el fraude aduanero, que se divide actualmente entre falta administrativa y delito, así como en la evasión fiscal, que la ley panameña no considera delito penal, hasta lo que entiendo.

6. Es decir, la responsabilidad asignada a la comisión, por lo menos en los diarios, apunta al mejoramiento del marco normativo, no así a la evaluación ni al fortalecimiento del campo de acción o efectividad de los supervisores del sistema. Y creo que aquí está el aparente desajuste o descalce entre los objetivos asignados a la comisión, y lo que se requiere hacer en la implantación de la ley, tanto a nivel preventivo como judicial.

Que no se me malinterprete. Considero que revisar la normativa aprobada, provocar los ajustes y actualizaciones que pueda requerir, es una excelente decisión. Sin embargo, y a pesar del enorme respeto que me merece Stiglitz, a quien considero como un verdadero profesional, indomable y defensor de sus opiniones, pudiera ser una selección potencialmente complicada.

Joseph Stiglitz es dueño de sus ideas y sus posiciones, lo que le ha puesto en el pasado en abierta contradicción con sectores económicos y políticos importantes de las economías más significativas, así como de los organismos internacionales. Es un crítico del sistema y muchas de sus observaciones merecen ser consideradas desapasionadamente.

¿Aceptarán esos organismos las recomendaciones de una comisión presidida por Stiglitz, que se ha convertido por sí mismo en el paradigma de pensador crítico independiente? ¿O aceptaría Stiglitz medias tintas de parte del Gobierno panameño, si sus recomendaciones fueran contrarias a lo que Panamá aspira, o no fuesen consideradas? ¿Es suficiente esta comisión para convencer a los críticos del país de que, efectivamente, cumple con el compromiso de transparencia que exige el mundo globalizado e interconectado en el que vivimos? ¿Tú qué piensas?

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