EL MALCONTENTO

Se compra un país portátil: Paco Gómez Nadal

Yo insisto: Ricardo Martinelli no ha mentido a nadie. Cuando llegó al poder anunció que el suyo es un gobierno de empresarios. En ningún momento habló de personas entregadas a lo público ni de próceres o adalides de la igualdad. No. E-m-p-r-e-s-a-r-i-o-s. ¿Lo entienden? Lo que algunos no quisieron entender es que esos empresarios iban a hacer negocios para su lucro, para aumentar sus ya grandes cuentas bancarias, para ampliar su poder del gamonal postmoderno en el que se ha convertido Panamá.

El megamadrugonazo de la venta de las acciones de algunas compañías de las que participa el Estado (y que antes eran de él 100%) es solo un paso más en un plan bien trazado en que está siendo acelerado, si no me equivoco, en previsión de que Nuestro Líder no pueda seguir a la cabeza de los negocios de esta empresa-gobierno que ha inventado. Ferrufino no sería lo mismo (pobre “pie” sin fondo), la Burillo sería el fin del invento (pobre superficialidad sin “pie”). La aceleración también tiene que ver con la certeza profunda de que sin fraude Cambio Democrático no repetirá en el Gobierno. Las y los panameños desconfían casi de manera genética de la continuidad (así lo vuelven a susurrar las encuestas) y, además, el sistema clientelista no permite que un mismo partido esté demasiado tiempo en el poder porque limita la sana y necesaria rotación de botellas y manzanillos (imprescindible para la supervivencia de una capa de la población). La falta de reparto de los jugosos beneficios de gobernar por parte de Nuestro Líder genera más ansiedad en los que se han quedado fuera de este festín de millones, contratos y negociados varios.

Fíjense bien que el Gobierno solo quiere vender las acciones rentables, las buenas, las que dan plata, las que cualquiera querría comprar. La pregunta, por tanto, no es por qué venden las acciones sino quién las va a comprar. Me juego la mitad del cuello que me queda a que serán personajes con algún tipo de relación con Martinelli & Cía. La mafiocracia funciona así: todo para mí o para otro que me pague una suculenta comisión.

Las empresas eléctricas o Cable & Wireless han gozado de todo el campo del mundo para crecer y para manejar sus negocios en Panamá como les ha venido en gana. Habría que engordar el chancho antes de venderlo pero, ante todo, había que dar la sensación de que pueden crecer mucho más. Ahí está el negocio. Panamá no necesita vender las acciones de esas compañías. Una vez privatizadas, lo que es un error, al menos dejan cada año un seguro goteo de millones que no solo aporta a las arcas del Estado sino que deja la sensación de que el Gobierno tiene argumentos (acciones) para presionar a las empresas privadas cuando se olvidan de la ciudadanía en servicios públicos tan importantes como el suministro de energía o la telefonía.

Panamá es diferente, de eso no hay duda. Mientras en buena parte de Latinoamérica se nacionalizan las empresas públicas ante la evidencia del saqueo de las multinacionales y la poca rentabilidad para los países, en Panamá se hace una feria para seguir vendiendo el poco patrimonio público. A este paso, se podría plantear la subcontratación privada del servicio de Presidencia y así, al menos, habría un servicio de atención al cliente donde desahogarse (aunque como todo servicio al cliente no solucionara nada).

Nuestro Líder nos está sometiendo al aislamiento internacional y al ridículo por este afán de dinero tan desmedido. No solo lo desplantan en la OIT (nido de ñángaras irredentos), sino que su paso por Europa ha sido casi inédito. Solo lo ha recibido un Presidente moribundo en Grecia y seguimos sin saber qué hizo Nuestro Líder en las horas en las que la agenda dejó de ser pública para seguir siendo secreta. Algún buen negocio saldría de esos días de oscuridad, que a la sombra se hacen mejor esas cosas.

Rubén Blades ya no anuncia la ruta por descubrir ni se pronuncia sobre la más que posible pérdida del estatus de Patrimonio de la Humanidad para algunas de las joyas del país, pero su voz sigue retumbando porque sus cantares del subdesarrollo son tan o más vigentes que nunca. Y este país portátil se vende... sí: s-e-v-e-n-d-e, con ese enorme complejo comercial “que lo hace antinacional”, pero podrá cambiar la letra para anunciar la compra de este país celular donde lo común se restringe a un centro comercial. Martinelli, Nuestro Líder, tendrá el orgullo de haber instalado una cultura portátil, del todo vale y del hágase rico el que pueda. El resto... el resto que apague la luz para no ver tanto disparate.

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