ADECENTAMIENTO

Los compromisos de Varela: Enrique Arturo de Obarrio

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El presidente Juan Carlos Varela debe saber que vamos a respaldar su visión de estadista. Por supuesto que lo vamos a hacer si ese es el camino por el que desea conducirse hasta el final. Pero impediremos, con toda nuestra determinación, que se haga de la vista gorda frente a compromisos urgentes como la rendición de cuentas y la certeza del castigo.

Si a diario hay voces de la sociedad civil que lo apremian, atienda ese clamor, porque el pueblo no votó por usted solo para que presidiera las tareas gubernamentales, sino para que, como servidor público, obedezca el mandato de permitir y propiciar las investigaciones a fondo, y poner como ejemplo la decisión de subsanar de forma ejemplar los desvaríos de la corruptela.

Los partidos políticos necesitan adecentarse, porque son necesarios. Esa es la responsabilidad de sus líderes, como lo es de quienes están adscritos y militan en estos. Varios partidos han transformado sus banderas en plataformas para hacer dinero. Hoy existen como trampolines y títeres de intereses económicos de ciertos empresarios, pero también de decenas de políticos. Tristemente, muchos políticos del patio se sirven de esa actividad, en vez de servir a la patria a través de ella.

Los partidos son un brazo de la democracia aunque quizás, por su forma de actuar, la hacen imperfecta. La democracia no es tampoco el sistema de convivencia perfecto, pero es lo mejor que hemos creado. Llevamos 25 siglos perfeccionándolo, desde que Clístenes sentenció que ni las riquezas ni las herencias podían distinguir a unos hombres de otros, pues todos somos iguales.

Es cierto que los políticos –los buenos– son necesarios, estén o no inscritos en partidos. Por eso, la tendencia de hoy valora el rol de los independientes, para atenuar la tragedia social creada por aquellos partidos cuyos dirigentes estimulan la dependencia, la servidumbre, el transfuguismo, la ausencia de ideologías, el afán de enriquecimiento, y la temeridad más absurda: Creer que un país es un quinquenio.

Podríamos estar regresando al borde del precipicio, esta vez conducidos por un pacto que en apariencia busca gobernabilidad, cuando podría servir para exculpar al Presidente de ciertas decisiones relacionadas con el nombramiento del próximo Contralor (a), del Procurador (a) General de la Nación, del Procurador (a) de la Administración y, quizá, de los próximos magistrados ante la Corte Suprema de Justicia y del Tribunal Electoral. El único pacto que la garantiza sostenibilidad democrática, es aquel que se acuerda sobre la base de lineamientos éticos, no politiqueros.

Confieso sin embargo, idealista como sigo siendo, que no descarto que el llamado “acuerdo para la gobernabilidad del país” produzca los resultados a los que aspira el pueblo decente, sobre todo, en la coyuntura en la que nos encontramos. Si ese fuera el desenlace, yo sería el primero en salir a aplaudir tamaña demostración de nobleza. Pero el primer paso debe ser honrar el compromiso consignado en el acuerdo que han suscrito. Un compromiso de escoger a personas independientes. Razón nos asiste, entonces, para estar preocupados al conocer los nombres de algunos candidatos –no independientes– que han sido propuestos de manera formal por alguna de las partes.

Mi recomendación especial para el Presidente de la República sería que le regale a la patria, en su cumpleaños 111, cuatro cosas:

1. Un contralor de verdad independiente, honesto, valiente y competente. Bien sabemos que ese nombramiento le compete a la Asamblea Nacional, pero el mandatario puede dejar muy claro el perfil que el país merece y el pueblo desea para quien ocupe ese importante cargo.

2. Un procurador General de la Nación y un procurador de la Administración también independientes, ambos incorruptibles y competentes.

3. Un magistrado del Tribunal Electoral independiente y competente en reemplazo de Eduardo Valdés Escoffery... todos con reconocida solvencia moral.

4. La seguridad, incuestionable, de que los poderes del Estado funcionan en armoniosa independencia.

También le aconsejo que no haga acuerdos o pactos de gobernabilidad que no estén basados en lineamientos éticos, y el primero de ellos es que las partes tengan la voluntad y el compromiso de cumplir con lo acordado; que el mandatario sea inclaudicable; que su ejemplo desaliente al conspirador traidor y estremezca de felicidad al panameño soñador. Pero, sobre todo –y como tenemos una democracia presidencialista–, debe hacer un pronunciamiento firme, no escapista, y refrendar el mensaje de la sociedad civil sobre el perfil del contralor, procuradores y magistrados que requiere la democracia.

Un líder no necesita más que ser ejemplo. Le diría a Varela que ni siquiera tiene que inmolarse o actuar con base en una virtud socrática, bebiendo la cicuta... un líder con madera de estadista solo necesita actuar con ética, inspirado y siendo consecuente con la nobleza de su alma.

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