DETERIORO AMBIENTAL

La corrupción amenaza la supervivencia: Juan M. Muñoz

“Deja que ellos se rebusquen, pero que por lo menos nos salpiquen algo”. Esta sigue siendo la actitud de algunos en la masa de panameños votantes que todos los días, con su trabajo, aportan la mano de obra para el desarrollo económico del país. Desde hace un tiempo vivimos más de cerca el impacto del calentamiento global, por lo que muchos de esos trabajadores hacen su labor en condiciones climáticas hostiles.

Hoy día nadie cuestiona que el clima cambia. La naturaleza nos hace sentir con más frecuencia que hay “algo” diferente. Esto incluso ha sido objeto de inspiración para películas de Hollywood. No hace falta quien argumente que la causa del calentamiento global y los cambios en el clima solo son parte de un ciclo fuera del control de los humanos. Además, no parece casual que los participantes en la reunión del G7, celebrada durante la primera semana de junio de este año, decidieran “destetar” de combustibles fósiles a sus economías, con el respaldo del Banco Mundial.

Tampoco parece casualidad que un estudio publicado hace unos días, liderizado por las universidades de Stanford, Princeton y California-Berkeley, afirme que la Tierra experimenta la mayor extinción masiva de especies, desde la desaparición de los dinosaurios, y que tal proceso pone en peligro a la propia humanidad. Pareciera ser que el cambio climático sí guarda alguna relación con la devastación del medio ambiente, por un lado, y con el aumento en las emisiones de carbono, producto del desarrollo de industrias y el disfrute de las comodidades que nos ofrece la vida en tiempos modernos.

Las emisiones de carbono parecen haber ido de la mano con la destrucción de bosques, algo que no cesa. A pesar de los esfuerzos globales por reforestar, se siguen perdiendo alrededor de 5.2 millones de hectáreas anuales en el planeta, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

En Panamá, cada vez que hablamos de daño ecológico solemos señalar a las grandes potencias industriales, sin embargo, hay realidades que no podemos ocultar. De los 110 mil metros cúbicos de madera talados cada año aquí, al menos 50 mil metros son deforestados ilegalmente, según fuentes del Ministerio de Ambiente, citadas por este diario. Y se estima que la explotación de la minería a cielo abierto en Panamá produjo la tala de 55 hectáreas en el corredor biológico mesoamericano.

Hace poco vimos la tala de árboles en el Parque Camino de Cruces y alrededores, para la construcción de un nosocomio. Según el Banco Mundial, más de 10,000 km cuadrados de bosques han sido talados en Panamá, entre los años 1990 y 2011; y la emisión de CO2 a la atmósfera prácticamente se ha multiplicado por 10 entre el año 2000 y 2015.

Para el país, el cambio climático no se limita a las incomodidades que podamos tener, producto del calor, o a las calles inundadas por la acumulación de basura en las alcantarillas. Pareciera que hubiéramos olvidado que el icónico Canal requiere de 26 millones de galones de agua para subir de nivel a un barco, en cada una de sus esclusas. A pesar de que la Autoridad del Canal de Panamá afirma que se usará un sistema más eficiente y ahorrador en las nuevas esclusas, estas seguirán requiriendo agua para mantener su funcionamiento.

Aunque el panameño promedio no parece ser consciente, el periódico británico The Guardian publicó, en agosto de 2014, que el Canal de Panamá podría peligrar frente a las sequías cada vez más largas que azotan a Centroamérica en los últimos años. Esto podría bajar su eficiencia y producir enormes pérdidas al comercio mundial.

Un tema aún más sensible para los panameños, es el hecho de que el cambio climático afecta la capacidad de producir alimentos (al subir los costos de esta actividad), y los precios, como resultado de esa disminución y un aumento en el consumo.

Las decisiones que involucren un impacto ambiental tienen que ser tomadas con criterios científicos y puestas en equilibrio con el desarrollo económico. Los panameños debemos estar vigilantes de que los gobiernos respeten las leyes y las hagan respetar por parte de quienes desarrollan actividades que de alguna forma podrían causar daños ambientales.

Es necesario mantener la institucionalidad y los mecanismos de control gubernamental y social. Los ciudadanos exigimos transparencia en la forma como se lleva el tema ambiental por parte de los gobiernos y de las empresas. No nos podemos permitir el lujo de ser complacientes respecto a las decisiones que tomen los políticos corruptos y las empresas corruptoras, menos cuando esas decisiones amenazan la supervivencia misma de los panameños.

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