LA ONU CONTRA LA IGLESIA

Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa: Juan Planells

Ya comienzan a verse las primeras reacciones a la valiente posición del papa Francisco sobre temas como “la globalización de la uniformidad hegemónica” que pretende obligarnos a ir con un “espíritu de progresismo adolescente”, promoviendo seguir ciegamente el camino hacia donde va todo el mundo. En este caso, ha sido de parte de los poderes que se mueven detrás de algunas organizaciones internacionales, agrupadas en un comité escondido bajo la bandera de las Naciones Unidas.

Resulta sospechoso que ahora, cuando el Papa se ha manifestado públicamente contra la pederastia, firma un decreto que criminaliza bajo las leyes del Vaticano los abusos sexuales hacia niños, solicita tolerancia cero para los casos cometidos por el clero, pide perdón a las víctimas, y demanda de las autoridades mayores penas contra los sacerdotes pederastas, el Comité para los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, con asombrosa superficialidad y evidentes intereses ideológicos, publique un informe de 16 páginas en el que recomienda a la Iglesia cambiar su posición con relación a temas como la homosexualidad y el aborto.

Bajo el manto de una justa defensa a los derechos infantiles, que la Iglesia tiene siglos de estar protegiendo sobre la base del fortalecimiento de la familia, este comité integrado por 18 supuestos expertos, pretende aprovechar la amplia cobertura mediática de recientes denuncias en casos de pederastia protagonizados por sacerdotes, para desacreditar a la institución, que a través de la historia ha sido una irreductible defensora de los derechos humanos.

¿Con qué moral se refiere al tema, el vicepresidente del comité que representa Arabia Saudita, conocido Estado violador de los derechos de las niñas, donde domina el wahabismo, corriente que tiene una lectura ultraconservadora del islam, en el que se permite el casamiento de niñas con 10 años de edad o su venta en un mercado público, o el representante de Etiopía, donde más de tres cuartas partes de las púberes son sometidas a la mutilación genital?

La presencia de los casos de pederastia dentro de la Iglesia, así como la actitud encubridora de los hechos por parte de algunas de sus autoridades eclesiásticas, solo sirve para demostrar que entre el clero hay tantos pecadores como entre los fieles. La reacción del resto de la institución, especialmente de los últimos papas, Benedicto y Francisco, sobre el tema demuestra también que la Iglesia considera que se trata de actos intolerables y repudiables, que merecen castigo y sobre los cuales se han adoptado posiciones de condena firmes y decididas.

Las recomendaciones del informe revelan, claramente, que el objetivo es otro, diferente al de la defensa de la niñez, cuando llama a proteger “a los niños gay, lesbianas, homosexuales y transexuales”, y recomienda la autorización de los matrimonios entre personas del mismo sexo.

Ya el papa Francisco ha sido claro en su posición de no juzgar a las personas como tales, sino a los comportamientos y a las leyes que permiten equiparar el matrimonio a la unión de parejas homosexuales. Ocurre que en el comité coinciden defensores del matrimonio entre parejas del mismo sexo, como la representante del Perú, conocida líder que critica a la Iglesia en sus posiciones sobre la homosexualidad.

Lo cierto es que estos sacerdotes pedófilos constituyen un drama real que hay que perseguir y no esconder. Ellos provienen más bien de la moral permisiva y moderna, fruto del relativismo moral del posmodernismo que se anida en algunos rincones de las Naciones Unidas, y se ha infiltrado hasta en los seminarios y entre los sacerdotes; ellos no son el resultado de la supuesta complicidad de la Santa Sede en incubar su existencia.

A mí, como católico, me ofende tanto el conocimiento del chantaje de aquellos sacerdotes que se esconden en la religión, para aprovecharse de la inocencia juvenil, como las acusaciones de comités llenos de hipocresía que critican a mi Iglesia, ocultando sus verdaderos intereses y desconociendo cuál ha sido la posición histórica de sus auténticos representantes.

Ahora nos corresponde, como católicos comprometidos, respaldar a nuestro Papa en sus posiciones rígidas contra la pedofilia y denunciar que detrás de la supuesta protección infantil del Comité para los Derechos del Niño de las Naciones Unidas se esconde un interés por desacreditar el liderazgo de Francisco, y por lograr que la Iglesia varíe su posición doctrinal sobre el matrimonio entre homosexuales y el derecho a la vida. Aquí se aplica la frase emblemática de la sociología vagabunda, “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”.

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