Mañana: Café con La Prensa sobre la reestructuración de la ciudad de Panamá

DESIGNACIÓN MERITORIA

Sobre las críticas a los militares: Luis Alfonso Puleio C.

Escribo este artículo sin ánimo de refutar ideas, conceptos o vivencias respecto a la época militar, que para algunos fueron buenas y para otros –quizás para muchos– no son de grata recordación debido a las circunstancias políticas especiales por las que gravitó el país. Lo cierto es que seguir estigmatizando a los que, por vocación, abrazamos la carrera de las armas, negando con ello la posibilidad de que podamos ocupar posiciones cimeras en el engranaje gubernamental, por méritos ganados, es una perfecta antinomia.

Por mucho resentimiento que exista, no se debería seguir mancillando el honor de magníficos ciudadanos que, con mucho esfuerzo, disciplina, orgullo y pundonor, le sirvieron a una institución, sea militar o policial. Ellos, por su capacidad y disposición al trabajo, mesurados en sus actos, de respetuosa obediencia, y por propia disposición, han alcanzado posiciones importantes dentro del andamiaje de gobierno, que bien merecen. Tienen derecho, son ciudadanos de probada solvencia académica y aptos para desempeñarse en cualquier campo. ¿Acaso Estados Unidos, en su extenso episodio histórico no ha sido gobernada por militares? ¿Acaso el pueblo de ese país sentencia, como corruptos, pendencieros y asesinos, a sus fuerzas armadas?

En cierta ocasión, nos correspondió el halago de un ministro de Estado, que dijo estar orgulloso del eficiente trabajo de un grupo de policías y oficiales que, por casualidad, fuimos designados en perentorio apoyo a ese ministerio. Entre sus palabras, expresó: “Ojalá el funcionariado civil tuviera la disciplina y voluntad de trabajo de ustedes que, por formación, respetan la obediencia y son duchos en la resolución de problemas”. Muchos jóvenes que se graduaron de colegios militarizados, como el Tomás Herrera o el Benjamín Ruiz, son hoy hombres exitosos y bien incorporados al quehacer ciudadano.

Nuestra sociedad, en especial los jóvenes, carece de los más elementales principios de obediencia, respeto al prójimo y la observancia de los principios cívicos y ciudadanos. Disciplina es la norma que toda persona debe cumplir para el desempeño cotidiano de sus responsabilidades, para inclinarse por lo bueno y lo correcto. Las sociedades que no tienen conciencia del valor ético y disciplinario de sus hábitos, actitudes y logros en la vida están condenadas al fracaso y a la más triste de las desolaciones: “la nueva esclavitud”. Miguel de Cervantes Saavedra dijo: “El ideal no es tan solo un sueño, el ideal es una sublimidad intrínseca del hombre que le permite darle luz y belleza a la vida”. Cultivemos la disciplina, como sociedad, y pronto seremos un mejor país.

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