DE CRISIS EN CRISIS

La culpa es de los demás...: Daniel R Pichel

Estamos llegando en Panamá a un punto de crispación que no puede llevar a nada bueno. De hecho, a riesgo de sonar pesimista, estamos sobrepasando ese “punto de no retorno”, que hará muy difícil ejecutar programas y proyectos, durante los dos años que le quedan de vigencia al gobierno actual. De ser este el caso, cosas necesarias para que el país avance se ahogarán en la politiquería, debido a nosotros mismos. Por supuesto, no pretendamos que ni el Gobierno ni la oposición ni la “sociedad civil” ni los gremios ni los medios, con su variopinta mezcla de valores, principios e intereses, acepten responsabilidad en lo ocurrido o en sus consecuencias. Siempre será culpa de “los demás”.

Solo pido que, al menos durante la lectura de este artículo, se piense en las consecuencias de todo este enredo para el país. Porque allí comienza nuestro problema. Parece que todo el mundo se ha olvidado de que el objetivo debía ser que el país no pierda su gran oportunidad. El mundo entero está sumido en una gran crisis financiera mientras, por alguna razón, Panamá está en un pico de desarrollo que no se alcanzaba hace muchísimos años.

El Gobierno tiene mucha culpa de lo que pasa. En mi opinión, el ganar unas elecciones con el 61% del voto, que se tradujo en esa misma aprobación más o menos durante todo su primer año, dio una sensación de seguridad en cuanto al apoyo popular. Mismo que se ha ido deteriorando y que ahora se convierte en un rechazo cercano a esa misma cifra. Las investigaciones periodísticas de casos como el terreno de Paitilla, las tierras de Juan Hombrón y las asignaciones directas y “llave en mano”, han debilitado ante la opinión pública la imagen del Gobierno. El estilo confrontacional y autoritario del Presidente, cuando se refiere a quienes lo cuestionan, genera malestar entre políticos opositores, empresarios, trabajadores, indígenas y gremios, que ahora pasa factura.

La oposición tiene otro tanto de responsabilidad. Su papel de fiscalizadores responsables se ha cambiado por la crítica a absolutamente todo, sin reconocer logros, buscando de manera desesperada como alcanzar el poder en el 2014 porque, para un político panameño estar fuera de “la papa” por 10 años parece ser incompatible con la vida. Por momentos, parece que se alegran cuando algo sale mal.

Los gremios son nidos de intereses, en los que pandillas de dirigentes crónicos solamente piensan en ellos mismos y en obtener canonjías.

La “sociedad civil” y los medios de comunicación son usados como caja de resonancia de intereses politiqueros que aprovechan la defensa de una u otra agenda “civil” para engatusarlos y lograr sus objetivos. Aunque no lo acepten, los ven como peones desechables de un ajedrez político donde a nadie le importa su discurso. Porque el sistema está diseñado para mantenerlos alejados de la toma real de decisiones y se acuerdan de ellos cada vez que hay que oponerse a algo.

Y encima, las redes sociales. Allí todo el mundo se cree con derecho de insultar al Presidente, exigirle al Gobierno o defender lo indefendible. Porque, si no insultas o si reconoces una acción al Presidente (quien considero merece respeto simplemente por su investidura), eres un “martinelista” o “un vendido corrupto”.

Pero, la semana pasada todo esto hizo crisis. La oposición organizó otro “frente” para proteger “nuestros activos” (no vaya a ser que no les quede nada a ellos), y evitar el nombramiento de los magistrados de la Sala V, que muchos defienden o no, según la acera en que están al momento. A ese “amor por conveniencia”, se suman un montón de grupos que cada uno busca una cosa distinta, bajo el elegante eslogan de “defender la democracia”.

Se montó un movimiento que, para mi sorpresa, logró concentrar bastante gente, mucha de ella disgustada, pero sin saber por qué. Así, se van a la Asamblea y se montan un soberbio despelote con vandalismo, gritería y toletazos que ayudan muchísimo a Panamá. Mientras tanto, los medios parecen ser de países distintos y nadie sabe a quien creerle. Para el Panamá América, todo está bien, y para La Prensa, todo está mal.

A muchos nos revuelve las tripas ver a quienes arriesgaron su pellejo por defender principios honestamente, manipulados para que den la cara por quienes les molieron las costillas a varillazos, los exiliaron, les quemaron sus negocios o les abrieron la cabeza con un palo. Además, pretender que los panameñistas, que chuparon la ubre del Estado por 26 meses hasta que les dieron su patada en la rabadilla, ahora se hagan pasar como los defensores de la democracia, y que comparten “valores” con el PRD y el survivor PP, no se lo puede creer nadie con sentido común.

Entonces, el Presidente retrocede y envía la discusión a la “concertación” (que es como un depósito de problemas) tal como hacen todos los gobiernos. Pero eso es un monólogo ante sordos. Los que se oponen dicen que todo es culpa del Gobierno por autoritario, y el Gobierno culpa a la oposición por politiquera. Ambos tienen algo de razón, pero ninguno busca consensos.

Y así, vivimos de crisis en crisis mientras el país deja pasar su mejor momento de desarrollo... Pero la culpa, siempre es de “los demás”... @drpichel

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