SER PANAMEÑO

De cultura y leyes: Amarilis A. Montero G.

El presidente Ricardo Martinelli piensa que es mejor no invertir en cultura. La conversión del Instituto Nacional de Cultura a ministerio le parece “inasequible e inconveniente”. Cuando me enteré de que la promoción, protección y desarrollo de la cultura de nuestro país es “inconveniente”, pensé que estaba como en otro planeta. ¿En qué nos convertiremos, si no protegemos lo que nos hace un pueblo con identidad y raíces?

La ley en sí es un conjunto de regulaciones a la promoción y protección de nuestro legado cultural en todas sus manifestaciones. Que la palabra “ministerio” sea un motivo para rechazar la ley denota que, tal vez, la intención de cambio a otro ente puede ser modificada. Como pueblo con identidad definida, debemos defender cualquier forma cultural que nos represente. ¿Quién protege el valor cultural de los cantadores de décima, de los ritos del Corpus Christi o de las señoras que hacen tamales? Nuestra cultura es el patrimonio material, como los conjuntos monumentales, e inmaterial como las tradiciones y festivales. Estas son manifestaciones que deben ser preservadas y reguladas para que no pierdan su autenticidad.

La ley promovía el uso de recursos del Estado para aportar a los ciudadanos o instituciones que conservan las tradiciones. El Fondo Nacional de Cultura, con un monto inicial de 5 millones de dólares, que sería utilizado para financiar total o parcialmente aquellas actividades, planes y programas que protegieran, promovieran, difundieran o investigaran las manifestaciones artísticas y culturales del país. La ley también contemplaba sanciones para aquellos que incurrieran en exportaciones ilegales, intervenciones o movilizaciones de bienes culturales.

Esto, de forma general, es un vistazo a la ley de la cultura que no representa otra cosa que la protección y promoción de nuestro legado cultural. Si se está pasando por encima de una disposición legal para la creación de un ministerio, se deben hacer los correctivos necesarios. Pero si, en cambio, el motivo para que no se sancione va más allá de una norma legal, entonces, debemos pensar que para algunas personas en el Gobierno la cultura no rinde dividendos. ¡Craso error! No hay riqueza más grande para un ser humano que sentir que pertenece a un lugar y a una cultura determinada. Esto no se compra ni se negocia. Es un bien intangible que se manifiesta de muchas maneras y que, poco a poco, puede ir desapareciendo. Se panameño no es solo portar una cédula que indica que se nació en este país. Es sentir que nos mueve un tamborito, que disfrutamos de un chicheme y nos enorgullece vestir el traje típico.

¿Será que el presidente Martinelli le puede poner precio a nuestra cultura? Definitivamente que no y tampoco se lo podemos permitir. El país parece estar al mejor postor, pero no olvidemos que ser panameño no se vende ni cambia. Volvamos a nuestras raíces para poder proteger nuestro sentido de nacionalidad.

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