DECLARACIÓN PAPAL

´Un curita cañón...´

No es que me sorprenda ni mucho menos, pero este artículo generará la consabida cadena de mensajes acusándome de irrespetuoso por referirme de semejante manera a “su santidad”. Aunque esas opiniones no me importan mucho, aclaro que el título no es de mi cosecha.

Un curita cañón es el título de una película española de 1974, de bastante bajo presupuesto (como todas las previas a la muerte de Franco). La película es una comedia simple, que algunos considerarían irrespetuosa, durante el franquismo que dirigió España durante casi 40 años, practicando el “nacionalcatolicismo” en una conveniente sociedad con uniformes y sotanas.

La mencionada película, protagonizada por un genial Alfredo Landa (que murió hace apenas cuatro meses), trata sobre las andanzas de don Saturio, un cura de pueblo que no es capaz de callar ante las injusticias que ve a su alrededor. Como es de esperarse, en aquella España anquilosada por dogmas de sacristía, su visión simple y justa de la vida del pueblo suele generarle problemas cuando se enfrenta a los “poderosos”, quienes estaban acostumbrados a tener muy buenas relaciones con los párrocos. Por eso tiene que ser trasladado de parroquia en parroquia, pero no por pedófilo, sino por justo.

Lo que pasa es que don Saturio me vino a la mente al escuchar las declaraciones que viene haciendo el papa Francisco (o “Panchito el che” como le llamamos algunos impíos), cada vez que se encuentra frente a un micrófono. El pontífice no pierde oportunidad para hacer algún comentario que apoya los cuestionamientos que muchos hacen a una institución que lleva siglos sumida en un dogma que cada vez la aleja más de las personas, conforme se liberaliza la sociedad. Por supuesto, ese mismo dogma ha servido por años de “caballito de batalla” a un montón de fanáticos que se consideran paladines de la fe y que constituyen algo así como las fuerzas de choque de la curia. Esa gente ha llegado incluso a restar importancia a la conducta de la cúpula católica de esconder a los curas pedófilos en lugar de enviarlos a la justicia ordinaria.

El caso es que el papa Francisco, convencido jesuita, ha sacudido las costumbres de la Iglesia de forma directa. Para comenzar, hizo una crítica de la opulencia de que hacían alarde sus jerarcas. Pregonando con el ejemplo, se deshizo de los zapatitos rojos de dos mil euros y los reemplazó por su calzado habitual, que poco antes había sido reparado por un zapatero. Dejó la cruz de oro para usar una más sencilla. Eliminó los adornos dorados del “trono papal” convirtiéndolo en una silla donde se sienta el Papa. Ha ido en varias ocasiones a escuchar misa con los empleados del lugar donde vive, y en Semana Santa fue a lavar los pies a los presos de una cárcel en Roma. Ha dicho claramente que no cree que la Iglesia debe ostentar, sino que debe funcionar dentro de la “humildad cristiana”.

Administrativamente, organizó un nuevo equipo (sin remuneración) para dirigir el banco Vaticano, tan cuestionado por sus maniobras financieras, y nombró una comisión para manejar el tema de la pederastia dando idea de que una de sus prioridades será resolver ese tema que tanto daño ha hecho a la percepción que se tiene en el mundo de la Iglesia católica y sus jerarcas.

Pero no es solo en la austeridad donde el Papa cuestiona. Después de su reciente viaje a Brasil, hizo declaraciones en el sentido de que los ateos, si tenían valores y principios correctos en su conducta diaria, no tenían por qué ser condenados. Ya en esa ocasión dijo que no era él quien podía condenar la homosexualidad. A esta aseveración, algunos de los fanáticos guardianes de los dogmas medievales hicieron su muy particular interpretación, aclarando que lo que había dicho el Papa no era lo que se entendió.

La semana pasada –quien será “el segundo a bordo” en el Vaticano– manifestó que el anti-natura celibato no es un dogma, sino solo una costumbre, abriendo una puerta para discutir un tema que muchos consideran la razón por la cual cada vez hay menos sacerdotes. Igualmente, han hecho énfasis en la necesidad de que más mujeres participen en la toma de decisiones de la cúpula católica, contrario a lo que han abogado por siglos.

Esta semana, para terminar de rematarla, el Papa dio una extensa entrevista a la revista Civilitá Cattolica, donde dejó muy claro su forma de pensar sobre ciertas cosas. Para mí, lo más sorprendente fue (y traduzco textualmente de la versión en inglés): “No podemos seguir insistiendo en temas relacionados con el aborto, el matrimonio entre homosexuales y el uso de anticonceptivos. No es posible”. El que el Papa haya mencionado en esos términos el tema del aborto –que algunos han convertido en la piedra angular de su discurso– es sorprendente.

Por supuesto, a no todos les agradan estas opiniones. Esta semana, el periódico El País de España trajo un reportaje sobre la incomodidad que están produciendo todas estas declaraciones en los grupos más conservadores, poniendo como ejemplo el Opus Dei.

Así, sigue avanzando un papado que promete ser muy entretenido. Mientras, el papa Francisco se ha mudado de donde han vivido los pontífices anteriormente, y trajo a su cocinera personal para que le prepare su comida. Pudiera ser que prefiere el asado a los espaguetis, aunque tal vez solo trata de estar seguro de que el té no le caiga mal alguna noche, como a Juan Pablo primero. @drpichel

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