BACTERIA NOSOCOMIAL

Lo que se debió haber hecho y no se hizo: Mauro Zúñiga Araúz

En todos los hospitales del mundo hay bacterias nosocomiales. Son bacterias muy virulentas, contagiosas e inmunes a muchos antibióticos. En todos los hospitales del mundo se mueren pacientes a consecuencia de estas bacterias. La prevalencia mayor de estas bacterias son las unidades de cuidados intensivos: pacientes muy graves, que requieren procedimientos invasores (venoclisis, catéteres, tubos endotraqueales, etc). No obstante, en las salas también están estas bacterias y afectan a los pacientes debilitados que permanecen mucho tiempo hospitalizados. Estas bacterias no deben estar en los salones de operación.

Ahora bien, una cosa son las bacterias nosocomiales y otra distinta son las epidemias por estas bacterias, esto jamás debe ocurrir. Una vez que se detecta una sola infección nosocomial en un salón de operaciones, se deben tomar todas las medidas de control, lo que incluye el cierre de ese salón. Para eso hay comités contra infecciones.

En agosto del año pasado se detectó la Klebsiella pneumoniae en los salones de operación del complejo y se dio la alerta epidemiológica en diciembre, o sea, cuatro meses después. Determinar la presencia de una bacteria en los humores del ser humano toma 48 horas y hacer al antibiograma, es decir, determinar la sensibilidad a los antibióticos, toma 48 horas más. En caso de que un paciente esté recibiendo antibióticos, el cultivo puede demorar más tiempo.

En agosto del año pasado se determinó la existencia de infecciones en las salas de operación por la citada bacteria. No se tomó ninguna medida. En diciembre, el Minsa señala la alarma epidemiológica por esa bacteria en las salas de operación, tampoco se tomó ninguna medida. ¿Qué se debió hacer? Suspender inmediatamente las operaciones electivas en el complejo y derivar las urgencias para los otros centros hospitalarios de la CSS; hacer un minucioso análisis de todos los sitios de los salones de operación: ductos de aire acondicionado, camas quirúrgicas, lámparas, aparatos de soporte, ventiladores, equipos anestésicos, etc. Además, determinar si los insumos médicos quirúrgicos están estériles (esto se hace con muestras al azar); examinar si los insumos y equipos de limpieza son los adecuados; examinar si las batas quirúrgicas están estériles; no culminar el trabajo hasta verificar con exactitud que el área esté estéril. Lo mismo se debe hacer en las unidades de cuidados intensivos. Como la esterilización de estos salones no debe tomar mucho tiempo, se puede solicitar la colaboración de los hospitales privados para las operaciones de urgencia.

Inmediatamente se detectó la epidemia, el director general debió hacer el anuncio público de esta situación. Una explicación científica de lo ocurrido y de las medidas que se estaban tomando no hubiera provocado ningún pánico, como alega el director. Al no hacerse nada, la epidemia siguió su curso con un número de muertes que nunca debieron ocurrir. Si los comunicadores sociales no hubieran hecho la denuncia, nada nos indica que la infección se hubiera detenido.

Por otro lado, en los centros de salud, no se puede reprimir la capacidad que tienen los funcionarios de salud y administrativos de denunciar las irregularidades. El director general no hizo nada, no tomó ninguna medida y amenazó al personal para evitar que se conociera esta epidemia. Dada la alta letalidad de la Klebsiella pneumoniae es una irresponsabilidad sostener que los pacientes se murieron “con la bacteria” y no “por la bacteria”.

¿A cuánto asciende el número de muertes debido a la bacteria? Lo sabremos el día que se revisen todos los expedientes de los pacientes que murieron el último año y que fueron operados o pasaron por la unidad de cuidados intensivos. Es un exabrupto sostener que van a exhumar los cadáveres. En Panamá, por el clima, un cadáver se descompone a los tres días y se puede encontrar cualquier germen.

Otro error garrafal es trasladar a pacientes operados o que hayan pasado por la unidad de cuidados intensivos del Complejo hacia otros hospitales. Lo único que se logrará será la diseminación de la bacteria hacia otros centros, con la posibilidad de producir una epidemia nacional de alta virulencia y mortalidad.

Se deben cerrar los salones de operación y las unidades de cuidados intensivos. Egresar a todos los pacientes que se puedan atender en sus casas, con la supervisión de un equipo de salud (médicos, enfermeras, etc.). Con los pacientes que se tienen que quedar en los hospitales hay que redoblar la atención y utilizar estrictamente medidas higiénicas.

La manera como el director general y el director de los Servicios Médicos de la CSS han manejado el problema abre un abanico de interrogantes. ¿Se están comprando equipos e insumos médicos quirúrgicos de buena calidad? ¿Están estos insumos estériles? ¿La limpieza de los salones de operación y de las unidades de cuidados intensivos se han privatizado como se hizo con el cuarto de urgencias? De ser así, ¿cuál es la empresa y qué experiencia tiene? ¿Quiénes son los dignatarios y qué relación tienen con las autoridades de la CSS?

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