INTERROGATORIO POLÍTICO.

Que decida el polígrafo

Con esto de la política, he estado pensando cómo tomar una decisión sensata y conveniente con miras a las elecciones de mayo de 2009. Dadas las alternativas que nos están ofreciendo los partidos políticos, se impone conseguir algún método que permita tener elementos a la hora de tomar la papeleta, marcar un ganchito y depositarlo en una urna con miras a escoger a quien dirigirá “la nave del Estado” (que al paso que vamos terminará como el Titanic), por los mares tan particulares que les tocará navegar durante el próximo quinquenio. Esa persona, seguramente será quien tendrá la responsabilidad de establecer un plan de desarrollo nacional una vez terminada la ampliación del Canal, la cual algunos siguen criticando. Y más vale que se equivoquen, porque sino todos vamos a pasarlo muy, pero muy mal.

En esa búsqueda por la fórmula para encontrar al “mejor candidato” (que esperanza ¿no?) se me ocurrió que deberíamos contar con un elemento adicional para tomar la decisión. Propongo que, ahora que sabemos quienes serán los tres mosqueteros (o los tres chiflados si prefieren), los sometamos a una sesión televisada ante el polígrafo o detector de mentiras, tal cual si fueran delincuentes (a uno que otro político panameño no le vendría mal ir practicando… por si acaso…).

Este dispositivo, si bien no nos permitiría saber si es factible o no que se cumplan sus interminables promesas, si nos daría una clara idea sobre la honestidad de propuestas, sus acciones y actividades anteriores a la contienda electoral y el compromiso real que tendrían con los electores en caso de que les hiciéramos el favor de darles nuestro voto.

Y el ejercicio sería interesante. Imagínense una cadena nacional de televisión donde tengamos a cada uno de los candidatos sentados en una silla y conectados a una serie de alambres, dispositivos de medición de signos vitales, presión arterial, frecuencia cardíaca, frecuencia respiratoria, temperatura de la piel (aunque también pudiéramos medírsela como a los recién nacidos), sudoración y diámetro pupilar. Un grupo de ciudadanos escogidos por méritos le haría preguntas para que contestaran simplemente con un sí o un no. Se conseguiría un panel de expertos en estas pruebas que revisaría la estructura de las preguntas para que encajaran en este tipo de evaluación (creo recordar que uno de nuestros magistrados del TE es experto en poligrafía).

Con un ejercicio como este, pudiera haber preguntas genéricas a todos los candidatos: ¿ha sido usted involucrado en algún acto delictivo?, aunque los otros candidatos no lo hicieran ¿Estaría usted dispuesto a hacer pública su lista de donantes completa?, ¿Apoyaría los candidatos que propusiera la Sociedad Civil para magistrados de la CSJ?, ¿Nombraría usted en su Gabinete personas que lo hayan adversado si están capacitados para el puesto?, ¿Le han pedido favores a cambio de apoyo político?, ¿Ha prometido usted algo a cambio de apoyo político?, ¿Propondría retirar a Panamá del Parlacen?, ¿Se negaría a obtener inmunidad después de terminar su gobierno?, ¿Se separaría de su cargo voluntariamente si se le vinculara a algún delito?, ¿Pedirá la extradición de Noriega?

Después, comenzarían las preguntas uno por uno. Díganme que no sería interesante cuestionar a la candidata del PRD en temas como: ¿Defendió usted a Manuel Antonio Noriega en alguna ocasión?, ¿Participó usted de algún acto de represión contra quienes pedían democracia en Panamá?, ¿Conoce de algún acto de corrupción en la concesión de permisos y cambios de zonificación de la ciudad de Panamá?, ¿Ha recibido fondos del Gobierno venezolano para su campaña?, ¿Solicitará que se reabra el caso Cemis? Si fue un error retirar los anuncios de Juan Carlos Navarro ¿permitirá que la oposición haga anuncios sobre su pasado norieguista?

Al Sr. Martinelli podríamos preguntarle: ¿Aceptaría una vicepresidencia si se acordara una fórmula para escoger candidato de consenso de la oposición?, ¿Está usted dispuesto a nombrar un Gabinete de personas independientes, sin afiliaciones políticas?, ¿Cree usted que alguien que no asiste a la Asamblea tiene méritos para ocupar una curul?, ¿Considera que un diputado acusado de contrabando debe mantener su inmunidad?, ¿Aprueba que se regulen los precios de los alimentos al consumidor?, ¿Consideraría usted convocar a una constituyente paralela para reformar la carta magna?, ¿Consideraría renacionalizar los servicios públicos?, dado su éxito en la empresa privada, ¿Consideraría privatizar actividades que actualmente maneja el gobierno?

A Juan Carlos Varela pudiera preguntársele: ¿Está dispuesto a aumentar los impuestos a las bebidas alcohólicas?, ¿Tiene usted vinculación directa con algún grupo religioso?, ¿Estaría usted dispuesto impulsar la educación sexual y la enseñanza del uso del condón en las escuelas?, ¿Se ha comprometido con Mireya Moscoso a colocar a sus colaboradores en su gobierno?, ¿Aceptaría usted una vicepresidencia en caso de ir la oposición como una sola opción electoral unificada?, ¿Aceptaría usted la legalización de las uniones homosexuales?, ¿Permitiría usted a los homosexuales adoptar niños?, ¿Se compromete a rechazar alianzas a cambio de “espacios políticos”? Su oposición a la ampliación del Canal ¿obedecía a buscar apoyo interno en su partido al margen de su forma de pensar?

Por supuesto, esta propuesta puede sonar totalmente absurda y, en caso de que alguien se la hiciera a los candidatos, se protegerán mutuamente diciendo que “solo me sometería al experimento del detector de mentiras si los otros candidatos también lo hicieran”. Como saben que ninguno estaría dispuesto a someterse a semejante escrutinio sellarían así una especie de “pacto de no agresión”. Otra excusa sería que esta prueba no es completamente exacta y pudiera tener errores. Finalmente, es por eso que la poligrafía no es válida en un juicio penal pues “pudiera equivocarse” en un 5% a 10% de las veces. A esta última excusa, yo les contestaría que, actualmente, nuestras decisiones están matizadas por lo que dicen las dichosas encuestas la cuales, por lo general, tienen un margen de error de más o menos 3%, lo que hace al polígrafo una herramienta igualmente válida que cualquier encuesta. Además, reconozcamos que sería mucho más divertido ver a los políticos en una actitud parecida a la silla eléctrica que simplemente leer los resultados en un periódico.

Aunque sé que es mucho pedir, sería interesante que alguno de los candidatos se someta a esta prueba. Eso pondría presión sobre sus oponentes… y mientras, nos divertiríamos viéndolos sudar un rato…

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