NEGOCIACIONES

En defensa de las enfermeras: Jerónimo Ramírez

Si hay un grupo ocupacional que se ha ganado el cariño y admiración es el de las enfermeras. Son profesionales a nivel de licenciatura, y además existe gran cantidad de especializaciones de posgrados y de maestrías.

Pero lo más importante no es su nivel académico, sino el compromiso que tienen al elegir esta profesión, que requiere de verdadera vocación de servicio y sacrificio. Trabajan por turnos rotativos, lo que implica que toda una vida deben abstenerse de muchas actividades familiares, celebraciones y acontecimientos importantes.

Los “ángeles blancos” han estado presentes siempre en situaciones de emergencia –exponiendo sus vidas y salud–, como las grandes guerras, desastres y otras calamidades. En nuestro país basta recordar la invasión de 1989, terremotos como el ocurrido en Bocas del Toro, o cuando surgen epidemias.

Hace algunos años, junto a otros grupos ocupacionales fueron despojadas del derecho a jubilación especial. Considero que todos aquellos que realizan labores de naturaleza peligrosa, y con privación de asuetos, la merecen.

El gremio de la enfermería –mujeres y hombres– reclama un ajuste salarial, y la semana pasada hizo un paro en sus labores. El gobierno, contradictoriamente, le regatea un justo acuerdo, pero no escatima en construir nuevas instalaciones que requieren de más personal médico y equipamiento. ¿Cómo van a nombrar a dicho personal, si no cuentan con los recursos necesarios? Las obras de infraestructura se hacen con préstamos, pero lo más costoso y permanente es el personal, por eso, se debe asignar un fondo para ello en el presupuesto de funcionamiento.

Creo que el gobierno tuvo un mal antecedente cuando solo le ajustó el salario a la Fuerza Pública, pero dejó por fuera a otros. Esto siempre dará pie a que diversos grupos organizados exijan lo suyo. Además, parece paradójico que en la Asamblea se proponga un proyecto para indemnizar a servidores públicos que sean despedidos injustamente. Para esto sí hay dinero.

Hay mecanismos científicos para establecer salarios justos. Sería más apropiado una ley general de sueldos y que se incluyan las compensaciones a quienes sean despedidos sin causa justificada, igual que se hace con la empresa privada, según el Código de Trabajo. A los gobernantes también se les ha olvidado que tienen pendiente por pagar varias partidas del décimo tercer mes, compromiso estatal desde hace más de 20 años y que, de seguro, incluyen a miles de exfuncionarios, también enfermeras. Lamentablemente, solo la presión parece ser el mecanismo con el que los gobiernos se sientan a dialogar con el pueblo.

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