BONOS NAVIDEÑOS

No defiendan lo indefendible: René Hernández González

Durante la administración de Mireya Elisa Moscoso Rodríguez se dieron varias situaciones que he calificado como metidas de patas. Dos sobresalen en mi mente… me refiero a las compras de relojes Cartier y finos aretes –que adquirió en la Zona Libre de Colón– y de la finca de Punta Mala. Los Cartier y los aretes fueron entregados, como regalo de fin de año, a los que en aquella época eran conocidos como legisladores, hoy diputados.

De esos obsequios se rescatan dos acciones, la de Rubén Arosemena que, en persona, le devolvió el presente a Moscoso, y la de Teresita Yániz de Arias que, mediante una nota, también hizo lo mismo. Su acción se dio antes del rechazo y el escándalo público. Sé que a Yániz, por ese gesto y por otras declaraciones, el Ejecutivo le hizo la vida de cuadritos en la Asamblea.

Un dato curioso, cuando algunos diputados comarcales recibieron los relojes no sabían su valor y otros colegas expertos en el “juega vivo”, se los compraron como si fueran de estas marcas baratas. Eso también le pasó a otros padres de la patria de la campiña interiorana. Lo anterior me hizo recordar aquellos tiempos en los que los españoles daban espejos y los indios oro.

Supe que los relojes y demás joyas no fueron refrendados por el contralor de esa época, Alvin Weeden. Además me dijeron que nadie se responsabilizó del pago de tan costosos regalos y que al final se inscribieron en los libros de contabilidad de una poderosa empresa de la Zona Libre de Colón, como donaciones.

Si no estoy equivocado, la finca de Punta Mala fue adquirida en 2003, en pleno ejercicio de Moscoso, como Presidenta de la República. El bien fue comprado en una subasta pública por su hermano, Franklin Hidalgo Moscoso Rodríguez, pagando la suma de 641 mil 342 dólares. La oposición criticó estas dos situaciones, pero los escuderos de la mandataria, como Ivonne Young, Arnulfo Escalona, George Weeden, etc., etc., salieron en su defensa. Antes de revindicar la compra de los relojes y de la finca, buscaron mi opinión como estratega de imagen y relaciones públicas. La respuesta fue rápida y sencilla: “Hay momentos en que el silencio es la mejor respuesta; cada vez que sales a defender lo indefendible, metes más la pata y revuelves más el avispero.

El mismo ambiente siento con lo de los bonos solicitados por la Asamblea Nacional y aprobados por el Ministerio de Economía y Finanzas y, claro está, el refrendo de la Contraloría. Cuando el país está asqueado de las partidas disimuladas dadas por Martinelli; cuando se dan procesos electorales parciales, en que se revuelve el asqueroso chicheme; cuando hay un magistrado detenido en su casa y dos exdirectores del famoso Programa de Ayuda Nacional en la palestra, la Asamblea nos sale con este desacierto. Esa es la metida de pata más grande que lleva la administración de Juan Carlos Varela.

Y para colmo la defienden, repitiendo el mismo ambiente de Punta Mala, relojes Cartier, el caso del Cemis, en los tiempos antes y después de Torrijos. Las mismas defensas hicieron los miembros de Cambio Democrático sobre el olor a podrido de los sobrecostos, que tal como en los tiempos del río Matasnillo y la isla de Taboguilla impregnaban la capital con ese hedor. ¿A quién se le iba a ocurrir negar la existencia de esos malos olores? Lo mejor que pueden hacer los honorables padres de la patria es devolver el “bonito” de 25 mil dólares. Tal vez lo correcto hubiera sido una declaración como esta: “Para no perder la tradición de un acto de buena voluntad de nuestros diputados, esta honorable Asamblea decidió, a nombre de todos sus integrantes, aprobar una partida para costear la operación que necesita el niño Asbel Araúz Sánchez”.

Ese sí sería un acto plausible y defendible en caso de salir los criticones de siempre. Así, nuestros diputados y diputadas se lavarían parte de la cara luego de tantos entuertos y escándalos que rodean a la Asamblea Nacional. Cada vez que ocurren estos episodios se me revuelven las vísceras. Y es que no entiendo lo ocurrido a sabiendas de que el presidente Juan Carlos Varela no es un novato en estos menesteres. Por favor, no sigan defendiendo lo que no tiene pies ni cabeza; no sigan ahondando el daño que le están haciendo a los órganos Ejecutivo y Legislativo. Mi amigo Adolfo Valderrama le dio un golpe duro a la Asamblea que promueve como “decente, transparente e independiente”.

Presidente Varela, errar es de humanos y corregir también; ¿qué puede resolver un diputado con 25 mil dólares? Se imagina un circuito con más de 40 mil electores y un diputado con esa cifra. Y lo peor del caso es que cada elector piensa que el diputado cuenta con la piñata de siempre, para darle confites a todos. Hay dos cosas rescatables de este “bonito”, la primera que, al menos, se distribuyó de forma equitativa, no como pasaba en los tiempos del todopoderoso Martinelli (aun así es un error). La segunda, es el hecho de que existe una diputada que es consecuente con lo que dice, me refiero a Ana Matilde Gómez, para quien van mis felicitaciones y respetos.

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