LABOR PRESIDENCIAL

La democracia y el voto castigo: Robin Rovira Cedeño

Recuerdo de mis años universitarios a un profesor de contabilidad de costos quien nos dijo que aunque él no era miembro del partido en el poder (en aquel entonces), tenía que reconocer que el Presidente (de turno) había puesto al país en la cumbre de las finanzas y que él quería saber ¿quién iba a ser el “cerebro” que le iba a dar seguimiento a esos planes? Medité, entonces, sus palabras a la luz de la opinión pública en aquellos momentos; pues corría la voz de que el Presidente era prepotente, soberbio, etc. En fin. Vino, por ende, el famoso voto castigo.

Opino que debemos ser objetivos en cuanto a la razón por la cual votamos para presidente. Un ciudadano objetivo no vota para que un presidente sea humilde o cortés, sino para que resuelva problemas. Si votamos para que nuestro presidente sea humilde, cortés o como quiera llamarse a todos estos afectos naturales, nunca tendremos un Winston Churchill que solo prometió a un pueblo en guerra: “sangre, sudor y lágrimas”; pues de él se decía lo mismo, a saber, que era prepotente y soberbio, lo cual llevó a un biógrafo a decir: “Los defectos de Winston Churchill no eran más que virtudes llevadas a la exageración”.

Si bien es cierto que la democracia es el sistema de gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no es menos cierto, también, que la democracia es un modo de resolver problemas. Y el modo de resolver los problemas actualmente no puede ser comparado con la manera en que se resolvían en el pasado, cuando dormíamos en el porche de nuestra casa o cuando apenas ajustábamos la puerta de nuestra casa para ir a dormir y no sucedía nada.

Leía hace poco que las palabras son como las monedas: no siempre tienen el mismo valor. Hace muchos años la palabra “satélite” significaba escuetamente “acompañante”; pero desde que el hombre puso un artefacto orbitando alrededor del planeta ha venido a significar otra cosa. Un tanto sucede así con la palabra “democracia”. Si bien es cierto que el fin no justifica los medios, no es menos cierto que el fin “común” o “universal” sí lo justifica. Y esto es así, porque la ética que rige la democracia guarda relación con lo universal, con el bien común; no con la individualidad. En cierta ocasión un ciudadano preguntó: “¿Qué es lo correcto?” A lo cual su presidente le respondió: “Lo correcto es lo que debes hacer en ese momento”. Espero no irme por la tangente, pero ¿no sería en esto en lo que estaría pensando el presidente Harry Truman ante la disyuntiva de lanzar las bombas atómicas que segaron la vida de miles de almas en Hiroshima y Nagasaki? No sabría decirlo con certeza y con ello me arriesgo mucho en un tema tan sensible, pero de que la democracia tiene sus implicaciones que se traducen en responsabilidades del momento histórico que viva el gobernante de turno, las tiene.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

24 Sep 2017

Primer premio

1 0 7 1

ACDA

Serie: 23 Folio: 11

2o premio

8324

3er premio

5691

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código