CONCEPCIONES

El estado de la democracia panameña: César Ruiloba

Cualquier ponderación que resulte, con relación al estado de la democracia panameña pasa por definir y delimitar previamente su concepto, los límites y sus fines. A propósito de lo que representa y significa convivir dentro de un régimen democrático, ya que no basta la mera retórica, que explica que la democracia representa un sistema en el que el poder emana del pueblo, pues ese reduccionismo dogmático y hasta funcional, permite que la gran mayoría de los componentes que conforman nuestra sociedad, mantengan serias dudas en cuanto al verdadero alcance de los artículos 1 y 2 de la Constitución Política de Panamá.

Precisamente, la ciencia política ha permitido una profunda dialéctica sobre el tema, lo que inicialmente conlleva aceptar la existencia de un enfoque constitucional de la democracia, mismo que guarda relación con las leyes que aprueba un régimen en todo lo relativo a la actividad política. Así, históricamente se reconocen y distinguen las diferencias entre oligarquías, monarquías, repúblicas y un conjunto de otros tipos contrastando sus acuerdos legales.

En otro orden, hay quienes avalan y promueven una definición de la democracia desde el ámbito procedimental, centrando su atención en las elecciones, es decir, en un proceso electoral caracterizado por el sufragio universal, un sistema político multipartidista y competitivo, que permita el secreto y la seguridad del voto para garantizar la ausencia de fraude electoral.

En la órbita de la democracia sustantiva, se fijan las condiciones de vida en términos del bienestar humano, la libertad individual, la seguridad, la equidad, igualdad social, deliberación pública y a la resolución pacífica de los conflictos. Quienes sustentan tal posición, son de la convicción que una vez se materialicen dentro de la sociedad estos valores, resulta intrascendente que es lo que se dice en la constitución.

Finalmente, los defensores de la llamada democracia procesal, difieren significativamente de las aproximaciones anteriores del concepto de democracia, ya que identifican una serie mínima de procesos que deben estar continuamente en marcha, para que una situación pueda ser calificada dentro de un régimen democrático. Tales procesos guardan relación con la participación efectiva de todos los miembros con oportunidades iguales y reales para poder hacer conocer su visión acerca de cómo debería ser una política. En definitiva, un Estado es democrático en la medida en que las relaciones políticas entre el Estado y sus ciudadanos se demuestran con consultas mutuamente vinculantes, amplias, iguales y protegidas.

Desde los inicios de la década de los 90, la realidad política y social pone en evidencia que los panameños tan solo hemos recibido los resultados respecto al desarrollo del ámbito procedimental de lo que representa una democracia, es decir, la exigencia de elecciones libres y universales que garanticen el poder del candidato que obtuvo la mayoría de los votos. A partir de ese momento, los gobernantes perciben que han recibido un cheque en blanco que los legitima para desplegar sin ningún límite el poder que les resultó delegado.

Es evidente que esta concepción, sucumbe ante la dinámica y perspectivas que se genera a partir de las nuevas relaciones entre el Estado y los ciudadanos. Así, hago mías las reflexiones de Ricardo Sanín Restrepo cuando señala que “El fenómeno constitucional altera profundamente nuestra comprensión de la democracia, de sus realidades y auténticas potencias, quien siga aferrado a la democracia como expresión de las decisiones mayoritarias, pasó por esta vida sin enterarse de Auschwite, las decisiones mayoritarias siguen siendo necesarias, pero el nervio central de cualquier democracia es la Constitución”.

Siendo así, la Constitución requiere de una defensa judicial permanente que la mantenga viva, la actualice y la proteja de los embates del poder constituido. La democracia sin justicia constitucional que establezca parámetros de interpretación y cree sentidos permanentes y límites objetivos a la labor del legislador, abandona la Constitución a la voluntad fluctuante y periódica de las mayorías; y a su conformación espontánea.

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