En directo: Café con La Prensa sobre la reestructuración de la ciudad de Panamá Ver más

EL MALCONTENTO

¿Para quién son los derechos humanos?: Paco Gómez Nadal

Los derechos humanos son tan jóvenes como precario es su respeto. Alguien me dirá que siempre han existido, pero lo cierto es que nacen como concepto aceptado por la mayoría de las naciones solo hace 64 años. Una minucia en el tiempo histórico, una anécdota en esta humanidad acostumbrada a matarse para expandirse (o imponerse).

Quizá por eso aún no nos creamos que los humanos tenemos derechos. O que estos, además de individuales (como que no te quiten la vida), también comportan derechos colectivos que afectan a diferentes grupos de personas bien sea por su condición territorial, cultural, étnica, política, sexual... Nos cuesta creer que nacemos con más derechos que dientes y, quizá por eso, se nos hace difícil defenderlos, exigirlos, construirlos.

También por estas razones –y porque nos han lavado la cabeza convenientemente–, creemos que todo el mundo viola los derechos humanos, aunque hay grados de responsabilidad. Y por eso no entendemos que los Estados, instrumento creado –en teoría, solo en teoría– para garantizar la vida en sociedad son los principales garantes de los derechos humanos y, como tales, los principales violadores.

Es común que algunas gentes consideren que algunos humanos no son tan humanos, y por eso no tiene “derecho a los derechos”. El criterio de quién es o no es suficientemente humano como para tener derechos humanos lo imponen las sociedades dominantes, las mayorías que, aunque estén terriblemente equivocadas, suelen imponer su concepción de universo. Por ejemplo, en los siglos XVI o XVII, para un Europeo –bien fuera español, portugués, británico, francés u holandés– los indígenas americanos o los africanos esclavizados eran menos humanos que ellos y, por tanto, tenían muchos menos derechos. En realidad, ninguno.

Después, unos tipos que se autodefinían como arios –en un ejemplo de ignorancia cultural– decidieron que judíos o gitanos eran seres animalizados que, como tal, podían ser torturados, explotados o asesinados sin que mediara problema jurídico o legal. Eso piensan ahora también los más radicales talibanes respecto a los herejes, los más radicales judíos respecto a los palestinos, o los más radicales turcos respecto a los kurdos.

En nuestras sociedades buscamos también a los animales humanizados a los que usurpar los derechos que solo son para nosotros: los verdaderamente humanos. Por eso nos dio igual que la policía achicharrara a cinco jóvenes en el Centro de Cumplimiento de Tocumen, porque los maleantes se merecen lo peor. Por eso, nos parece que todos los colonenses son pandilleros y que, como tal, no tienen derecho a que se les respete unos derechos que no se han ganado.

Parece una obviedad escribir que los derechos humanos son de todos los seres humanos sin excepción. No es tan obvio después de leer los comentarios racistas, xenófobos e incitadores al odio que supuestos ciudadanos han vertido en los foros algunos medios panameños estos días respecto a los informes que señalan la responsabilidad de las autoridades en la violación de derechos humanos en Colón entre el 17 y el 26 de octubre.

Es posible que algunos de esos dignos ciudadanos consideren que está bien que Josué Patricio Bethancourt se mereciera morir a sus nueve años porque era un pandillero en potencia al haber nacido en Colón. Es posible que algunos de ellos estén seguros de que para garantizar la seguridad jurídica de cuatro empresarios y el libre tránsito de los esclavos contemporáneos merece la pena balear, golpear, insultar o rociar con gas pimienta a cualquier obrero al que se le ocurra la estúpida idea de cortar una calle.

El problema es que el argumento se les volverá en su contra: siempre habrá otro humano que se crea más humano que uno y que, por tanto, en cuanto tenga poder, le arrebate los derechos antes incluso de que estos estén garantizados.

Los derechos humanos son una herramienta jurídica y política de protección de las personas y los colectivos más vulnerables, pero también son un filtro para medir la irracionalidad y la inquina de algunos de nuestros vecinos.

Una sociedad sana, democrática y solidaria se mide, en buena medida, por el grado de respeto de los derechos de aquellos seres humanos que más daño le han hecho. Aquí ni siquiera estamos hablando de esos extremos. Intuyo que a una importante cantidad de ciudadanos les parecería bien que mañana se quemara La Joya y nos libráramos de ese “pocotón de maleantes y antisociales”. Lo peor es que antes de llegar ahí ya queremos deshacernos de los afropanameños colonenses, de los indígenas ngäbe, de los obreros afiliados a Suntracs, de las enfermeras y de los estudiantes de la Universidad de Panamá o del Nido de Águilas. Si pudieran cumplir su sueño, el país se vaciaría de “seres indeseables”... y de humanidad.

O consideramos que los derechos humanos son para todas y todos –incluidos los que no nos gustan, disienten de nosotros o nos molestan– o no tendremos el derecho a llamarnos humanos.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

KNOCKOUT Julio Escobar: 'A los alumnos con subsidios les va peor que a los que no reciben subsidios'

A los alumnos con subsidios les va peor que a los que no reciben subsidios
Roberto Cisneros

Esta semana se cerró la etapa de pruebas del Concurso por la Excelencia Educativa. Hoy Julio Escobar, su creador, que además preside la Fundación para la Promoción de la Excelencia Educativa –que ...

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

16 Ago 2017

Primer premio

7 8 9 4

DBDC

Serie: 14 Folio: 7

2o premio

6122

3er premio

5195

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código