DÍA INTERNACIONAL DE LAS FAMILIAS

Los derechos del menor: Noemí L. Castillo J.

La sociedad panameña debe romper muchos paradigmas –creencias– que se han hecho obsoletas, en particular en las prácticas de crianza infantil. Los niños ya no traen “un pan bajo el brazo”, ni tampoco son “una carga”, ni somos “sus dueños”.

Esa historia de que “la letra con sangre entra” y “que el rejo enseña” ha traído consecuencias devastadoras para muchos niños, jóvenes y adultos que recuerdan la violencia con la que fueron criados y que repiten el mismo patrón emocional con sus parejas, hijos y hasta con sus propios padres.

Los niños son regalos de la vida, a quienes debemos amar, proteger, respetar y contribuir a desarrollar hasta convertirlos en ciudadanos íntegros y responsables de sus actos.

Un gran paradigma es el castigo físico. Está legitimado en la sociedad panameña que los padres le pueden “pegar” a los niños y hasta los parientes, los maestros y cualquiera, como vimos recientemente, a un sujeto que agredió a un niño que estaba sentado. La mayor parte del castigo físico lo hace el agresor como resultado de su molestia o alteración emocional, y creyendo que a golpes va a enseñar la conducta correcta. Lo que está haciendo es enseñando a golpear y legitimando el abuso.

“Niños criados sin amor, adultos llenos de odio”. Ese es el resultado de muchos años de investigación psicológica. Vemos a jóvenes adolescentes armados y que delinquen a plena vista, robando autobuses o asesinando a sangre fría, ante la mirada impávida de los transeúntes.

Cuando miramos la historia de esos niños y jóvenes, invariablemente encontramos historias tristes de abusos físicos, malas palabras, golpes inesperados, insultos provenientes de aquellas personas que se supone que los amarían y cuidarían.

Muchos padres se excusan diciendo que los niños son traviesos y que “no les hacen caso”. Por eso se enfurecen y los castigan, porque no los pueden “controlar” y, entonces, emplean su poder de adultos, sin detenerse a entender las necesidades de un niño normal, que necesita conocer, explorar, tener iniciativas, desarrollar su inteligencia y su creatividad.

También queremos controlarlos en la escuela, donde los sentamos, los silenciamos, los hacemos tímidos o agresivos y resentidos, y no fortalecemos el desarrollo del carácter ni estimulamos el desarrollo sano de su autoestima y personalidad.

Duele ver cómo los niños son maltratados y abusados física y verbalmente. Los castigos se deben corresponder con la conducta. Si un niño roba debemos entender por qué lo hace y enseñarle el valor de la honestidad.

Le podemos enseñar a decir la verdad en vez de mentir. Si dialogamos, conversamos, le enseñamos con el ejemplo, los amamos, los respetamos y corregimos su conducta, con amor y disciplina, contribuiremos a formar a hombres y mujeres más responsables, íntegros, llenos de coraje y consideración con las personas, con el ambiente y la sociedad.

El amor, la comprensión, el apoyo, los buenos ejemplos y una educación basada en los valores y principios es lo que forma a buenos ciudadanos, respetuosos de su identidad y de su cultura. Eduquemos a los niños respetando su derecho a crecer y desarrollarse sana e integralmente.

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