SALARIOS POLICIALES

Una declaración desafortunada: Carlos David Abadía Abad

No puedo guardar silencio ante las declaraciones hechas por quien estuvo junto con nosotros en la lucha civilista, a finales de la década de 1980, me refiero a José Raúl Mulino, actual ministro de Seguridad Pública. Por la amistad que tenemos desde esa época, no sería correcto ignorar dichas declaraciones; espero que JR entienda que los amigos son los que te señalan los errores, no quienes los ocultan para congraciarse, falsamente, y hasta los celebran.

Anunciar que los comisionados y subcomisionados de la Policía Nacional tendrán salarios similares a los de los ministros y viceministros, respectivamente, es irrespetuoso en varios sentidos. Primero con los que ostentan esos puestos; segundo, porque eso indica que el jefe de la Policía Nacional tendría que ganar más que ellos –sus subalternos–, lo que significa que su salario sería más alto que el de su jefe inmediato, el ministro de Seguridad. También es un irrespeto porque el aumento supone un incremento salarial de entre 75% y 100%, mientras que el incremento salarial de la tropa no ha sido igual.

El anuncio del ministro me crea las mismas suspicacias que ya otros han expresado, en el sentido de que se está “comprando lealtad”. Recuerdo una anécdota que refuerza esos temores; se dice que cuando Omar Torrijos regresaba de México, tras el golpe que le habían dado en 1969, se detuvo en Nicaragua y allí su homólogo, Anastasio Somoza, le aconsejó que les diera buenas remuneraciones a sus oficiales para que estos les fueran leales.

Considero que el aumento de salarial anunciado por Mulino es un paso más hacia la militarización del país, que se inició durante el gobierno de Martín Torrijos cuando se creó el Servicio Nacional de Fronteras (Senafront) –que era un departamento más de la Policía Nacional–, otorgándole autonomía financiera y jerarquía. Aunque, por ley, el Senafront solo puede actuar en el área de las fronteras, ellos fueron desplegados en Colón, a raíz de las recientes protestas que se registraron en esa ciudad. Estas son las consecuencias de crear monstruos que después son incontrolables. Hoy estamos pagando las consecuencias de esa medida irresponsable del gobierno de Torrijos.

No podemos caer en el error de discutir este tema solo como un problema financiero; debemos analizar lo que significa y representa esta medida que le otorga a la Policía Nacional un estatus muy peligroso para nuestra democracia.

Es imprudente, porque mientras se le otorgan salarios de 6 mil y 7 mil dólares a un sector policial, tenemos a médicos subespecialistas que se preparan, académicamente, entre 12 y 14 años, ganando un salario inicial mil 516 dólares. Ellos deben laborar seis años más para entonces recibir un incremento y quedar en 2 mil 600 dólares. Otro ejemplo, los salarios de los arquitectos del sector gubernamental rondan los mil dólares y, en general, los salarios de los profesionales que trabajan en el sector público nunca superan los 5 mil 500 dólares. Los que se acercan a esa cantidad, lo han logrado solo después muchos años, a pesar de su preparación y del servicio que prestan.

La excusa de que los miembros de la fuerza pública arriesgan su vida, ya ha sido considerada; es por ello que tienen un régimen especial de jubilación, con solo 25 años de servicio, y su retiro ocurre cuando cumplen los 50 años de edad, poco antes o después. Además, cuentan con otros beneficios justos como préstamos hipotecarios a tasas muy bajas.

Creo que el Gobierno los puede ayudar de otras formas, por ejemplo, brindándoles capacitación para que cuando cumplan sus 25 años de servicio estén preparados para ocuparse de otros menesteres; también les puede otorgar becas de estudios con ese fin, bajo la condición de que perderían estos incentivos de ser expulsados de la Policía por delitos. Esto es muy diferente a la promesa del anunciado aumento salarial.

De concretarse dicho aumento, se generará una nueva crisis en el país, porque los profesionales del sector público, sean médicos, enfermeras, trabajadores de la salud, maestros, ingenieros, arquitectos, abogados y demás protestarán, con toda razón, y la solución será traumática.

Espero que el amigo José Raúl rectifique y plantee incentivos, como los que señalo u otros, de lo contrario el país se convulsionará nuevamente.

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