AMOR PATRIO

De los dientes para afuera: Berna Calvit

Una inusual conjunción de situaciones relacionadas con nuestro himno nacional y el poema Patria, de Ricardo Miró, en fechas cercanas a la celebración de las fiestas de la patria mantiene vivas apasionadas polémicas. Y como consecuencia parece haber despertado en los panameños un gran amor por la patria y sus símbolos, lo que me tiene sorprendida. Este asunto me trajo el tierno recuerdo de mi hija, que cuando tenía cuatro años me dijo muy ceremoniosa que me quería “recitar una recitación” que había aprendido en la escuelita; hizo una reverencia y con grandilocuencia recitó, llena de fervor patriótico, el poema El 3 de noviembre, que dice: “El 3 de noviembre viene, el 3 de noviembre va [aquí un profundo suspiro y brazos extendidos], y yo con mi banderita [agitando la imaginaria bandera], saludo a Panamá” [al final casi un gritito emocionado y brazos cruzados sobre el pecho]. ¡Qué perfección, cuánto arte! En ese momento me parecía estar ante una futura Berta Singerman, la famosa declamadora argentina que hace muchísimos años oía en la radio en uno de los programas culturales que en aquellos tiempos, antes de que existieran la televisión y la internet, eran parte del repertorio radiofónico. Una de las neuronas que custodian mis archivos mentales rescató el nombre de la actriz y declamadora de la que, hasta hace unos días, solo recordaba por su voz declamando, entre otros poemas, Tú me quieres blanca, de Alfonsina Storni y Los motivos del lobo, de Rubén Darío.

Esta ventolina de patriotismo empezó cuando una jovencita intentó, con mal resultado, cantar el himno de Panamá al inicio de un encuentro de boxeo en el que, por cierto, perdió el título nuestro campeón; no sé si la joven sufrió un ataque de pánico escénico o falló porque no se sabía el himno. Días después, durante la ceremonia de Musa Awards que incorpora al compositor panameño Omar Alfano al Salón de la Fama, Erika Ender, joven panameña que brilla en el mundo de la farándula musical como compositora y cantante, se luce, a mi juicio, al cantar nuestro himno respetando la letra pero con una versión musical suya bellamente lograda. Sin aplacarse las polémicas en los medios y redes sociales por el himno nacional, para “ponerle la tapa al pomo”, en la formalidad de la premiación Ricardo Miró 2014, la declamadora sufrió, parece, un lapsus memoriae (que todos sufrimos de vez en cuando) y el poema Patria, de Ricardo Miró, cuya memoria honra el concurso, tomó mal rumbo. En casos así, lo apropiado es pasar por alto el fallo; en las obras de teatro (o en programas “en vivo”) estas situaciones no son raras; a veces los actores olvidan sus líneas y recurren a la improvisación, o son sacados del apuro por otro actor. A mi juicio la interrupción mostró falta de tacto y de conocimiento sobre cómo actuar ante una situación así; o tal vez la directora del Instituto Nacional de Cultura fue presa de nerviosismo en su primera experiencia en un acto tan solemne. Que se sirviera de su celular para tratar de leer el poema sumó puntos negativos y fue poco afortunada “la toalla” que le prestó la directora del Departamento de Letras. Se convirtió en noticia que corrió como pólvora lo que pudo haber pasado inadvertido para muchos en el público; y dudo que por la categoría del evento, alguien se hubiera atrevido a gritar ¡la declamadora se equivocó! Para probar mi memoria me grabé recitando Patria que recité “completita”, pero no en el orden correcto por causa de una memoria traicionera.

Aunque tenía mi opinión formada sobre los incidentes a los que me refiero al inicio de este escrito, quise saber si también han sucedido en otros países. En la VI Cumbre de las Américas, Shakira cambió algunas palabras del himno, pero los altísimos dignatarios presentes “se hicieron los suecos” con suma elegancia. Encontré en You Tube el himno colombiano en cumbia y en reguetón; La Marsellesa ejecutada en tiempo de jazz y cantada de diversas maneras por famosos; a Joao Gilberto, el gran músico brasileño, guitarra en mano cantando su himno. Solo el compositor y cantante Charly García enfrentó un juicio por “ofensa a los símbolos patrios” al incluir en un álbum una versión del himno adaptada a la estética del rock, la que finalmente fue avalada por las autoridades.

Creo apropiado que en una ceremonia formal se interprete la versión oficial del himno; pero considero inmerecido ser sancionado o amonestado por una variación que no desvirtúa la versión musical original ni modifica su letra; especialmente si se realiza en actividades deportivas o artísticas como la Musa Awards en la que Erika Ender honró con sentimiento y bella voz nuestro himno. Vamos, señores, irrespetar a Panamá no es equivocar un poema o darle un giro musical a un himno. Irrespetar el Panamá que dice amarse, es saquear los fondos públicos; ensuciar su reputación; no proteger y defender sus intereses y su seguridad; no conocer su historia y la de los hombres que la engrandecieron. Eso es amar a Panamá “de los dientes para afuera”. Lo que hace falta es que la llevemos “por doquiera dentro del corazón”, como lo hizo Ricardo Miró.

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