GESTIÓN DE GOBIERNO

´Es que aquí es diferente´: Arturo de la Guardia Vial

Al parecer, las diferencias entre nuestro Gobierno y algunos medios de prensa han llegado a un punto terriblemente bajo. Desde hace ya más de dos años, los ciudadanos hemos visto cómo ha escalado ese deterioro en sus relaciones.

El gobierno del presidente Ricardo Martinelli alega que es tratado injustamente y muchas de las personas en su alrededor piensan que existe algún motivo escondido por parte de algunos periódicos y canales de televisión para denigrar la imagen gubernamental. Cada vez hablan más de la justificación de limitar los poderes de la prensa, de exigir que los periodistas identifiquen sus fuentes y de imponer sanciones por publicar noticias falsas. Los medios afectados, en cambio, sienten que el Gobierno los está intentando callar o intimidar.

El rol de los medios de comunicación en nuestra sociedad es mantenernos informados de lo que sucede. Muchas veces, los periodistas se dejan llevar por alguna historia; no es secreto que consultan a fuentes poco creíbles, pero con excelentes historias, y que a veces se llegan a conclusiones basadas en pistas dudosas y datos errados.

Es difícil para un periodista entender que cuando reporta una historia sobre un individuo y la información que recibe no es verdadera la reputación de esa persona sufre.

A pesar de las críticas que se le puedan hacer a los medios, debemos tener claro que el Gobierno no debe seguir ese peligroso camino. Los países desarrollados y exitosos, como Inglaterra, Estados Unidos y Suecia, tienen normas que protegen a los medios de comunicación. Los países subdesarrollados y estancados se concentran en hacerle la vida imposible a los periodistas. Son los líderes paranoicos de Venezuela, Ecuador y Zimbabwe los que no aceptan críticas y no toleran a la oposición. Cuando se le pregunta a ciertos diputados y altos funcionarios del Gobierno sobre este tema, muchos dicen que Panamá es diferente. He escuchado que Panamá es muy chiquito y peligroso, porque pocos medios controlan al país y a la opinión pública. Otros dicen que aquí es diferente, ya que si un periodista daña tu reputación por una noticia falsa o injusta no puedes hacer nada.

Hugo Chávez también piensa que Venezuela es diferente, porque hay mucha influencia de Estados Unidos sobre los dueños de los medios de prensa. Rafael Correa, de Ecuador, igualmente considera que allá es diferente, pues pocas personas de la oposición controlan los medios. El presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, también tendrá sus razones para pensar que su país es diferente y que, por ende, él tiene derecho a limitar los poderes de la prensa.

La razón por la que la popularidad de nuestro Presidente es baja no es culpa de los medios. Después de las elecciones, la mayoría de la población lo apoyaba, incluso mucho después de que comenzaran a criticarlo; su popularidad cayó por casos como el de Valter Lavítola, porque el Gobierno parece hacer todo lo posible por ponerlo debajo de la mesa (como si nada hubiese pasado), mientras la Fiscalía italiana condena a prisión a aquellos que hace poco se tomaban fotos con nuestros altos funcionarios. La única persona que llegó a los tribunales de justicia fue una dirigente opositora que obtuvo varios email vergonzosos de los intercambios entre nuestros gobernantes y extranjeros que han sido condenados por corrupción en su país.

También vimos cómo se permitió que una empresa dejara que sus camiones fueran utilizados para intimidar a este medio de comunicación, y nadie del Gobierno hizo siquiera un gesto de solidaridad con los afectados.

Debe ser frustrante para nuestros mandatarios ver que después de todas las obras de infraestructura, de los metrobuses, del metro, del 100 a los 70 y otras obras populares que han hecho, la mayoría desapruebe su gestión. Encima, ven que los medios solo destacan las noticias negativas.

Cuando a Lula de Silva, expresidente de Brasil, le preguntaron cómo hacía para manejar las críticas, ya que los diarios de su país lo atacaban constantemente, él respondió: “cuando uno hace una buena gestión, la gente lo reconoce”. Él, a pesar de las duras críticas, finalizó con altos niveles de popularidad entre todos los sectores de la población. Nuestros gobernantes podrían aprender algo del Sr. Lula.

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