RECOMENDACIONES

Al oído de la directora del Inac: Ana Elena Porras

Después de larga espera y aliento contenido por la esperanza, la comunidad dedicada a la cultura de Panamá recibió la noticia sobre la nueva directora del Instituto Nacional de Cultura (Inac) a quien no conocemos todavía y que esperamos sea una joya por descubrir y apoyar.

Es triste el valor secundario asignado a las noticias del Inac, tanto por los medios de comunicación como por las autoridades del gobierno entrante, formado en gran parte por ingenieros y gerentes de empresa (¿por qué la exclusión de humanistas y académicos sociales en las carteras de su competencia?). Mientras esto ocurre en Panamá, la planificación de políticas culturales son ejes fundamentales para el desarrollo, construcción de identidad nacional, autoestima individual y colectiva, solidaridad y conciencia ciudadana en casi todo el mundo. Desde las grandes potencias, hasta los organismos internacionales y países en desarrollo, reconocen en dichas políticas instrumentos eficaces para combatir la criminalidad y generar desarrollo humano y paz.

Reconociendo que nado contra la corriente fundamentalista del mercado que impera en nuestro país, con un poco de esperanza debido a la doctrina social que, aunque confesional, acompaña al nuevo gobierno, hago estas recomendaciones para impulsar al rezagado Inac:

1. Crear un Ministerio de Cultura. Es necesario el desarrollo institucional del sector, al más alto nivel, para optimizar su acceso a la toma de decisiones de Estado, que alcance un presupuesto suficiente y ocupe su autonomía y especificidad, mientras impulsa la homologación institucional que equilibre la administración pública y, en lo internacional, levante la imagen de Panamá. La cultura, como la educación, la salud y demás ministerios sociales, no debe entregarse a la voluntad-responsabilidad del sector privado. Cada uno tiene lógica, metas, visión y valores diferentes.

2. Desde una posición de fuerza y autonomía institucional, el Ministerio de Cultura podrá elaborar el plan de política cultural de la nación, desde la perspectiva de potenciar: autoestima colectiva, identidad nacional, interculturalidad, desarrollo humano y paz.

3. Este paradigma de la cultura panameña para el siglo XXI, como marco teórico del plan maestro, debe considerar el equilibrio de la trilogía entre el Estado, la nación y el mercado, evitando que ninguno se trague a los demás. En estos tiempos, el fundamentalismo del mercado parece haber engullido al Estado (convirtiéndolo en negocio) y a la nación (en una sociedad de vendedores y consumidores). El nuevo Inac tiene el reto de reinventarse, vistiendo de nacionalismo intercultural, de calidad y equidad, con innovación de planes integrales y sociales.

4. Estos postulados conducen a la apertura de casas de cultura para jóvenes, niños y adultos, con prioridad en las comunidades de mayor riesgo social y pobreza, así como en las cárceles. Allí se debe procurar espacios para la exploración y aprendizaje de la música, danza, artes plásticas y escénicas, cine, literatura, filosofía y la historia; con talleres de lectura y redacción; con enfermería y orientación psicológica. ¿De dónde obtendremos el presupuesto? Dejemos de subvencionar casinos, parrandas de Estado, negocios de dudoso beneficio para el país, mientras calculamos lo que ahorremos en delincuencia, embarazos precoces y desempleo juvenil.

5. Recuperemos los museos, que son instrumentos pedagógicos, espacios de reflexión y autoconocimiento, de difusión y turismo, con prioridad en el Reina Torres de Araúz. Hoy los únicos museos de calidad son los del Canal y el de la Biodiversidad, que tienen en común el mensaje que exalta y reduce a Panamá como puente biológico y ruta comercial, respectivamente, excluyendo la milenaria historia de los pueblos originarios y sus culturas, el largo y aguerrido proceso de construcción de la sociedad e identidad panameña, que solo el Marta puede articular con sus colecciones arqueológicas, históricas y etnográficas. El desarrollo de los museos no solo enriquecerá la oferta turística, sino que impulsará el autoconocimiento de nuestra propia valía como nación y el respeto por la multiculturalidad.

6. Debemos restituir el valor de patrimonio histórico de la humanidad del Casco Antiguo, amenazado por la gestión del gobierno pasado y la complicidad del Inac. Hay que superar el elitismo hispanista inherente al concepto de patrimonio cultural, incluyendo ahora los espacios y culturas populares de Santa Ana y El Chorrillo, como un todo integral con San Felipe. Además de incluir historias de la nación rural y comarcal, con el pluralismo y multiculturalidad que reclama el siglo XXI.

7. Impulsemos políticas para el desarrollo desde estrategias de turismo cultural sostenible. Ellas abren oportunidades de negocio y participación a las comunidades de bajos recursos, residentes en las inmediaciones de los sitios históricos y culturales, en apoyo al turismo (interno e externo), en que la inclusión popular se valore, facilite e impulse desde el Inac.

8. Rescatemos las iglesias coloniales, sitios y monumentos vernaculares y tradiciones populares, a través de la descentralización administrativa y la participación comunitaria. Compartir la gestión con los municipios es una estrategia crucial para garantizar la sostenibilidad de la restauración, protección y mantenimiento del patrimonio cultural de la nación.

9. Promovamos congresos y encuentros culturales para debatir y dialogar sobre la multiculturalidad, interculturalidad, la identidad del país, diversa, plural y también mestiza y sincrética.

10. Implementemos políticas de comunicación cultural e histórica sobre Panamá como nación aluvional, de múltiples y sucesivos encuentros, con un mensaje asertivo y de autovaloración.

11. Habrá que promover investigaciones arqueológicas, históricas, folclóricas y etnográficas, así como la reflexión filosófica y humanística, en torno a las poblaciones y culturas, en colaboración con las universidades nacionales e internacionales.

12. Rescatemos la celebración del Carnaval como legítima expresión de la cultura y el folclor panameño. La concesión, como botín, a quienes nada saben de esta cultura y tradiciones, y su entrega al monopolio de las televisoras han destruido su carácter artístico y humor popular, al prohibir y eliminar a personajes característicos (diablos y resbalosos, la gigante pareja de orejanos, Tiburcio y Domitila, etc.), lumpenizándolo con las tarimas que opacan los desfiles y concentran enormes masas de espectadores consumistas, que antes eran actores espectadores. El Carnaval ha venido en picada, incrementando su mirada sexista, prostituyéndose, cuando en su propia tradición panameña encontramos estética y burla carnavalesca sin degradación humana.

13. También debe defender el Inac, junto con las autoridades de planificación urbana, los espacios públicos de entretenimiento, descanso, protesta y reflexión del pueblo (parques, miradores, plazas y paseos) sin eliminarlos ni reemplazarlos, mucho menos, por centros comerciales que solo buscan reducir a la nación panameña a simple consumidora.

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