REFLEXIÓN

¿Estamos dispuestos a vivir presos de la sociedad?: Dovi Eisenman

Hemos conocido los casos de personas que hace poco fueron víctimas de la delincuencia. Algunas se han tomado la tarea de enviar, por medio de sus redes sociales, las fotos y los videos de sus experiencias para prevenir a los demás.

Ante este problema, las autoridades le recomiendan a la ciudadanía mantener la cordura y evitar ser alarmista. Pero la realidad es que al despertarnos y al acostarnos, lo hacemos con las noticias de hechos preocupantes, que demuestran que algo malo ocurre. Se responsabiliza de esto a la migración de extranjeros, al Gobierno, a las drogas, a las pandillas o a los demás.

Lo cierto es que las sociedades fracasan cuando no se tienen valores ni principios y, sobre todo, cuando predomina la escasez de oportunidades.

En Panamá no se garantizan las necesidades básicas en cuanto a salud, debido al deficiente sistema público que limita la atención de los pacientes que van en busca de tratamiento a sus dolencias. Hay personas que no tienen nada que comer y otras que carecen de un techo bajo el que resguardarse de las inclemencias del tiempo y, por si fuera poco, el sistema de educación estatal no le garantiza un futuro prometedor a los niños y jóvenes.

Si los niños, en vez de vivir en familia crecen en las calles, y el sistema penitenciario recibe a todos los reos para guardarlos por un tiempo, “lejos de la sociedad”, pero sin planes para reformarlos, no podemos esperar un resultado diferente al que vivimos ahora.

No deja de ser cierto, entonces, que le debemos exigir al Gobierno más seguridad efectiva en las calles, con medidas de prevención eficientes, acceso a las oportunidades básicas para todos los ciudadanos, y un sistema penitenciario que realmente reforme al delincuente.

Sin tener que ir muy lejos, podemos comprobar que trabajando con la comunidad se puede combatir con eficacia la delincuencia. Curundú, una zona que hasta hace unos años estaba secuestrada por la delincuencia, logró cambiar de manera positiva gracias al trabajo de organizaciones civiles y a la policía comunitaria, que a diario realiza proyectos en pro y beneficio de los habitantes.

Podríamos contar con toda la fuerza policial, desplegada en retenes o haciendo rondas en las calles, pero si dejamos a un lado la tarea de trabajar en los barrios, de brindar a los pobladores los recursos y las herramientas que requieren; si no practicamos la educación dirigida a la familia, sobre todo a los niños y jóvenes, para que ellos puedan pensar y esculpir un mejor futuro, muy pronto seremos presos dentro de nuestra propia sociedad.

No olvidemos que la familia es la base de toda sociedad.

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