EL MALCONTENTO

La educación perdida: Paco Gómez Nadal

La educación perdida: Paco Gómez Nadal La educación perdida: Paco Gómez Nadal
La educación perdida: Paco Gómez Nadal

Latinoamérica ha regalado a la historia magníficos pedagogos y terribles gestores de la educación. Quizá porque se sembró el mito de la educación como siembra emancipadora que sacaría de la pobreza y la ignorancia (teórica) a pueblos enteros mientras las élites clásicas solo querían mano de obra un poco “civilizada” que les causara los menores “problemas” posibles.

De estas tierras fértiles son Andrés Bello o Justo Arosemena, Germán Caro Ríos o María Isabel Carvajal, José Daniel Crespo o Eugenio María de Hostos, José Manuel Hurtado o Gabriela Mistral, Octavio Méndez Pereira o José Martí, Paulo Freire o Juana Manso. Ellos y ellas dejaron un pensamiento pedagógico y una praxis ejemplar, pero no fueron quienes determinaron el rumbo de los sistemas educativos nacionales, tan influenciados por políticos al servicio de la economía y por empresarios al servicio de su propia angurria.

Escribía José Martí: “¡De memoria! Así rapan los intelectos, como las cabezas. Así sofocan la persona del niño, en vez de facilitar el movimiento y expresión de la originalidad que cada criatura trae en sí; así producen una uniformidad repugnante y estéril, y una especie de librea de las inteligencias”.

Martí, brújula más olvidada que publicitada de nuestra América, denunciaba así un modelo educativo aún imperante que castra personalidades y convierte a niñas y niños en repositorios de listas de saberes que solo son útiles para atrofiar la imaginación y evitar cualquier camino de emancipación personal y colectiva. “En vez de poner ante los ojos de los niños los elementos vivos de la tierra que pisan, los frutos que cría y las riquezas que guarda, los modos de fomentar aquellos y extraer estas, la manera de librar su cuerpo en salud de los agentes e influencias que lo atacan, y la hermosura y superior conjunto de las formas universales de la vida, prendiendo así en el espíritu de los niños, la poesía y la esperanza indispensables para llevar con virtud la faena humana… los atiborran en estas escuelas de límites, de Estados e hileras de números, de datos de ortografía y definiciones de palabras”. Este texto de Martí, de 1886, podría ser aplicado a casi cualquier modelo educativo vigente en las tierras que soñó unidas y libres.

Por eso vivimos del mito de la educación y nos hacemos preguntas retóricas: ¿Por qué no se ve el resultado de la inversión económica en el sistema? ¿Por qué abandona sus estudios la mitad de los jóvenes de media y premedia? ¿Por qué construir nuevos planteles o contratar a más maestros no parece suficiente para fertilizar el estéril territorio educativo?

Los asesores del sistema (que deberían perder su empleo por el alto grado de fracaso que acumulan) suelen recomendar la adaptación de los currículos a las necesidades del mercado laboral. Y tiene razón. El ciego mercado laboral reclama dos características de los graduandos y el sistema educativo actual solo proporciona una. El mercado necesita esclavos laborales sumisos con altos conocimientos técnicos. Nuestros centros educativos, para sus desgracia, solo expulsan esclavos sumisos, pero con deficiencias evidentes en la “memorización” de los conocimientos técnicos.

En esa línea han ido caminando todas las reformas promulgadas en Panamá y en el continente en las últimas décadas. Y el fracaso es monumental. Porque la educación, para no ser una educación perdida, debe tener el foco en el ser humano y no en el mercado laboral o en los delirios de los gobernantes. Se preguntaba Martí: “¿A qué leer, si no se les infiltra la afición a la lectura, la convicción de que es sabrosa y útil, el goce de ir levantando el alma con la armonía y grandeza del conocimiento? ¿A qué escribir, si no se nutre la mente de ideas, ni se aviva el gusto de ellas?”. Alma, emociones, creatividad… palabras repetidas por los “expertos” en sistemas educativos que las vacían de contenido al escupirlas. Palabras, conceptos, que hay que rescatar de las garras de este devorador semiótico en el que se ha convertido el discurso oficial.

El debate, que casi ningún país quiere abordar, es sobre el fondo, sobre el concepto del sistema educativo. Y mientras esa discusión no se dé a fondo, aprovechando los inmensos y plurales saberes pedagógicos del continente nada de valor sucederá para nuestras niñas y niños. Nada. Los centros escolares seguirán siendo contenedores de infantes hasta que los convirtamos en obreros, en aseadoras, en operadores telefónicos, en obedientes jardineros de las casas que nunca tendrán.

La educación perdida se cocina en los ministerios, fuera, en la periferia de la oficialidad. Latinoamérica sigue siendo pionera en las nuevas pedagogías. Para quien dude de ello y para quien necesite soñar con otro estado de cosas, le recomiendo ver el documental La educación prohibida (www.laeducacionprohibida.com) y así constatar que mientras poder y medios se hacen preguntas retóricas, fuera de la zona visible, hay cientos de maestros y maestras sembrando otro modelo más humano, más necesario, más nuestro.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

20 Sep 2017

Primer premio

7 6 3 4

BAAB

Serie: 14 Folio: 4

2o premio

8739

3er premio

8290

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código