ENFOQUE PEDAGÓGICO

Sobre la educación sexual: Eduardo Espino López

Para el ser humano la sexualidad es una poderosa fuente de motivación conductual y juega un importantísimo rol en la conformación de la identidad, en el plano más íntimo. Es una dimensión de la vida que guarda estrecha relación con el bienestar físico y psíquico del individuo en proceso de crecimiento y desarrollo, el adolescente, así como en el sujeto que alcanza la madurez e incluso la vejez.

Es un poderoso catalizador de las relaciones interpersonales y de intensas satisfacciones fisiológicas y psicológicas, en especial de tipo afectivo. Por lo tanto, la sexualidad en sus vertientes biológica, psicológica, sociocultural y espiritual debe ser un asunto primordial en la educación de los estudiantes, pues la salud corporal y mental va acompañada de una sexualidad sana. Definida esta como el ejercicio pleno de la corporeidad y el psiquismo para la satisfacción psicofisiológica y emocional durante el contacto íntimo o simbólico con otro ser humano. Implica un acto voluntario, consentido y libre, sin daño físico, emocional y moral de las personas.

Si hay un dominio de la vida humana que ha sido objeto de tantos mitos, censuras y divulgación de información inexacta es la sexualidad. En la cultura judeo-cristiana ha sido sometida a una intensa red de prescripciones y prejuicios morales a lo largo del tiempo. No obstante, hoy pasamos de la mojigatería y el moralismo censurante y excluyente a una visión relativista, vacía y alienante del sexo. En vez de sexualidad, muchas veces lo que predomina es el sexismo manipulante e ideologizado hasta lo absurdo y risible en la sociedad posmoderna en crisis.

La educación en Panamá no ha tenido mayores cambios en cuanto al enfoque pedagógico y metodológico. Persiste la enseñanza de aspectos anatómicos y fisiológicos en la primaria avanzada y la secundaria, sin una correlación de conceptos biológicos y desarrollo personal, y sus profundas implicaciones en la vida. En algunas escuelas privadas, incluso católicas, hay una aproximación más adecuada de lo que debería ser la enseñanza de este tema.

En Panamá, el anquilosado sistema educativo hace poco hincapié en el estudio integral de la sexualidad y, de forma indirecta, permite que actores y factores alejados de una guía académica, moral y psicológica adecuada hagan del tema un asunto informal, lleno de mitos y confusión. La familia no alcanza a jugar un rol acorde con los tiempos. Hay ignorancia parcial del tema, en algunos casos, y en otros, un abrumador cientificismo y biologismo, rico en terminologías redundantes que funcionan como excusa de una moralidad y ética pretendidamente científica, que forma la base de una ideología relativista y multiculturalista inspirada en una supuesta diversidad inclusiva.

La sexualidad debe enseñarse desde la edad preescolar, en sus aspectos anatómicos esenciales, las diferencias inherentes a los sexos, la complementariedad de ambos, el papel que la cultura le da a la conducta sexual, sus expectativas sociales y fines básicos. En la escuela primaria, es prioritario ahondar en la anatomía y fisiología e introducir el desarrollo de la personalidad y su conexión con la conducta sexual. La heterosexualidad, como base de la vida social y familiar; la anticoncepción; el aborto y sus aristas éticas y sanitarias; las variaciones de la conducta sexual y sus posibles causas deben tratarse en la secundaria. El tema de la homosexualidad debería tener un enfoque humanista y científico, en consonancia con los conocimientos más recientes de que hay fuertes determinantes prenatales y genéticas que pueden dar como resultado estas variantes minoritarias de la orientación sexual humana. La necesidad de búsqueda de consejería, comprensión y neutralización temprana a problemas psíquicos, resultado de discriminación, aislamiento y falta de aceptación de sí mismo o de familiares, debe formar parte del enfoque de una educación sexual comprensiva y humanista en cuanto a la homosexualidad.

El tema de la libertad sexual responsable y auténtica es un punto en el que hay que insistir, dejando de promover conductas y estilos de vida determinados. Cada persona debe seguir su camino bajo la guía de criterios éticos y científicos.

En Panamá se ha optado por reforzar la educación sexual a través de un mecanismo político: promulgar una ley en la que se establezcan derechos, mientras el Estado asume más deberes para proteger a los menores de una supuesta interferencia indebida de padres y terceros contra los menores de edad, que tienen derecho a decidir sobre su vida sexual y reproductiva. Hay quienes creen que los embarazos y el sida se combaten con conferencias magistrales científicas. El problema no es tanto de información, sino de su pertinencia y acoplamiento con importantes elementos de desarrollo psíquico y cognitivo en el ciclo vital humano. Los cambios de actitud se dan por el empoderamiento de los interesados en su conducta a través de enfoques conductuales y comunitarios, no solo analizando artículos científicos. Nada más absurdo. Aun cuando la familia hoy día esté en profunda crisis, un sujeto sin madurez emocional e intelectual no puede ser dejado a su criterio, a pesar de sus padres. Una ley es una receta para la confrontación política y la puja de grupos que quieren sobresalir y obtener ventajas vendiendo ideologías “de avanzada”, promoviendo estilos de vida con una alta carga de trastornos emocionales. Si la familia tradicional fracasa no quiere decir que estilos alternativos sean necesariamente exitosos, lo que importa es que haya criterios básicos de acción, con o sin familias alternativas. Una cosa es reconocer el problema y otro dejar por inercia que se entronice la confusión. Aun es prematuro para medir en su justa dimensión las consecuencias de las parejas homoparentales, ya que es una temática de apenas un lustro en el mundo. No se necesita una ley para reforzar la educación sexual. Con un decreto que establezca una guía de discusiones con los distintos grupos que tienen algo que decir respecto a la conducta sexual y reproductiva se puede elaborar un programa de educación con ajustes flexibles según cada entorno escolar. Se ha perdido tiempo en batallas de agendas de intereses y otra vez pierden la niñez y la juventud panameñas.

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