Mañana: Café con La Prensa sobre la reestructuración de la ciudad de Panamá

DESCONFIANZA

El efecto Varela

Hace ya casi dos años que el pueblo panameño viene denunciando, a través de los medios de comunicación social, en las calles y en la plaza pública, su reiterada sospecha de que el actual gobierno (el régimen de “mando personal” de Juan Carlos Varela), ni legisla ni gobierna a favor del bien común.

La sospecha se ha tornado en realidad. El presidente del también autodenominado, “Gobierno decente y transparente”, parece estar convencido de que no puede hacer un papel normal de gobernante, que no tiene fuerza de opinión suficiente dentro de la política constitucional usando las instituciones establecidas.

Todo Panamá sabe que el gobierno de Varela, desde sus inicios, dejó de lado su supuesto papel de compromiso con “el pueblo primero”, como se habría definido frente a su responsabilidad histórica. Sin embargo, contrario a lo esperado por el pueblo esperanzado, pronto afloró y se incrementó escandalosamente el nepotismo, la corrupción, el amiguismo, los favoritismos y la incapacidad para gobernar, como corolario del comportamiento oficial.

De igual manera, por la falta de un gabinete de ministros competentes, por la falta de coraje en la toma de decisiones, de tolerancia, de mesura, de buen sentido, de una adecuada y científica planificación de política educativa, económica y social; por ese empeño que pone en equivocarse siempre (contumaz), “el efecto Varela” ha resultado un gran fiasco.

No cuenta con buenos asesores ni consejeros y, en vez de corregir la mala fortuna con alguna nueva empresa medianamente sensata y aceptable, pretende, cual Sansón al rape, sepultar en su propio fracaso nuestra todavía incipiente democracia, que es lo mismo que decir toda la vida pública panameña.

En general, el gobierno de Varela, en breve lapso, ha degenerado en una política personalísima, que ha puesto en duda la separación de los poderes del Estado panameño.

Al fin y al cabo, los ministros del gabinete y demás altos funcionarios de la administración, llevan todavía en la mano programas, principios jurídicos, proyectos internacionales, igual que los bailarines, cuando abandonan en las madrugadas carnestolendas el baile de máscaras, llevan en la mano el antifaz.

En realidad, quisiéramos algún día proporcionarnos el insólito placer de dar la razón al actual gobierno en reconocimiento a algún mérito o acierto. Pero ¿cómo llegaremos nunca a reconocerle acierto alguno, si el “gobierno Varela” renuncia a presentar evidencias de que legisla y gobierna para las grandes mayorías nacionales?

Repase, quien quiera, las leyes aprobadas por el actual régimen (la de contrataciones públicas, por ejemplo), los pronunciamientos y actuaciones de la Presidencia de la República y de los más altos personeros de su gobierno y díganos si la actitud asumida por ellos se compadece o no con las más caras aspiraciones del sufrido pueblo panameño.

Todo lo que la dirigencia del régimen de “mando personal” de Juan Carlos Varela entrega a la opinión pública se basa en una confusa retórica saturada de improvisaciones, de “legalismos o leguleyadas”, más o menos formales, en desmedro del aspecto moral, de lo social y de lo esencialmente humano, como estímulo para la verdadera convivencia democrática. Lo demás son improperios, gesticulaciones, desdenes, amenazas, persecuciones, rabia, rencor, codicia, frenesí e iracundia.

No sabemos si la desconfianza de la opinión pública, el resultado adverso de las últimas encuestas nacionales, las frecuentes manifestaciones de descontento popular por la falta escuelas en buenas condiciones físicas y de docentes en las aulas; la escasez de agua potable, el pésimo servicio de salud, transporte público y de la basura; el menosprecio de las actividades agrícolas; los cuestionamientos empresariales, las huelgas y paros les habrán servido de advertencia a los actuales gobernantes, porque a pesar de los últimos acontecimientos que han sacudido la conciencia patriótica y cívica del país (el tan cuestionado nombramiento de dos magistrados en la Corte Suprema de Justicia, el escándalo causado por la firma de abogados Mossack Fonseca, íntimos amigos del presidente Varela, y muchas otras cosas más, ponen de manifiesto que el gobierno “decente y transparente” se dispone a hacer lo que le venga en ganas. Vale decir, ¡hacer politiquería, sin velo ni disfraz!

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