CULTURA NECESARIA

El emprendedor de verdad: Osmand Charpentier Jr.

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Después de las palabras internet, website, email o blog existen pocos términos que hayan sido tan capaces de invadir nuestro día a día como emprendedores o entrepreneurs.

Vamos con algunos ejemplos: empowerment, muy vinculado al intraemprendimiento, que define el proceso por el que los empleados son dotados de poder de iniciativa y toma de decisiones; business intelligence, es el conjunto de herramientas que facilita la toma eficiente de las decisiones que hablábamos antes; enterprise resource planning o ERP, que aparece como un sistema integral de información de las secciones clave de un negocio; know-how o saber hacer, y freelancer o trabajador autónomo. El vocabulario crece y se multiplica con conceptos como start-up, business angels o venture capital, cuyas traducciones literales en español suenan ridículas: “empieza a tope”, “ángeles inversores” o “capital venturoso”.

Por las grandes historias de éxitos mundiales de personajes como Steve Jobs, fundador de Apple; Mark Zuckerberg, fundador de Facebook; o Bill Gates, fundador de Microsoft, en Panamá se está volviendo un tema trendy el emprendurismo o el ser emprendedor o entrepreneur, palabra del lenguaje francés. Se ha puesto tan de moda que hoy en todos los currículos se coloca el atributo “emprendedor”, como parte del perfil de la persona, lo que podría ser más bien apariencia. Hay quienes pretenden ser llamados emprendedores cuando no son más que humo, advenedizos que aprovechan una ola creada por otros empresarios.

En general, todos los seres humanos tenemos capacidad de ser emprendedores y hay de todo tipo de emprendimientos. Se podría decir que ir a la escuela o a la universidad es una forma de esto; irse de viaje, plantar un árbol, casarse y formar familia también, pero hoy esta palabrita se utiliza en todo el mundo para describir cierta habilidad humana en los negocios y el desarrollo de un ecosistema que genera empleo y bienestar económico, fruto de la implementación de ideas innovadoras de negocios de emprendedores de verdad que generan valor a los mercados en que se enfocan.

Mi intención no es herir susceptibilidades, pero como los panameños pecamos de alimentarnos mucho de las apariencias, quiero humildemente, y sin ganas de crear polémica, diferenciar qué es ser, o no, un emprendedor de verdad. Es decir, tener ideas innovadoras de negocios según la tendencia actual:

1. Planificar, organizar, dirigir y controlar una empresa no es ser emprendedor, es ser administrador.

2. Recibir el negocio ya hecho de un padre o un abuelo no es ser emprendedor, es ser empresario por herencia.

3. Tener una idea de un producto o servicio nuevo o mejorado no es ser emprendedor, es ser inventor o innovador.

4. Enseñar teoría de emprendimiento no es ser emprendedor, es ser un profesor.

5. Fundar una empresa para comprar manzanas y luego revenderlas, eso no es ser emprendedor, es ser comerciante.

6. Tampoco tener un título de especialista en emprendimiento o escribir una columna en un periódico o en un blog en internet o ser parte de un club de amigos te hace un emprendedor de verdad.

La buena noticia es que todo lo anterior forma parte y contribuye al ecosistema de emprendimiento. En fin, desde mi experiencia personal, un emprendedor de verdad es un individuo que no depende de su género, edad, nacionalidad ni de su condición social. Es aquel individuo que ve un potencial de negocio en una idea, puede ser propia o no, y la desarrolla solo o busca quién le coopere facilitando la integración, pues está claro que uno no lo sabe todo ni lo puede hacer todo.

El emprendedor de verdad arriesga fondos propios o los consigue para poder implementar la idea; sabe aprovechar y optimizar los recursos, normalmente escasos, que puede conseguir a su alrededor cercano para alcanzar sus objetivos; es curioso, abierto y práctico; tiene iniciativa, actúa, logra, cumple y entrega; escucha consejos, buenos o malos, y le saca el jugo a lo mejor de la información que obtiene, ya sea de mentores o de cualquier persona que le transmita conocimientos.

El emprendedor de verdad es aquel que ante el fracaso de una idea se levanta y continúa con otra. Es más, él tiene varias ideas en mente que prioriza y desarrolla de forma gradual y paralela. Se vuelve entonces un emprendedor serial, de modo que si alguna de las ideas se vuelve un producto o servicio exitoso y evoluciona en una empresa, o decide su venta a un inversionista mayor, esto le hace recuperar lo invertido en aquellas de su portafolio que no llegaron a feliz término y reinvertir en aquellas que aún tienen potencial.

El emprendedor de verdad lanza nuevos proyectos propios con autonomía, capacidad de asumir riesgos, responsabilidad, intuición, proyección al exterior y con capacidad de reaccionar y resolver los problemas. En fin, sabe llevar a cabo proyectos de otros con el mismo espíritu.

La falta de educación emprendedora temprana es una de las causas de que no exista esa cultura ni el ecosistema que se necesita para su desarrollo en Panamá. Para promover el espíritu emprendedor y sus actitudes y habilidades, se debe enseñar desde la educación primaria. Esto no será suficiente si no se complementa con la experiencia de emprendedores reales que sirvan como mentores. Es decir, de quienes saben resolver problemas, analizar, planificar, evaluar y tomar decisiones; de quienes asumen responsabilidades, cooperan, trabajan en equipo, se comprometen en nuevos papeles, desarrollan la confianza en sí mismos, aprenden a pensar de modo crítico e independiente, ser más creativos e innovadores, tienen iniciativa propia, y se preparan para asumir y limitar el riesgo.

Muchos emprendedores pueden equivocarse, ser ingenuos o no tener experiencia, pero madurarán con el tiempo, porque se trata de un proceso natural de crecimiento.

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