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ALCANCES

El 9 de enero desde otra perspectiva: Nelson Caballero Díaz

La historia misma de nuestro país, en su dinámica política, económica, social y cultural, dejó entrever desde el año 1903, la problemática entre dos naciones: Panamá y Estados Unidos.

El pasado no se escribe sin hacer alusión a los acontecimientos ligados a ellos, que cimbraron la columna semiencurvada de esta tierra istmeña, prolongando su tórax como un repudio a sus sinsabores y que posa acaso buscando serenidad en las aguas tranquilas del océano Pacífico, en un quimérico intento por convertirse en una nación libre e independiente, sostenida por sus bíceps y por los hombres que deseamos para esta franja de tierra un lugar señero entre las naciones del mundo.

Pero la aplicación justiciera se hizo impostergable en el tiempo. Digno es reconocer que gracias a la tenacidad, audacia y liderazgo del general Omar Torrijos Herrera y las generosas intenciones de Jimmy Carter, ese gran presidente de Estados Unidos y amigo de Panamá, se logró la firma del Tratado Torrijos-Carter, el 7 de septiembre de 1977, en Washington.

Los tratados en referencia constan de un preámbulo, 14 artículos, un anexo y un acta. Su firma permitió la plena soberanía de Panamá sobre el Canal, tierras y áreas adyacentes. Fue el resultado de una lucha generacional de varias décadas.

El pueblo, particularmente la juventud, tenía como premisa fundamental de lucha lograr la plena soberanía de Panamá sobre la vía interoceánica. Recuerdo aquella “operación soberanía” organizada por la Federación de Estudiantes de Panamá en 1958, que consistió en plantar banderas panameñas en la llamada Zona del Canal. Un año después, en noviembre de 1959, se produjeron enfrentamientos entre estudiantes y la “Policía zoneíta” con un número plural de heridos y detenidos. Pero, como corolario de estos esfuerzos patrióticos, se produjo hace 50 años la gesta histórica del 9 de enero de 1964. Desafortunadamente, dejó luto, dolor y sangre.

Panamá, finalmente, gracias a los Tratados Torrijos-Carter, logra a partir del 31 de diciembre de 1999 el control absoluto del Canal. En estos históricos acuerdos se transfirió la administración, operación y mantenimiento de esta obra de ingeniería al gobierno del istmo, en forma amistosa, cordial y sin traumas.

Los años han transcurrido y nuestro país ha demostrado con creces la capacidad técnica, administrativa, el manejo seguro y eficiente del Canal. Sin embargo, debemos mantenernos vigilantes, para que sea –según dijo en cierta ocasión Torrijos– “la religión que une a todos los panameños”, y que una vez recuperado debía dársele “el mayor uso colectivo posible”.

Su rendimiento financiero millonario debe emplearse de forma óptima y transparente, para que la población en su conjunto se beneficie realmente. Utilizar los recursos que provienen del Canal para balancear el déficit fiscal, aupar el clientelismo político, repartir prebendas, privilegios, comprar conciencias con fines electorales o despilfarrarlos en contrataciones poco transparentes, es frustrar los ideales patrióticos y nacionalistas de la juventud panameña. Porque, como escribió ese gran veragüense Manuel Celestino González en su Tolda gitana: “La juventud es flecha lanzada al infinito”.

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