UN PAÍS IRREAL

De entelequia y embeleco: Berna Calvit

Para ver por qué asociaba la palabra “entelequia” con la palabra “embeleco”, recurrí al diccionario, “libro en el que se recogen y explican de forma ordenada voces de una o más lenguas, de una ciencia o de una materia determinada”. El Diccionario de Uso del Español, de María Moliner, define “entelequia”, como “ser o situación perfecta, que se imagina pero no puede existir en la realidad”; y “embeleco”, dice doña María, es “zalamería o halago con que alguien engaña a otro para conseguir de él lo que quiere”. Le seguí la pista a la palabra entelequia cuya paternidad y definición se le atribuye a Aristóteles, filósofo griego. A los que se interesan en bucear en las aguas profundas de este término –algo que confieso, no estoy en capacidad de hacer– les puede parecer una herejía de mi parte empatar por algún cabo “embeleco” con “entelequia” que, dice el diccionario, también se usa como ironía. Después del trabajo de mis “neuronas investigativas”, llegué a la conclusión de que puedo decir que el Panamá del presidente Martinelli es su entelequia; que sufre de “entelequitis”. El país que imagina no existe ni existirá aunque se ufane del paisaje de postales que nos muestra con lujosos edificios; de los modernos y gigantescos malls, que tanto atraen a multitudes enajenadas por el consumismo; ni con deslumbrantes videos de futuros proyectos.

El gobierno pierde tiempo, dinero y categoría con la fastidiosa embelequería publicitaria y “baños de pueblo” con besuqueadera, brincadera y bailoteos que de nada servirán mientras sigamos respirando el miasma político que nos asfixia; la hedentina que nace en la Asamblea Nacional donde se fomenta, como nunca antes, la inmoralidad de venderse al mejor postor (el Gobierno, con nuestro dinero). No seremos un Panamá que progresa con decencia, eficiencia y paz mientras haya tanta inequidad social y ambiciones imprudentes (segunda vuelta electoral, por ejemplo) que podrían desestabilizar el país.

Y así será porque no nos dan respiro el despilfarro, la improvisación, la sucesión de negociados turbios y la sospecha, siempre presente, de que detrás de cada obra hay lucro indebido, sospecha que hace tanto daño como la certeza de que lo haya. Porque la justicia se usa como espada de Damocles para los corruptos a quienes se lleva al limbo jurídico si se suman a las filas del Gobierno; porque repugnan los “chaqueteros” que justifican mudarse al partido del Gobierno, “por el bien de la comunidad” y otras excusas burdas para hacernos creer que el pueblo les importa. Los que compran tránsfugas deberían tener presente que “Todo lo que se compra con dinero, se vende por dinero”.

Ante todo esto, resultan inútiles los embelecos con los que nos quieren distraer, porque lo que estamos mirando con atención es el mal rumbo que lleva el Gobierno.

No hemos terminado de enterarnos de los detalles de un chanchullo cuando se destapa otro. Es el pan nuestro de cada día. Para los que seguimos de cerca las noticias, es como ver un juego de tenis: la pelota de las acusaciones pasa de un lado al otro. En todo esto “no sale limpio ni el gato”. Hay tal desorganización y pases de facturas en los últimos escándalos que las contradicciones entre lo que dicen unos y dicen otros, son patéticas. ¡Vamos, señores del gobierno! Pongan orden en el desorden.

No le sigan dando vueltas a un asunto que está clarito como el agua de la tinaja: altos funcionarios, por instrucciones superiores movieron los engranajes de la Anati para regalar, a los amigotes de Palacio, el lote millonario en Paitilla, usando como fachada a un vendedor de flores.

Para distraernos del caso del lote en Paitilla, le asolean al vicepresidente Varela lo del terreno para un hospital en Chilibre y así porque sí, el Presidente ordena construir el hospital en otro sitio. En cuanto al procurador general de la Nación, Ayú Prado, y Abigail Benzadon, “zarina” anticorrupción, parece que están a punta de té de adormidera.

Esta no es la suerte que nos merecemos. Estoy, de verdad, hasta la coronilla de noticias malas, trágicas, desalentadoras. Con actitud que lastimó sentimientos, el ministro Mulino califica de “hecho aislado” los asesinatos de cinco jóvenes de ascendencia china, en La Chorrera. ¡Todos los días hay “hechos aislados”! Si no fuera por los medios de comunicación, solo tendríamos las estadísticas retocadas que presentan las autoridades. Quisiera, algún día, poder dedicarle un escrito amable al presidente Martinelli, a los ministros, diputados, magistrados, alcaldes. ¡Imposible! No puede ignorarse la vulgar vocería del diputado Chello Gálvez; que alcaldes y otros funcionarios con expedientes por peculado y abuso de sus poderes son recibidos con los brazos abiertos por el partido gobernante, porque son votos que le llevan; que critican las malas prácticas políticas del pasado pero no solo las usan, ¡las superan! A los grupos que promueven acciones de protesta les doy un consejo que no me han pedido: porque siempre habrá tiempo para ocuparse de capítulos que antes ensombrecieron nuestra vida republicana, hoy falta tiempo para atender el presente. ¿No sienten que estamos siendo gobernados por, y para un partido? No nos permitamos sucumbir a la entelequia del Presidente. La entelequia es ficción, irrealidad, fantasía. No debería ser difícil entender lo que implica.

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