Mañana: Café con La Prensa sobre la reestructuración de la ciudad de Panamá

ADECENTAR LA POLÍTICA

Una luz de esperanza: Carlos David Abadía Abad

Siempre he considerado que la participación en la política es una responsabilidad de todos los ciudadanos. No solo se practica dentro de un partido ni cuando se aspira a un puesto de libre elección. Podemos participar en política cuando opinamos, al integrar grupos que exponen diversas propuestas en temas de interés nacional o fiscalizando cada acción de los gobernantes de turno.

Lastimosamente, las “figuras” que participan en la política nacional y en los partidos han desprestigiado la actividad, por eso, a muchos panameños decentes y honestos se les escucha decir: “Yo nunca he participado en un partido político” o “yo nunca perteneceré a uno”.

Lo cierto es que los partidos juegan, o deben jugar, un papel esencial en toda democracia. Sin embargo, no podemos criticar esas expresiones, porque los propios dirigentes de estos, con sus posiciones erróneas, se han encargado de profundizar tal rechazo.

Los malos ejemplos sobran, empezando con el transfuguismo que practican muchos diputados, alcaldes y representantes, con excusas que insultan la inteligencia humana, o cuando el presidente de la Asamblea Nacional, en referencia a sus votantes, señala: “él que no da, no va.

Un caso reciente ocurrió cuando otro de estos “políticos” retiró al equipo de béisbol –que él representa– de un partido, solo porque no lo dejaron entrar, con todo su séquito, sin importarle con los fanáticos que habían pagado su boleto de entrada.

Lo más preocupante es que la mayoría de los diputados aprueban leyes porque reciben órdenes, aunque después quien les dio esa orden tenga que revocarla debido al rechazo de los electores. De esta forma, los diputados ejecutan a la perfección el papel de bufones.

También observamos a ministros que dan vergüenza por sus acciones y expresiones, en este y en otros gobiernos, lo que nos hace recordar la época oscura que vivimos durante los 21 años de dictadura militar. Indudablemente, esto asquea a cualquier persona decente y la autoexcluye de participar en la política local, caracterizada por la ausencia de ética, respeto, honestidad y principios básicos.

A pesar de esto, los panameños que queremos este país vemos con buenos ojos el surgimiento de dos figuras diferentes, me refiero a la candidata a la Vicealcaldía, Raisa Banfield, y a la Vicepresidencia, Isabel De Saint Malo de Alvarado. Se trata de dos mujeres que han jugado un papel importante en los últimos años en sectores diferentes, pero esenciales para nuestra patria. Banfield es una conocida defensora del medioambiente y De Saint Malo ha sido mediadora en importantes diálogos para la estabilidad democrática, aunque quizás muchos desconozcan esa callada labor. Las conozco a las dos, aunque con Isabel he compartido más de cerca en la mayoría de los diálogos y concertaciones que ella ha moderado, y sé la clase de persona que es.

Estas dos valientes señoras se han atrevido a participar en la salvaje vida política-electoral. Considero que su mayor reto será luchar contra los mediocres a quienes solo les interesa mantener las canonjías personales, y a los que, como esclavos, sus dueños utilizan para intentar destruir el prestigio de cualquier persona decente, sin importarle con sus familias.

Raisa e Isabel traen esperanza a todos los que creemos que la política es una responsabilidad ciudadana. Ellas nos hacen soñar en el futuro institucional de Panamá. Tienen buenas credenciales para que confiemos que así será, porque no tendrán que defender “espacios políticos”.

Felicito a los candidatos que las designaron, porque interpreto que para ellos la política es algo serio. No optaron por el más “popular”, el regalapavos, el que “rofea” a sus adversarios, o el que, supuestamente, suma votos, sino que designaron a personas con prestigio, credibilidad y confiabilidad, que nos pueden devolver la ética, el respeto y la transparencia en la administración pública.

El desarrollo económico es importante para el bienestar de los ciudadanos, pero si la institucionalidad es débil, si la transparencia no es la norma, si la desconfianza es la que predomina, entonces ese desarrollo será pasajero y todos, principalmente la clase media y pobre, sufrirán las consecuencias.

Isabel y Raisa dieron ese paso en firme para aportar al adecentamiento de la política; ahora nos toca a cada uno de nosotros imitarlas.

Tenemos la responsabilidad de poner nuestro grano de arena para adecentar ese mundo salvaje, que los malos políticos –los tránsfugas, los compradores de conciencia, los que nos irrespetan con sus expresiones y acciones– han contaminado y desprestigiado.

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