REFLEXIÓN

La esperanza de la sociedad: Ranfis Vladimir Berrocal

Creo que es fundamental que, como sociedad, reconozcamos nuestra responsabilidad en la influencia del marco conceptual que le ofrecemos a los niños y jóvenes del país. Cuando los adultos nos comportamos de forma inapropiada y les enseñamos a ellos que los actos no tienen consecuencias, deformamos su visión de la realidad, pues todo lo que hacemos tiene consecuencias, aunque algunas personas –por su poder o posición social– puedan evadir las implicaciones sociales de un comportamiento inapropiado, aunque no logren evitarlas por completo.

Cada quien se teje una imagen del mundo con el frágil hilo de sus experiencias personales. Así, el hombre que miente no confía en nadie, porque cree que todos mienten; el que roba teme que le roben; el que no cambia cree que nadie puede cambiar; el esposo o esposa que le es infiel a su pareja, aunque esta no lo descubra y logre evitar reclamos, no podrá evadir a su propia mente y vivirá acosado por la duda sobre la fidelidad de su pareja. En otras palabras, los actos siempre tienen consecuencias, y eso es lo que debemos enseñarle a los niños y a los jóvenes.

Vivimos tiempos muy difíciles en los que reina la confusión. Muchos los definen como una época de oscuridad, en que el alma de los niños y jóvenes es asediada, día tras día, por la influencia de las redes sociales, por los medios de comunicación masivos, los amigos y por una sociedad que parece haber perdido el rumbo. Así, de forma permanente, se les insta a adoptar pautas de conducta contrarias a sus verdaderos intereses y que, en gran medida, ocasionan muchos sufrimientos humanos (frustración, esperanzas truncas y vidas desperdiciadas).

A diario los jóvenes, casi sin darse cuenta, toman decisiones que los van dirigiendo hacia una dirección determinada. Muchos no son conscientes del efecto de sus actos, sin embargo, estos moldean sus vidas y cuando llegan a adultos se ven atrapados en situaciones que no pudieron anticipar. Solo entonces empiezan a cuestionar si aquellas decisiones del pasado fueron las correctas o si debieron optar por otras.

Yo le pregunto a usted, ¿cree que ellos pudieron haber elegido otra cosa? Permita que le responda: No, porque no se les dio otra opción ni tuvieron una visión distinta del mundo ni otro marco de referencia. Nunca se les dijo que ellos eran seres humanos y que sus vidas es el regalo más precioso que tienen. Tampoco se les enseñó a amar su existencia ni sabían que eran personas con muchas potencialidades, y que su trabajo más importante era desarrollarlas para convertirse en gente productiva y, sobre todo, que su destino en la vida era, simplemente, ser felices.

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