CAMPAÑAS POLÍTICAS

Sobre el pacto ético electoral: Abdiel Rodríguez Reyes

En los últimos meses, debido a la crisis de los partidos políticos, la Iglesia católica tomó la iniciativa de estipular con sus representantes un pacto ético electoral. Recuerden que en las elecciones pasadas los partidos abusaron de las campañas negativas en los medios de comunicación y que, incluso, hubo tantas discrepancias a lo interno de cada uno que es bochornoso recordar las particularidades. Aquel viejo refrán de que “los trapos sucios se lavan en casa” no funcionó por la ceguera de los políticos con ansias de poder y de derrotar al enemigo, al precio que fuera.

La Iglesia católica, a lo largo de cientos de años, ha jugado un papel importante en el desarrollo político. En el caso de Panamá, esta institución goza de credibilidad. Incluso, si vemos la Constitución Política de la República, en el capítulo 5, Art. 107, se indica: “se enseñará la religión católica en las escuelas públicas, pero su aprendizaje y la asistencia a los cultos religiosos no serán obligatorios, cuando lo soliciten sus padres o tutores”.

Así queda evidenciada la capacidad que tiene la Iglesia de involucrarse en los temas nacionales. Por eso, la Conferencia Episcopal Panameña, encabezada por José Domingo Ulloa y José Luis Lacunza, ha tomado partida en la presente coyuntura, en la que con mucha antelación los políticos se quieren quemar las enormes colas de paja.

Desde hace unos años se viene observando el desarrollo de campañas políticas negativas, en las que solo se destaca lo malo del otro, pero no se propone nada; se rebusca en la vida personal, sicológica, etc., del contendiente sin medir las consecuencias sicopatológicas que inciden en la sociedad.

De tanto ver la misma cosa distorsionada miles de veces se llega a creer que es así, por el efecto sensorial; por eso muchos piensan que el futuro de la política está en hablar desenfrenadamente mal del rival. En esa circunstancia el que más puede perjudicar al otro es el ganador.

Creo que es buena la iniciativa de la Iglesia de llamar a los políticos a firmar este pacto que señala la necesidad de prudencia, de una política basada en valores, en el respeto a la alteridad y, especialmente, en el respeto a la autonomía de las instituciones que deben garantizar la transparencia de las elecciones de 2014.

Es claro que este pacto no tiene un fundamento jurídico, sino que enuncia la preocupación de la Iglesia católica con mira a las próximas elecciones.

Eso quiere decir que de no cumplirse, no tendría ninguna incidencia o, mejor dicho, no cabe una sanción legal, que sería lo ideal, pero sí cabe una sanción moral. De no cumplirse el pacto, los ciudadanos de este país nos debemos indignar, porque no podemos ver la televisión nacional con tranquilidad; cada dos minutos nos inundan con campañas de bochinches malogrados.

Sería muy atinado, cuanto antes, hacer público el pacto ético electoral. De igual manera, los medios de comunicación social deben tomar partida, porque no solo tienen culpa los partidos políticos que envían las campañas negativas ¿y quien las acepta? Ambas partes deben procurar que se cumpla con este pacto, para ver si así las campañas se enfocan más en hacer propuestas, que en vivir la vida ajena.

Postdata: el pacto no solo debe ser electoral, tiene que ser político y permanente.

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