11 DE SEPTIEMBRE

Una experiencia imborrable: Raúl E. Olmos E.

En el mes septiembre de 2001, dentro del programa de visitantes internacionales de la Embajada de Estados Unidos, asistí en la ciudad de Washington a un curso sobre prevención y rehabilitación en el uso y abuso de drogas que se adelanta en ese país, acompañado de policías, fiscales y funcionarios latinoamericanos encargados de ese tipo de temas. El 11 de septiembre, recuerdo, una mañana soleada, propia de la época, nos recogió el autobús temprano, y nos movilizamos hacia el edificio central de la DEA, ubicado frente al Pentágono. Una vez en el lugar poco antes de las 9:00 a.m., manejábamos la información de los aviones que habían colisionado con las torres gemelas, no obstante, ello no fue óbice para continuar con nuestra jornada. Al momento de ingresar al edificio, nos mostraron el museo existente en la planta baja y luego nos movilizaron al piso 11, desde cuyo ventanal se apreciaba claramente el edificio del Pentágono.

En ese momento ingresó el jefe de operaciones de la DEA e inició su charla, en ese instante sentimos un estruendo y el edificio se estremeció, pudiendo apreciar la situación del tercer avión que impactó al Pentágono. El grupo quedó impávido y sorprendido por lo sucedido, posteriormente fuimos evacuados por las escaleras de emergencia y en planta baja logramos constatar el despliegue de bomberos, policías, miembros del FBI, en fin, el conjunto de personas encargadas de verificar lo sucedido.

Pocos minutos después, los encargados de la gira nos recogieron y fuimos movilizados al hotel, no obstante, dada la conmoción que se vivía en Washington, quedamos en un instante atascados por el área del Capitolio, donde apreciamos a las personas, funcionarios gubernamentales abandonando las instalaciones, pues persistía el temor del otro vuelo que se aproximaba a la ciudad con propósitos de impactar el Capitolio o la Casa Blanca (vuelo No. 93 de United) el que posteriormente se precipitó a tierra.

No puedo ocultar la sensación de temor que viví ante un acontecimiento de esa magnitud, pues me encontraba en la capital de una potencia mundial, la que estaba bajo ataque. Fue impresionante la forma como las personas se movilizaban, ordenadamente, atendiendo las indicaciones de la policía y del personal de emergencias, así poco a poco se despejó el núcleo central de la ciudad por motivos de seguridad.

Recuerdo la iniciativa que tomamos los participantes de enviar una nota de condena y condolencias al presidente George Bush, para mostrarle solidaridad en esos momentos dolorosos y tristes.

Pese a lo acontecido, luego de 10 días en Washington la gira académica continuó en otros estados y, sin duda, fueron apreciables los nuevos mecanismos de seguridad que adoptaron en las terminales aéreas, lo que evidenció la capacidad de respuesta que tiene la sociedad norteamericana en situaciones traumáticas.

Frente a lo descrito, debo resaltar la experiencia vivenciada fue impactante, al estar muy cerca de un ataque terrorista que evidenció el rostro del odio y del fanatismo que algunas personas profesan y que no tienen límites ni frenos, pues le segaron la vida a más de 3 mil personas inocentes, iniciando una nueva era en materia de seguridad y que ha incidido de forma directa en las políticas de prevención de cada país, en función a la necesidad que se tiene de alcanzar un bloque único y uniforme de medidas que permitan repeler y enfrentar esos actos de carácter criminal.

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