POLÍTICAS PÚBLICAS

Lo que ‘chifea’ la fachada panameña: Alejandro Chevalier Molina

Lo que ‘chifea’ la fachada panameña: Alejandro Chevalier Molina Lo que ‘chifea’ la fachada panameña: Alejandro Chevalier Molina
Lo que ‘chifea’ la fachada panameña: Alejandro Chevalier Molina

A mí no me importa qué nota sacó el resto, a ti te puede ir mejor. ¿Cuántas mamás no nos dijeron esto cada vez que llegábamos a casa con un fracaso que, orgullosamente, defendíamos diciendo que fuimos quienes obtuvimos la mejor nota del salón?

Panamá, según el reciente estudio del Índice de Desarrollo Democrático en América Latina, elaborado por Konrad Adenauer, es aquel niño que tal vez no defiende un fracaso, pero sí podría utilizar este resultado para ocultar mediocridad.

Se debe aplaudir el hecho de que ha pasado a incorporarse al conjunto de países de alto desarrollo democrático del continente, sin embargo, no podemos hacernos de la vista gorda y omitir las notables faltas que presenta nuestro sistema estatal, deficiencias algunas que, probablemente, han empeorado luego de realizada la referida publicación.

En cuanto a derechos políticos y libertades civiles se refiere, el estudio revela que el talón de Aquiles de Panamá es la falta de equidad de género que ha caracterizado a una serie de gobiernos. Tomando en cuenta el reciente nombramiento de Ángela Russo en la Corte Suprema de Justicia y los posibles nombramientos de mujeres en más tribunales, como el de Contrataciones Públicas, podemos considerar como una mayor problemática en esta categoría del estudio, la pérdida de los 66 mil adeptos que tuvieron los cinco –antes seis– partidos políticos panameños en el último año. Esta disminución solo puede traducirse en desconfianza y desesperanza hacia el sistema político, y queda al descubierto, una vez más, la crisis partidista a la que nos enfrentamos.

La institucionalidad, tras haber tocado fondo en 2013, obtuvo ahora una mejor calificación. Lastimosamente, no podemos dejar de lado el hecho de que a diario se habla de persecuciones políticas a raíz de las posibles injerencias del Ejecutivo en el Ministerio Público. Más allá de esto, tampoco se puede omitir el hecho de que Panamá obtuvo un lugar en el podio del concurso “Desenmascara al Corrupto de Transparencia Internacional”, gracias al exmandatario Ricardo Martinelli, colocándolo, en base a voto popular, como una de las tres primeras figuras con mayor percepción de corrupción en el mundo.

La capacidad de generar políticas públicas que propicien una mayor democracia social y humana fue castigada por el estudio. Hace unas semanas escuché a José Ugaz decir que se necesitan diferentes enfoques para atacar ciertas problemáticas, por ejemplo, un mayor análisis del concepto impunidad puede traer soluciones al fenómeno de la corrupción. Ahora, no es un secreto que el panameño se considera creativo y, a veces, hasta “juega vivo”. Estas dos características de nuestra idiosincrasia pueden ser traducidas en una mejor aplicación de políticas públicas y una mejor función fiscalizadora por parte de la sociedad civil.

Los fanáticos del Barcelona F. C., muchos con deseos de independencia para Cataluña, se manifiestan en todo juego al minuto 17:14, haciendo un canto de independencia. Lo hacen en ese minuto, porque 1714 fue el año en que Cataluña perdió la guerra ante las tropas de Felipe V. Muchas veces las manifestaciones del panameño llegan a ser hasta inconstitucionales, ¿Por qué no hacerlas más atractivas para nuestros gobernantes y para el resto del mundo? Si la sociedad civil rechaza la distinción de Ayú Prado por la OEA o si apoya un impulso a las investigaciones de los diferentes magistrados en la Asamblea Nacional, debe manifestarlo de una forma en que el mensaje realmente cale. Una canción de reguetón local, con un mensaje marcado, puede llegar a ser más efectiva que una vigilia o una conferencia de prensa básica.

No se necesita ser muy escéptico para percibir que muchos funcionarios públicos y políticos nos hacen ver que los medios de comunicación se utilizan únicamente para satisfacer intereses personales. Si tomamos el ejemplo de Obama, en Estados Unidos, al ver que su propuesta legislativa, el Obama Care, tenía poca acogida entre los jóvenes, el mandatario procedió a hacerle propaganda en los shows de la realidad en la televisión, como el de Zach Galifianakis. Lo mismo hizo Michelle Obama, rapeando en Saturday Night Live, para incentivar a los jóvenes a realizar estudios universitarios. Esto solo me hace pensar en lo altamente exitoso que sería hacerle publicidad a la docena de programas que tiene el Ministerio de Desarrollo Social, en espacios televisivos de alto rating, como la Cáscara o hasta Calle 7.

Se critica al gobierno porque solo se ha dedicado a realizar investigaciones delictivas y persecuciones políticas, sin embargo, es el propio gobierno el que no ha sabido cómo atacar el problema desde otra perspectiva, promoviendo programas poco populares de forma creativa. El panameño no merece ser bueno en comparación con el resto, merece ser el mejor. Solo a partir del momento en que sintamos –y no solo escuchemos– las cifras que nos representan, pasaremos de tener un progreso aparente a un progreso verdadero.

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