UNIVERSIDAD

La farsa: Carlos Chong

Es sorprendente el poder que pueden encerrar unas cuantas palabras. La simple combinación de ciertas sílabas para expresar unos conceptos, pensamientos, emociones o sentimientos puede lograr cambios que van desde la destrucción del psiquismo de un niño hasta el impulsar a toda una nación a redefinir sus paradigmas en pos de un mejor futuro. No en vano, se dice que la palabra es señal de señales.

Ahora mismo, la principal institución de educación superior del país depende de una palabra: acreditación. Es increíble cómo el teatro de lo inverosímil se ha hecho realidad por cinco sílabas: la luz se hace, los recursos aparecen, letreros de la misión y visión por doquier. La tragicomedia del cinismo y la hipocresía hace uso de sus mejores galas para impresionar a sus críticos externos. Patético. Una institución que se dé a respetar jamás tendría que recurrir al montaje de una farsa que acabará apenas reciban la aprobación producto de un engaño de la maquinaria, si es que se dejan.

Con los recientes disturbios estudiantiles, el cartel de los sabios ha intentado limpiarse las manos, pero no entienden que el problema no radica en unos cuantos estudiantes que suspendan. Ellos son solo el síntoma –que hay que corregir, dicho sea de paso– de una organización enferma y convulsa estructuralmente. Desde su estamento administrativo, pasando por el docente, hasta el estudiantil, la podredumbre intenta seducir a los ciegos que buscan la luz y solo encuentran la fetidez que los guiará.

Lo triste y cómico del caso es que en la facultad en la que me encuentro, es la segunda vez que se presencia esta farsa, solo que esta vez es a nivel institucional y de mayor envergadura. Un triste y cómico déjà vu. En la primera, los tres pares externos de Centroamérica fueron contundentes: han presentado un documento que no encaja con la realidad (sinónimo para tal eufemismo: mentirosos). Respuesta de la facultad: fue culpa de los estudiantes que no se acreditara. Claro, como nosotros redactamos el documento entregado para la evaluación –entiéndase el sarcasmo–.

Es molesto observar tal burla cínica de maquillar estupideces como colocar letreros nuevos sobre la misión y visión cuando algunas facultades –y digo “algunas” para darle el beneficio de duda a una que otra– no surten constantemente de jabón y papel higiénico para sus baños, por ejemplo, algo tan sencillo pero tan crucial para la salud no solo de las personas dentro de la universidad, sino para la salud pública del país.

Las únicas razones por la que esta institución aún sobrevive, aunque dando tumbos, es gracias a ciertos profesores y administrativos, que se pueden contar con los dedos de las manos, en cada facultad; a la necesidad de educación superior accesible, al prestigio pasado y al soporte económico estatal.

En el presente, competitivamente hablando, no solo en el plano nacional sino que internacional, esta universidad tiene grandes baches que de no ser por las razones mencionadas, desaparecería y despertaría de la farsa.

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