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La ficción en la política: Ileana Gólcher

El 4 de mayo se aproxima y los panameños acudiremos a las urnas para elegir a las máximas autoridades que gobernarán el país: Presidente, diputados, alcaldes, representantes de corregimiento y concejales. Sin embargo, el ambiente electoral parece más propio del género de ficción, pues se aleja del debate serio, con propuestas realizables, y en apego al Pacto Ético Electoral. Revisemos algunos de sus indicadores:

1. Una campaña electoral multimillonaria, prematura y asfixiante. Esta se caracteriza por de factores distintos al de los torneos anteriores, y la primera sorpresa fue lo prematuro de su inicio. Hay quienes aseguran que comenzó el día siguiente de asumir el actual gobierno.

Por otra parte, se ha gastado una suma multimillonaria en propaganda que vemos, escuchamos y leemos en cada medio de comunicación, página electrónica o en las redes sociales, las 24 horas del día. Los candidatos están en temporada de encuestas, promesas ficticias, besos y abrazos publicitarios y de acudir a cuanta feria, fiesta de santo y demás actos multitudinarios se registren. Es época de alianzas que contradicen los odios políticos históricos, y de uniones de papel con líderes desconocidos o de cuestionable desempeño. Salvo honrosas excepciones, sus estrategias son repetitivas. No se les ocurre alguna novedad que impacte al electorado, solo copian proyectos de otros países, sin investigar si resolvieron los problemas allá o fueron un paliativo más.

La oratoria de los grandes líderes de antaño –aquella que estremecía y convocaba multitudes– ha sido sustituida por tarimas animadas por artistas locales y música estridente. Todo es posible, con tal de atraer a un elector cada vez más permisivo. Reparten regalos, dinero o licor sin que la presencia de los medios de comunicación los detenga.

2. La ausencia de propuestas realizables. Un partido político basa su propuesta en un lema alejado de las normas elementales del lenguaje: “Panamá es pa´ lante y no hay pa´ tras”, “Programa paila llena”. Ese mismo partido se contradice así, al ofrecer educación del primer mundo. Las encuestas políticas han convertido esta campaña en una suma de contradicciones que alterarían la rigurosidad de los institutos de opinión pública, propios de los países desarrollados. Además, muchas empresas olvidan los principios estadísticos elementales del muestreo, lo que invalida los resultados y contribuye a confundir aun más al votante. Es lamentable que los académicos no se pronuncien ante semejante arbitrariedad.

3. La propaganda. Esta se caracteriza (la mayoría) por presentar rostros casi primaverales, sin la más mínima arruga, y con gorras para disimular calvicies. Hay quien –con gran irrespeto– se presenta con una camiseta de los Yankees de Nueva York. Otro reconoce que sus logros solo se concentran en un deporte y se hace llamar “el doctor del béisbol”. La mayoría aparece, cual estrella solitaria, sin consignas programáticas ni ideológicas. Incluso, un partido colocó a última hora su logo distintivo, olvidando así su trayectoria. Otro candidato, con tono autoritario y atuendo juvenil, reclama: ¡Quiero tu voto!

4. El uso de apodos. Esto es algo propio de la cultura panameña y lo permite la Ley Electoral, por eso, pocos recuerdan los nombres. Y ¡vaya apodos con los que identifican sus trayectorias y atributos!: Orejita, Caballo, la Fula, Bambi, Toti, Popi, Mimito, Patacón, Yunito, Bimbín, Chello, Tío, Paquito, “es la que es”. La lista es propia de Ripley.

5. El populismo electoral. Los candidatos basan su estrategia en esto, con consignas que pregonan: “resolviendo a la gente”, mientras un candidato levanta, con orgullo, un tanque de gas. Se ofrecen programas basados en la ilusión de lograr cero letrinas, 100% agua potable, mercados municipales que funcionarán las 24 horas, becas universitarias, ciudades femeninas y deportivas, y proseguir con la cultura del “país subsidiado”. Nadie imaginaría que en Panamá hay partidos que en otras épocas representaron las ideologías liberales, conservadoras, de izquierda socialista, socialdemócratas, demócratas cristianas, seguidores del Opus Dei.

6. La ausencia de debates. Los que hemos visto hasta ahora no tienen la estructura como tales. Cada candidato se limita a explicar sus propuestas en breves minutos. No hay la menor posibilidad de que el electorado cuestione cómo las hará y de dónde provendrán los recursos. Otro insiste en no acudir al llamado y se refugia en la excusa de “esperar la ansiada fecha del 4 de mayo”. No falta el que dice estar preocupado por el medio ambiente, pero coloca sus vallas en los árboles o en los postes de luz, desafiando las leyes contra la contaminación visual.

Pocos procesos electorales cobran tanta importancia histórica como el del próximo 4 de mayo. Hay que saber distinguir entre la ficción y la auténtica vocación de los candidatos que aspiran a servir para el bien común.

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