PUENTE IDEOLÓGICO

La filosofía, pensar más allá de los límites

Al intentar definir en qué consiste la filosofía, solemos encontrarnos con curiosas dificultades. Según su etimología, una definición significa “poner límites”. Así pues, definir un concepto es trazar sus límites, demarcar las líneas divisorias que lo distinguen de otro. No obstante, esta tarea –aparentemente inocente– resulta a menudo problemática cuando se refiere a la filosofía.

La filosofía siempre ha expresado una tendencia a ir más allá de ciertos límites, a cuestionar hechos, ideas, valores o instituciones que constituyen nuestro diario vivir. Obviamente, esta actividad no resulta cómoda para muchos. “¿Para qué esta fastidiosa tarea de preguntar?”, dirán estos. Lo cierto es que toda persona, tarde o temprano, empieza a cuestionar –a hacer preguntas– sobre cosas que las ciencias o la religión por sí mismas no responden satisfactoriamente. Así pues, todos buscamos respuestas que nos impulsan a trascender nuestra ordinaria condición humana. Esta situación es inevitable, pues el mundo –sea lo que este sea para cada quien– a menudo nos dirige a ello. En este sentido, la filosofía es un impulso natural del pensamiento humano por trascender los límites que el mundo le presenta.

Contrario a lo que muchos piensan o creen, la ciencia no reemplaza a la filosofía. Aun más, no la puede reemplazar. Sin embargo, esto no significa que necesariamente rivalizan; antes bien, actualmente, suelen colaborar. Hoy día, junto a los grandes avances científicos y tecnológicos, el prestigio de las cátedras de filosofía se mantiene tal cual en las mejores universidades del mundo. Estas no abandonan la enseñanza de la filosofía por descubrimientos científicos o logros tecnológicos. Mucho menos renuncian a ella por el desarrollo económico de sus sociedades. ¿Por qué? Al parecer, la filosofía siempre ha ofrecido algo que el avance de las ciencias o el progreso material no pueden ofrecer. Y esto tiene que ver en parte con una dimensión del pensamiento filosófico que no siempre suele ser bien comprendida: su creatividad para integrar coherentemente formas de pensamiento o acción que no suelen relacionarse, o que –si relacionadas– divergen entre sí. Otra manera de expresar lo anterior es decir que la filosofía no solo analiza y critica, sino también que integra o unifica. Así pues, la filosofía establece puentes entre dimensiones de la experiencia y el conocimiento humano que, de otro modo, permanecen sin ninguna relación.

En concreto, la filosofía construye relaciones conceptuales entre áreas del pensamiento que no pocas veces resultan difíciles de relacionar. Por ejemplo, ¿cómo podemos relacionar la medicina con el derecho, el derecho con la ética, o la ética con la psicología? Al intentar resolver preguntas como estas surgen estudios interdisciplinarios como la bioética, la filosofía del derecho o la psicología moral. Todas estas disciplinas, y muchas otras más, exhiben análisis filosóficos. Al avanzar las ciencias, también lo hace la filosofía.

El intento racional por establecer este tipo de relaciones es parte esencial del pensamiento filosófico y ello implica transcender los límites o fronteras de cada área del saber y hacer humano. Es por ello que lafilosofía resulta difícil de definir y contener; siempre tiende a ir más allá de sí misma. La filosofía constantemente se proyecta más allá de la realidad tal cual acontece ordinariamente. Así pues, la filosofía es siempre un intento por lo extraordinario.

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