DESVERGÜENZA

Un fraude electoral inédito...: Yassir Purcait

La historia contemporánea está llena de alegaciones de fraudes electorales. Localmente, los fraudes electorales más recordados fueron en 1932, cuando se enfrentaron Harmodio Arias y Francisco Arias, quien renunció al reclamo para no hundir al país en el caos que venía del golpe de Estado de Acción Comunal, en 1931; el de 1936, en el cual resultó “ganador” Juan Demóstenes Arosemena, cuando la Junta Electoral fue defenestrada por haber otorgado el triunfo a su contendiente; en 1940 cuando el Dr. Ricardo Alfaro se vio obligado a retirarse de una elección entre dos contendientes, como consecuencia del atropello y la violencia del Gobierno que apoyaba a su candidato oficialista Arnulfo Arias; en 1949 cuando se decidió volver a contar los votos emitidos en 1948, dando un resultado distinto al original, y los famosos mil 713 votos de 1984 que le valieron la presidencia al economista Ardito Barletta sobre Arnulfo Arias.

Más recientemente, el presunto fraude electoral de mayor importancia sería el que se dio en el Estado de la Florida en 1998 cuando Bush hijo superó a Gore por una diferencia de 0.0092% en ciudades importantes en donde el sistema de votación computarizado evidenció fallas significativas; o aquel de México, en 2006, cuando López Obrador alega la elección fraudulenta del actual presidente Calderón, señalando que en las mesas habían más votos para el candidato del Partido Acción Nacional que electores registrados.

En todos estos casos, los que realizaron los alegados fraudes electorales, lo hicieron de una manera solapada, teniendo por lo menos vergüenza del acto criminal que estaban cometiendo y dándole a sus acciones un ligero y frágil manto de legalidad y factibilidad política.

En nuestro país, la Corte Suprema de Justicia, como consecuencia de su sentencia que declaró la inconstitucionalidad de la ley por la cual el actual Gobierno, unilateralmente, denunciaba el tratado constitutivo del Parlamento Centroamericano (Parlacen), dictaminó que siete miembros de Cambio Democrático –que no se presentaron en su momento a la elección de mayo de 2009 al Parlacen por decisión de su Partido– ahora tienen derecho a ocupar una curul, sin haber recibido un solo voto.

El argumento es que a los magistrados de la Corte les resulta injusto que el Tribunal Electoral, una vez reintegrado Panamá a dicho Parlamento, no les reconozca sus curules.

Esta decisión es tan absurda e incoherente como afirmar que puesto que el Presidente rompió la alianza electoral con el vicepresidente Varela, el cargo debe ser ocupado por Leopoldo Benedetti, candidato de Cambio Democrático antes de la conformación de la alianza, aunque no hubiese recibido un solo voto.

El voto es la manifestación de la voluntad del elector y debe ser computado de manera fáctica, sin dar posibilidad a la interpretación de algo distinto a lo que manifestó el votante.

En mayo de 2009, la papeleta de Cambio Democrático figuraba sin representación al Parlamento Centroamericano e interpretar o adivinar cuál pudiera haber sido el resultado de haber tenido representación, no tiene ni un solo elemento de factibilidad de carácter político o jurídico. Visto así, este es el único e inédito fraude electoral que puede aspirar a la vergüenza de ser registrado como un récord Guiness.

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