Avance: Cancillería de Panamá activa el Centro de Coordinación de Información tras terremoto en México.

ECONOMÍA NACIONAL

´No se lo gaste todo´: Luis H. Moreno Jr.

Soy un visitante frecuente de almacenes, centros comerciales y mercados. Mi afición por los primeros se debe, en parte, al cumplimiento de deberes conyugales; a los segundos, porque me sobra el gusto de curiosear, apreciar abundancias o carencias y, sobre todo, por apreciar la capacidad productiva y de consumo de la comunidad. Visitar estos días esos complejos lugares de encuentro, recreación y abastecimiento de todo tipo, es tropezar con decenas de millones provenientes de bonificaciones, crecidos décimos terceros y ahorros navideños; con personas que hacen largas filas para examinar, escoger y pagar mercancías. Es ver, tocar, respirar la bonanza que vive Panamá y que se comenta internacionalmente.

Por años, la Caja de Ahorros viene predicando la virtud del ahorro, especialmente en fechas de retiros masivos como la Navidad. “No te lo gastes todo”, es un buen consejo para personas, familias, empresas y gobiernos. Los efectos individuales o colectivos, empresariales o gubernamentales de la imprudencia, de la improvisación, del exceso, del dolo están presentes en todo el mundo, sujetos a ciclos inevitables, errores imprevistos, a la distorsión entre política partidista y política de Estado, bien común e interés personal, para someter a las mayorías desposeídas al clientelismo y consumismo por el camino del populismo y de la improvisación.

Desde hace seis años, el mundo vive bajo la tensión de una crisis que arrastra hacia el desempleo, pobreza, carestía y la desconfianza a países que hasta hace poco fueron ejemplo de crecimiento económico. Incluso, expertos nuestros los visitaron para tomar nota de sus prácticas y diseños exitosos: Irlanda, Grecia, España, Estados Unidos. Luego contemplamos el desplome de sus finanzas públicas y privadas, la ruina de patrimonios personales y bancarios por miles de millones; la pérdida, por deuda de decenas de millones de hogares, las denuncias por demandas de actos de corrupción a los más altos niveles administrativos, el desempleo de la cuarta parte de la población activa, especialmente de jóvenes, el desmantelamiento de la seguridad social y el deterioro de servicios públicos vitales, resultado del derroche de recursos, privilegios, prebendas y subsidios de un estado de paternalismo político y de afectación de la producción.

No exagero en estos planteamientos. Los resultados están a la vista, con efectos mundiales y sus consecuencias no dejan de prevenir y amenazar. Ante el alborozo de estos grandes y repletos mercados nacionales; la percepción del consumismo descontrolado; la creciente deuda nacional; el margen de déficit fiscal que comienza a amenazar el curso normal de obras importantes; el ascendente nivel de deuda privada, cuyos índices proporcionales no son instrumentos sólidos de pago –como advierten muchos dentro y fuera del país–, sin un ápice de intención ni interés político; el estancamiento de la producción del sector primario en detrimento de la seguridad alimentaria; el constante aumento de precios, especialmente de la alimentación, salud, educación y vivienda; ante la tercera parte de una población que reclama por no recibir los beneficios ni las alegrías de esta prosperidad; la denunciada inequidad en muchos sectores institucionales y, sobre todo, ante una campaña política en ciernes que, en alguna forma afecta la estabilidad nacional no puedo dejar de meditar, porque estos contrastes preocupantes de nuestro desarrollo –con síntomas y signos subestimados o inadvertidos– ya afectaron el bienestar de otros pueblos, aparentemente mejor estructurados que el nuestro. Un ensayo que leí vinculó la génesis del gran desastre de la construcción y financiamiento de la vivienda norteamericana, con consecuencias en mercados internacionales, a una distorsionada concepción política del “sueño americano”.

Soy positivo hasta en la sangre, y mi optimismo ha sido tan blasón de toda lucha, que no he aprendido a descansar. La realidad impone, sin embargo, una dosis de pesimismo constructivo, a fin de prevenir antes que curar. En esto deben participar, estrecha y coordinadamente, todos los estamentos de la sociedad. No se trata de dependencia total, a veces sumisión vergonzosa. Se trata primero de la obligación de cada individuo con el cumplimiento del deber personal y, luego, con la conjunción de virtudes cívicas. La responsabilidad por el bien común debe ser compartida con tolerancia, armonía, desprendimiento e interés general. Sobre todo, con honestidad que es ética y civismo en el fondo de cada conciencia. Cuando un gobierno practica estos postulados, su recompensa es el respeto y la gratitud ciudadana. Lejos de constituir ilusión o inocuidad, estas palabras son un desafío para la rectificación del deber ciudadano. Los números son más explícitos que las palabras, aunque su contraste, dilema o paradoja confundan o se malinterpreten. A pesar de la dificultad de coordinar diversas fuentes en estas consideraciones, se trata de integrar los escenarios financieros: sistema bancario, cooperativas, Banco de Desarrollo Agropecuario, asociaciones de ahorros y financieras, para enfocar una imagen macro más aproximada.

El total de depósitos internos de ahorros de particulares sobrepasa los $7 mil 259 millones. A base de la media salarial, calculada por instituciones financieras internacionales para el total de ocupados de la población económicamente activa hasta marzo de 2012 (incluidos ajustes de descuentos), el total de compensaciones asciende a más de $8 mil 424 millones anuales, que constituye la base del flujo para amortizar un total de deudas por consumo e hipoteca residencial cercano a los $17 mil millones.

Dentro del total de 1 millón 553 mil ocupados, más de medio millón son informales. Un alto endeudamiento del sector privado que debe preocupar, junto a los casi $17 mil millones de deuda pública, que en menos de dos años iniciaría pagos substanciales programados, para aumentar la necesidad de recursos frescos, si se descuida el déficit fiscal por la creciente inversión no previamente consultada, o si por causas foráneas de “abismos fiscales”, reducción de calificaciones financieras de economías líderes, asomo de desaliento para la inversión del dólar en sus refugios o lugares hasta ahora favoritos, o incursiones de mayor concreción hacia recesiones anunciadas y contenidas en diversos países del mundo.

Mientras las actividades productivas contribuyen al 8% al PIB (agricultura, ganadería, caza, silvicultura, 2.9%; industria 5.2%) el comercio participa con 15%, y los servicios con 24%. En los últimos cinco años, los primeros crecieron menos del 3%, los segundos y terceros se agilizaron al 7% y al 14%. Pero, mirando al porvenir de este crecimiento, no se puede perder de vista que el sector primario ocupa el 17% de los trabajadores, con los más altos índices de pobreza; el secundario, el 18%, y el de servicios el 64%, con cerca de 600 mil que no han completado la educación secundaria. Ya se siente en el creciente costo de la alimentación y en el distorsionado panorama laboral, en la desigualdad y en la insatisfacción comunal expresada en muchas formas, y dentro de la innegable pujanza económica, el deterioro de importantes aspectos del sector rural. El problema agropecuario es de contracción, falta de competitividad e inestable capacidad exportadora. Mientras Costa Rica supera los $8 mil millones, y Nicaragua pasa ya de los $3 mil millones de exportaciones, Panamá no llega a los $800 millones. El crédito que reclama el productor agropecuario, especialmente el pequeño, representa el 3.5% del total del sistema, y 5.4% para la industria, mientras el consumo se lleva casi el 20% y el hipotecario el 27% del total de la cartera del sistema bancario. La falta de política oficial es, según los productores, una de las debilidades. Es, sobre todo, después de tanto exigirla, su responsabilidad: diseñar un plan realista y concreto, y contribuir cada cual con su voluntad y sacrificio, para poder exigir sensatez, honestidad y resultados. Mientras tanto, no hay que gastar todo lo que se recibe. Ni el Gobierno ni la familia ni el individuo. En algún momento, tal vez primero bajo la tutela de mis padres, aprendí que la mejor administración en tiempos de bonanza es al tenor de la austeridad.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

17 Sep 2017

Primer premio

7 8 4 2

ACBC

Serie: 13 Folio: 13

2o premio

1718

3er premio

2529

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código