EDUCACIÓN PERMISIVA

La generacion ´nini´ en Panamá: Dicky Reynolds O´Riley

Pretender, bajo cualquier pretexto, negar que en tiempos de otrora los hijos eran mejores, es una falacia. En una elucubración existencial que quizás compartimos los padres, no los hijos, he llegado a esta infeliz conclusión. Los hijos de antes eran criados de manera silvestre, nuestros progenitores no recurrían ni a libros ni sicólogos, sino a herramientas no convencionales de corrección “para quienes se salieran del tiesto” y para que entraran en razón. Luego se escudaban con aquello de “el que no oye consejo no llega a viejo”. Paradójicamente, hemos fracasado los padres modernos, con el argumento poco valedero de “no quiero que pase por lo que yo pasé” y somos, extremadamente democráticos con ellos. Antecesores nuestros, y de remota recordación, fue la generación hippie, que, también, pasó por Panamá con sus mensajes de “paz y amor”, “legalidad a la hierba” y otros apostolados de la mal llamada rebeldía juvenil, fueron los que sembraron la semilla que ahora ha germinado en la sociedad. He aquí las consecuencias.

La precocidad de nuestros hijos nos dejó rezagados. Antes salíamos a hurtar mangos en una finca ajena, lo que era visto como una travesura; los de ahora salen con su “pistolita” a ensayar, robando blackberrys y profesionalizarse en el delito asaltando un banco. El estudio para ellos representa tarea muy difícil, no está dentro de sus intereses, aunque les pidamos, a las buenas, que se concentren; pero sí están prestos para aprender la “lírica” de las canciones de sus artistas.

Ni hablar de encomendarles oficios domésticos, generalmente ordenar los desmanes de sus dormitorios, lavar los utensilios de comida, porque esos no encuadran dentro de sus funciones, que son hablar por celular o naufragar, perdón, navegar en internet. El miedo a llamarles la atención nos corroe, podemos ser categorizados como delincuentes, si ellos se consideran hostigados; y ser perseguidos, con la consecuente apertura de un sumario, por nuestra conducta. La inversión de los roles que ha creado esta sociedad es la que tiene a padres a merced de los hijos.

Los padres de antes no se amilanaban ni conmovían por el berrinche de un niño antojado de un helado o un juguete. Los de ahora les corremos con el gusto de dejarlos pernoctar en casa de un amigo (a), aún siendo adolescentes; tatuarse o ponerse un piercing para que puedan interactuar socialmente y no sean presas de los traumas que ahora abundan. Hay que darles su espacio, reivindicación que ellos exigen a veces en tono amenazante. Ahora gobiernan nuestras vidas.

A este fenómeno ya estudiado en Europa, se le llama los “nini”, porque “ni trabajan ni estudian”. Otra peste que se avecina a la amalgama de los conflictos de la familia en Panamá. En palabras procaces, una pila de vagos y holgazanes capaces de pervertir el orden público, si no le permiten utilizar las esclusas del Canal para hacer una rumba de piscina.

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