MALA JUGADA DE LA FEPAFUT

La guerra de las cervezas: Giancarlos Candanedo Páez

Nos une un sueño: ver a la selección nacional, por primera vez, en un mundial de fútbol. Sin embargo, parece que la imprudencia, la codicia o irresponsabilidad de algunos pueden convertir ese sueño en una amarga pesadilla.

Durante días he procurado no tomar partido por ninguna de las partes involucradas en un conflicto jurídico administrativo –quizá político, por los tuits que soplan– que, sin lugar a dudas, podemos catalogar como “la guerra de las cervezas”. Lastimosamente los hechos y las palabras van dando luz a la razón y nos hacen ver que aquí huele a “quemao”.

Quizá ahora no lo recordemos, porque la emoción de ver el crecimiento de nuestra selección nos ha podido cegar, pero para quienes con criterio jurídico observamos el acontecer nacional, fue llamativa la noticia divulgada a finales de 2012, sobre la decisión de la Federación Panameña de Fútbol (Fepafut) de cambiar de patrocinador de la noche a la mañana.

A toda acción, sigue una reacción; es ley de vida. Hoy las estamos viviendo, porque lo que pueda acontecer con el fútbol de Panamá compete a todos, principalmente a la dirigencia deportiva que está llamada a desempeñar, con criterios de transparencia y profesionalidad, la labor de acompañar a nuestros deportistas en el sueño de sudar la camiseta de su patria en un escenario mundialista, sea de la disciplina que sea.

Dejando la pasión por la selección, les invito a considerar con mente fría lo siguiente: ¿Qué haría usted si, luego de firmar y abonar una suma cuantiosa para la compra de su primera casa, producto del esfuerzo de años, la promotora le dice que dicho proyecto no se va a construir? ¿No demandaría y reclamaría su dinero? ¿Qué haría usted si, luego de estar trabajando durante meses en un proyecto al que nadie le veía futuro, cuando está por ver la luz del triunfo, se lo quitan de su manos y se lo dan a ese compañero de trabajo recién llegado, que no lo ha estudiando ni trabajado con el empeño que usted puso? Acaso ¿no reclamaría?

Ponerse en los zapatos del otro siempre es un buen ejercicio para comprender y tomar decisiones coherentes. Y, este caso, nos debe llevar a reflexionar sobre la importancia de la virtud de la responsabilidad que como individuos –más aun si representamos a gremios, partidos políticos u organizaciones– debemos practicar. Un contrato contiene los elementos que, luego de estudiados con detenimiento, debemos cumplir.

Lamento decir que la decisión que en su momento tomó la Fepafut de cambiar de patrocinador deja entrever que o no se asesoraron de manera apropiada, antes de rescindir unilateralmente el compromiso asumido con uno de sus patrocinadores o el ofrecimiento económico –quiero pensar que solo en beneficio de nuestros deportistas– fue tan tentador que prefirieron asumir las consecuencias que hoy todos lamentamos.

Quizá para cada uno de nosotros, que soñamos con ver a “La Roja” en el mundial, el momento para ejecutar el secuestro a la Fepafut no fue oportuno. Pero eso no significa que la parte afectada no tenga el derecho –y quizá la razón– para poner en práctica un instrumento jurídico como este. Más allá de responsabilizar a la empresa que, en efecto apoyó a la selección cuando pocos confiaban en ella, debemos cuestionarnos sobre la seriedad con que esta y otras dirigencias deportivas desempeñan sus funciones.

No sería la primera vez que nuestros deportistas se ven afectados por personas que, más que ayudarles, buscan figurar y beneficiarse personalmente a costa del esfuerzo de jóvenes panameños a quienes se les exige practicar el deporte a nivel profesional, cuando no son pagados dignamente ni tienen los recursos para llegar a la cima que se merecen y en la que todos esperamos verles.

Quizá a muchos no les guste el contenido de este artículo. Algunos me tacharán de traidor a nuestra selección y al deporte. No lo creo. Justamente porque valoro el esfuerzo de los deportistas, es que me veo en la obligación de expresar lo que pienso y siento.

No en vano decía santa Catalina de Siena: “¡Basta de silencios! ¡Gritad con cien mil lenguas! porque, por haber callado, ¡el mundo está podrido!”.

Yo no quiero que el deporte de mi país se pudra. Tenemos jóvenes talentos que pueden dar mucho fruto y glorias, si eliminamos del saco a esas cuantas naranjas podridas que ningún favor le hacen a Panamá.

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