DELITO DE PECULADO

Es hora de hacer un alto: Guillermo Márquez Amado

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Tenemos muchas décadas ya de consistente empeoramiento de las condiciones de administración de los fondos y bienes públicos. Hace 50 años, cuando algún funcionario metía la mano o solicitaba algún regalito impropio, corría el riesgo de que se iniciara una investigación en su contra. De esa época apenas recuerdo un caso que constituyó un ejemplo, por allá por la década de 1960.

Después, ya en el gobierno militar, hubo casos excepcionales en que los funcionarios responsables de violaciones a las leyes destinadas a proteger el patrimonio de todos, quienes fueron separados de los cargos y no volvieron a ser parte de la administración pública. Pero no hubo más consecuencias legales; la mayoría continuó laborando tan campante.

Con el advenimiento de la democracia todos pensamos que la justicia por la que tanto habíamos luchado en las calles hallaría su espacio, pero para desencanto de todos, ello no ocurrió. Se juzgó solo a algunos asesinos y algo más, pero aquellos funcionarios corruptos de la última etapa del gobierno militar alegaron que había persecución política, y sus partidos se hicieron eco del socorrido argumento de la persecución.

El Órgano Judicial, cuyos integrantes habían sido nombrados en su mayoría durante la época de la dictadura, estaba invadido de timidez como para actuar contra los políticos de la época de sus nombramientos.

Los magistrados de la Corte Suprema de Justicia bastante trabajo tenían en recomponer el Órgano Judicial, tanto en cuanto a su personal como en sus instalaciones y, además, el presidente Guillermo Endara prefirió una política de tolerancia, condescendencia y olvido, que tampoco ayudó a que hubiera ejemplos disuasivos, sin descartar que no haber actuado de ese modo hubiera podido llevar a excesos revanchistas.

Luego, los sucesivos gobiernos en democracia han ido a mal y a peor. La tolerancia de actos mediante los cuales hubo funcionarios que metieron las manos en el erario público, o en contratos que vieron incrementados sus costos por las coimas que pagaron los contratistas y que le cargaron al Estado, ha sido continua y cada vez hay menos límites.

Si hace mucho tiempo se robaron dineros con sumas de cuatro cifras, ahora han sido de hasta ocho cifras. Si un centavo es un robo inaceptable, 10 millones y más de dólares son $1,000,000,000 más de razones inaceptables. Con el gravísimo efecto de que si no hacemos un alto, mediante investigaciones y juicios de verdad, la República no podrá aspirar más que a ser una oveja siempre flaca y esquilmada.

Para superar esto hay que hacer justicia. Pero ¿de cuánto tiempo atrás para acá? La respuesta está en las leyes, esas mismas que hicieron los diputados en su momento, que no objetaron los magistrados y que sancionó el Presidente.

En este sentido el Código Judicial dice en su artículo 1968-B: “La acción penal prescribe: 4. Al vencimiento del plazo igual al doble del máximo previsto en la ley para los delitos de peculado, enriquecimiento injustificado y delitos patrimoniales contra cualquier entidad pública”.

Téngase presente también que el peculado está sancionado con penas que van de uno a cuatro años, según su modalidad (artículos 334 a 343 del Código Penal) y que el artículo 351 del Código Penal establece una pena de prisión de tres a seis años para quienes incrementen indebidamente su patrimonio durante el ejercicio de su cargo y hasta cinco años después de haber cesado en él.

En cada caso, por supuesto, habrá que aplicar las demás disposiciones de nuestro ordenamiento legal, que prevé motivos para agravar o atenuar las penas y causas justificativas y eximentes de responsabilidad, siempre en consonancia con las demás normas vigentes.

Es hora de hacer un alto y de que reorientemos nuestra conducta política y criterios para el enriquecimiento personal, que solo han probado contribuir al empobrecimiento de los más, al clima propicio a la corrupción, al crimen y a que jamás podamos llegar a un mejoramiento en las condiciones de vida y el desarrollo de nuestro Panamá, en tanto persista esta subcultura.

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