MEDIO AMBIENTE

Las hidroeléctricas sí causan afectaciones: José Alberola

Indudablemente que la construcción de centrales hidroeléctricas han sido de gran beneficio para un sector de la humanidad, sobre todo para quienes viven en los centros urbanos, ya que, por lo general, en los lugares en donde se construyen dichas centrales sus habitantes se siguen alumbrando con “güaricha”.

Pero también hay que señalar que estas construcciones no están exentas de afectaciones, en primer lugar, provocan el desplazamiento de los asentamientos humanos, que desde tiempos inmemoriales ocupan en las áreas a inundar y han cultivado esas tierras, logrando obtener el sustento para sus familias. Todo esto se trastocaría una vez tengan que abandonar estos sitios.

En algunos casos, a estas personas se les obliga a abandonar sus tierras, prometiéndoles una pobre indemnización, que no siempre se les cumple.

En lo tocante al río, objeto de la represa para la construcción de la hidroeléctrica, este sufre cambios profundos e irreversibles en su salud como fuente natural hídrica. Al represar sus aguas se altera su normal flujo trayendo como consecuencia afectación a las especies que allí viven, pues se les coarta la libertad de migrar río arriba o río abajo, amén de la muerte de árboles, arbustos, yerbas y demás plantas que crecen en sus orillas y en el área inundable.

Pero no solo la muerte de las especies vegetales es lo que ocurre con la inundación, pues al quedar estas materias bajo el agua, en un medio anaeróbico, se produce metano y dióxido de carbono que son gases de efecto invernadero sumamente nocivos para el planeta.

Al interrumpir el normal flujo de las aguas con la construcción de la represa, también se interrumpen las crecidas productos de las lluvias. Cuando el río crece lleva en sus aguas sedimentos que al depositarlos en sus riberas contribuyen a fertilizar estas zonas, lo que no ocurriría una vez que se construya la represa, por la obstrucción que se produciría a su cauce.

Entre las ventajas que pregonan los impulsores de las hidroeléctricas está que los embalses favorecen la agricultura, pero esa aseveración la desdice la noticia aparecida en La Prensa del 3 de febrero del presente año, en la que se informa que el sistema de riego Remigio Rojas, localizado en la provincia de Chiriquí, se está quedando sin agua para regar los cultivos, a causa de la construcción de hidroeléctricas aguas arriba del Río Chico, lo que pone en peligro la producción agrícola.

Según otra noticia publicada en La Prensa el 26 de mayo de 2010, en Chiriquí se construyen 17 hidroeléctricas, hay 11 proyectos aprobados y 35 solicitudes en espera de aprobación, lo que hace un total de 63.

Los voceros del Gobierno y de la empresa privada han manifestado que si no se construyen estas centrales, el precio de la electricidad se triplicaría y, además, se comprometería a las futuras generaciones. Sin embargo, debo mencionar que de construirse las hidroeléctricas que se tienen en mente y si estas producen afectaciones a la agricultura, como en el caso mencionado (Remigio Rojas), es posible que el precio de la electricidad no se triplique, en cambio, el precio de la canasta básica se quintuplicaría, porque los alimentos escasearían al no contar el campo con el agua suficiente para las labores agrícolas, dejando de ser Chiriquí el granero de Panamá, como siempre ha sido.

Y no es que las hidroeléctricas son la tabla de salvación en lo que a electricidad se refiere, librándonos de la dependencia del petróleo, pues podríamos caer en la dependencia de los caprichos de la naturaleza cuando esta nos traiga prolongadas sequías, por la deforestación inmisericorde y la contaminación ambiental exagerada que se da en nuestro país.

Sin descartar la explotación de energía hídrica, de forma responsable y en armonía con el ambiente, debemos dirigir la mirada hacia otras fuentes renovables como la eólica y la solar, ya que estas producen muy poco impacto ambiental y, además, son fuentes inagotables, sobre todo, en nuestro Panamá tropical.

Si investigamos un poquito nos daremos cuenta de que hay países desarrollados donde un buen porcentaje de la energía que se consume proviene del viento y del sol.

Como podemos apreciar, el tema no es para tomarlo a la ligera y según la conveniencia de parte interesada, pues tiene argumentos en ambas direcciones, por lo que se impone un análisis concienzudo para que las decisiones que se adopten al respecto sean las mejores y que no nos tengamos que arrepentir cuando ya sea muy tarde.

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