GUÍA Y CUIDADO

´Mi hijo no es bruto´: Robin Rovira Cedeño

El Día del Niño pasó; pero la masacre ocurrida hace poco en Estados Unidos, donde un joven llamado James Holmes mató a 12 personas e hirió a 59 nos hace recordar que el Día del Niño es, realmente, todos los días. Y es todos los días; porque de la misma manera que “Roma no se construyó en un día”, de igual manera, los desórdenes mentales no se generan en un día. Los sicólogos señalan que los primero cinco años de vida de un niño son determinantes. No es que vayan a predestinar la vida de un niño; pero sí la marcan. Por ejemplo, me comentaba un sicólogo que una de las características de los sicóticos durante su niñez es el maltrato a los animales. De esto, podemos colegir que si como padres y madres permanecemos indiferentes cuando nuestro hijo maltrata un animal, es probable que estemos contribuyendo en la “construcción” de un futuro James Holmes.

Se dice que “los hijos son la herencia de los pobres” y yo, como uno de los tantos pobres de esta patria, quisiera decir que si lo único que tenemos son nuestros hijos, entonces, debemos cuidarlos (en el buen sentido de la palabra).

El enemigo de Dios quiere quitarnos lo único que tenemos para que entonces seamos más que pobres: seamos miserables. Tal vez a esto se debe que alguien dijera: “Tenemos que aprender el bello arte de ser pobres sin ser miserables”. Parafraseando podemos decir: “Tenemos que aprender el bello arte de ser pobres sin perder a nuestras generaciones”.

Se cuenta que la madre del pequeño Thomas Edison fue a hablar con la maestra sobre la poca paciencia que esta le mostraba al niño. “Mi hijo no es bruto. Lo que sucede es que usted no sabe enseñarle”, le dijo. Tomó, entonces, a su hijo y decidió educarlo en casa hasta que más grande lo matriculó nuevamente. Ese niño llegó a ser un gran científico. Gracias a él, podemos alumbrarnos actualmente en nuestras casas y ciudades.

En otra ocasión leí en una revista de circulación mundial sobre un niño de lento aprendizaje que después de graduarse tarde de la secundaria se enfrentó al dilema de que alguna de las universidades lo aceptara. Muchas lo rechazaron hasta que una, por fin, lo aceptó ingresando, entonces, a estudiar medicina. Ese joven médico desarrolló un método para problemas inoperables de la columna haciéndose, de este modo, famoso. Como vemos solo hay dos personas que pueden decir si un niño sirve o no: Dios y una madre.

Como padres y madres pobres de nuestra patria no debemos permitir que nuestros hijos se eduquen en la calle. Llevémoslos a casa como la madre de Thomas Edison y asumamos nuestra responsabilidad divina de educarlos. Digo divina porque, desafortunadamente, cuando el hombre quiere resolver un problema inventa una guerra; sin embargo, cuando Dios quiere resolver un problema hace que nazca un niño: un Thomas Edison para que alumbre nuestro mundo.

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